La eventualidad de los textos (Parte 11) – Estudio Bíblico

XI

El “nombre impronunciable” del judío dice tantas cosas: dice Shibboleth, la palabra que es impronunciable —que no puede ser pronunciada— por quien no participa del pacto o alianza; dice el nombre de Dios que no  ser pronunciado; y dice también el nombre del judío que el no judío tiene dificultad para pronunciar y que desprecia o destruye por esa misma razón, que expulsa como extraño y grosero [comme “un nom à coucher dehors”, i. ej., un nombre largo e impronunciable]….

Su impronunciabilidad mantiene y destruye el nombre; lo guarda, como el nombre de Dios, o lo condena a la aniquilación. Y estas dos posibilidades no son simplemente diferentes o contradictorias. El judío, el nombre judío, es un Shibboleth; incluso antes de cualquier uso de Shibboleth, antes de cualquier división [partage] comunal o discriminatoria, ya sea que sea maestro o proscripto, el judío y Shibboleth participan el uno del otro: testigo de lo universal, pero en virtud de la singularidad absoluta, fechada, marcada , inciso en virtud y en nombre del otro. (Derrida, 1986: 337, 338)

La incisión hecha en virtud y en nombre del otro es un acontecimiento que “se hace una sola vez”… “una sola vez”. “Este evento es la circuncisión. Se puede traducir esta palabra como ‘herida de lectura’” (340). La circuncisión es, entre otras cosas, una cuestión de lenguaje. La herida infligida es la lágrima de la palabra. Inscrita en el nombre de uno que permanece innombrable, esta palabra es la palabra del otro y como tal es otra que la palabra simbólica.

¿Se circuncida alguna vez sin circuncidar una palabra, un nombre? ¿Y se circuncida alguna vez un nombre sin hacerle algo al cuerpo? Si la palabra circuncisión aparece rara vez, salvo en relación con la circuncisión de la palabra, por el contrario, el trópico de la circuncisión dispone cortes, cesuras, alianzas cifradas y anillos en todo el texto. La herida es también universal, una marca diferencial en el lenguaje, precisamente ese que data y pone a girar el anillo de la recurrencia.

Decir que “todos los poetas son judíos”, es afirmar algo que marca y anula la marca de una circuncisión. Todos aquellos que tratan o habitan el lenguaje como poetas son judíos, pero en un sentido tropical. A lo que llega el tropo es a ubicar al judío no sólo como poeta sino también en todo hombre circuncidado por la lengua o llevado a circuncidar una lengua. (390)

Estar inscrito en lenguaje es estar circuncidado y ser circuncidado es ser judío. Si S-B-L se lee como shibboleth en lugar de símbolo, todos somos judíos de alguna manera.

La herida de la palabra abre el uno al otro. El acontecimiento de esta apertura se da en un decir que es, en última instancia, escritura. Hemos visto que la hermenéutica filosófica de Ricoeur se dirige hacia la recuperación de un otro que rompería la clausura de todo sistema y de toda estructura. Este “otro” surge en el “decir”.
La irrupción del decir en nuestro hablar es el misterio mismo del lenguaje. Decir es lo que llamo la apertura, o mejor, la apertura, del lenguaje.

He argumentado, sin embargo, que el compromiso permanente de Ricoeur con los principios de la filosofía de la reflexión conduce al fracaso de su proyecto hermenéutico. Como el idealismo y el estructuralismo, la hermenéutica acaba por reducir el otro a lo mismo. Cuando el yo descubre su propia presencia en todo otro aparente, la alteridad es reprimida y el tiempo negado. Si es imposible no descubrirse a sí mismo, entonces toda interpretación es autointerpretación

Dentro del círculo hermenéutico, los textos siguen siendo insuficientemente eventuales. Aunque a veces se retrasan, los mensajes finalmente llegan.

Pero, ¿y si el mensajero se retrasa? ¿Qué pasa si todavía falta la otra mitad del símbolo y es posible que falte siempre? En ausencia del mensajero, los textos mismos nunca llegan sino que permanecen radicalmente eventuales. Esta eventualidad conlleva un decir distinto al de la hermenéutica.

Una forma de decir irreductiblemente eventual aparece en De otro modo que ser o más allá de la esencia de Emmanuel Levinas. El análisis de EL se basa en una distinción entre “decir [le dire]” y “lo dicho [le dit]”. La diferencia entre decir y dicho es paralela a la diferencia entre estructura y acontecimiento, así como entre sincronía y diacronía. En su calidad de dicho, el lenguaje juega el papel que la ontoteología occidental tradicionalmente asigna al Logos.

Heidegger señala que “la palabra Ho Logos nombra aquello que reúne a todos los seres presentes en la presencia y los deja yacer ante nosotros en ella. Ho Logos nombra aquello en lo que se realiza la presenciación de lo presente” (Heidegger, 1975:76). Para EL, la “presencia de lo presente se realiza” a través del proceso lógico de designar. Designar es nominar o nombrar lo que está o se hace presente. Dentro de lo dicho, lo que es “puede concebirse como un sistema de sustantivos que identifican entidades”. Le dit, en otras palabras, es una totalidad estructural sistemática que es la condición de posibilidad de la presentación.

En un sistema, la significación se debe a la definición de los términos unos por otros en la sincronía de una totalidad, donde el todo es la finalidad de los elementos. Se debe al sistema de la lengua a punto de ser hablada. Es en esta situación que se efectúa la sincronía universal.

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