La eventualidad de los textos (Parte 10) – Estudio Bíblico

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Una fecha se marca a sí misma y a veces no es legible sino liberándose de la singularidad que, sin embargo, recuerda. Lleva el olvido a la memoria, pero es el recuerdo del olvido mismo, la verdad del olvido; anula en la anulación del anillo, del mismo modo que un mes recuerda anualmente y anula un año, al redondearse sobre sí mismo, en virtud de lo cual una fecha es siempre un giro, una vicisitud, una volta y una revuelta o revolución. Se reemplaza a sí mismo en sus vicisitudes.

De modo que, conmemorando lo que siempre puede olvidarse en ausencia de un testigo, la fecha queda expuesta en su misma esencia o destino a la aniquilación, amenazada en su misma legibilidad; arriesga la anulación de lo que salva. Puede convertirse siempre en la fecha de nadie y de nada, la esencia sin esencia de la ceniza en la que ya ni siquiera se sabe lo que un día, un tiempo, bajo algún nombre propio, se consumió. Y el mismo nombre comparte este destino de ceniza con la fecha. Esto no sucede por accidente; es incidental a la esencia errática de la fecha el volverse legible y conmemorativa sólo al borrar lo que era hasta la fecha, al convertirse en la fecha de nadie. (329)

Arriesgando la aniquilación de lo que salva, la cita puede convertirse siempre en la cita de nada y de nadie. Ese es el punto… el punto de la fecha… el punto de la fecha que es el signo del acontecimiento que el estructuralismo y la hermenéutica intentan reprimir. La deconstrucción busca recordar lo que el estructuralismo y la hermenéutica intentan olvidar llevando el olvido a la memoria como la memoria del olvido mismo.

Recordar sin recordar es llorar, llorar interminablemente llorando por lo que nunca puede regresar. Nada deja un rastro… un rastro que es casi nada… un rastro que es tan claro (y tan oscuro) como la ceniza.
Nunca podemos saber qué desear, porque, viviendo una sola vida, no podemos compararla con nuestras vidas anteriores ni perfeccionarla en nuestras vidas por venir.

¿Era mejor estar con Teresa o quedarse solo?

No hay forma de probar qué decisión es mejor, porque no hay base para la comparación. Vivimos todo como viene, sin avisar, como un actor que se resfría. ¿Y qué puede valer la vida si el primer ensayo de la vida es la vida misma? Por eso la vida es siempre como un boceto. No, “boceto” no es exactamente la palabra, porque un boceto es un esbozo de algo, la base de una imagen, mientras que el esbozo que es nuestra vida es un esbozo de nada, un esbozo sin imagen.

Einmal ist keinmal, se dice Tomas. Lo que sucede una sola vez, dice el adagio alemán, bien podría no haber sucedido en absoluto. Si solo tenemos una vida para vivir, es mejor que no hayamos vivido en absoluto. (Kundera: 8)
La vida como un boceto… un esbozo… un Grund-riss… un Um-riss… de la nada… un terrible desgarro… horrible desgarro… extraña ligereza… la insoportable levedad… de la inutilidad.

Nada deja un rastro… un rastro que es casi nada… un rastro que es tan claro (y tan oscuro) como la ceniza. El lugar o no lugar donde quedan las cenizas es la cripta. “La fecha es también un sepulcro que da lugar a [donne lieu à] una obra de duelo” (Derrida, 1986: 340).

La cripta permanece, el Shibboleth permanece secreto, y el poema desvela este secreto como un secreto que se retira, más allá del alcance de cualquier agotamiento hermenéutico. El secreto no es hermético, pero permanece, como una fecha, heterogéneo a toda totalización o radicalización hermenéutica. No hay un solo sentido, un solo sentido originario, desde el momento en que hay una fecha y un Shibboleth. (322)

Si la cripta permanece y así todo queda algo críptico, ¿cómo leer? ¿Cómo se lee una oración simple como: “Nada deja huella”? ¿Es esta afirmación positiva o negativa? Si leer, como escribir, es un evento, “no hay forma de probar qué decisión es mejor, porque no hay base para la comparación”.

S-B-L…S-B-L. ¿Símbolo o Shibboleth? Dos testamentos, uno nuevo y otro antiguo, que dan testimonio de dos lecturas de lectura. La traducción simbólica de mensajes presupone la presencia del mensajero. Si el mensajero no llega, se demora o no es reconocido, el símbolo queda roto… desgarrado, desgarrado, fisurado. Como cifra de la cifra, el shibboleth atestigua la ausencia del mensajero que tiene la clave de todos los mensajes. La fecha es la señal de no llegada. Aunque pretendía representar un presente, la fecha marca una ausencia. “Formalmente, al menos, la afirmación del judaísmo tiene la misma estructura que la de la fecha”.

El judío es también el otro, yo y el otro; Soy judío al decir: el judío es el otro que no tiene esencia, que no tiene nada propio o cuya propia esencia es no tenerla. Así, al mismo tiempo, tanto la supuesta universalidad del testimonio judío… como el secreto incomunicable del idioma judaico, la singularidad de su “nombre impronunciable”….

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