La ética de la interpretación o lo que queda tras la eliminación del sentido (Parte 5) – Estudio Bíblico

V

Para los pluralistas, el único criterio para perseguir un interés interpretativo es que sea interesante para un número suficiente de intérpretes para sustentar su práctica. Por supuesto, habrá límites prácticos para esto, pero son simplemente prácticos.

La posición pluralista está encarnada más completamente en esos tipos de interpretación, cinco instituciones cuyos objetivos primarios (o exclusivos) se centran en proporcionar un foro en el que puedan perseguirse tantos intereses como sea posible. Tal institución brindaría las ocasiones y los medios para que intérpretes que de otro modo estarían separados validen su práctica interpretativa en conversaciones con otros intérpretes de ideas afines.

Dentro de tal institución, uno podría y debería involucrarse en una discusión sobre qué tan bien se ajustan sus actividades a sus convicciones pluralistas básicas. Los debates de esta naturaleza se centrarían en preguntas como: ¿Se proporciona el foro lo más abierto posible en la práctica? ¿Los intereses de quién son reconocidos como suficientemente interesantes para ser discutidos? ¿Quién puede contribuir a tales debates? ¿Los debates de quién obtienen una exposición más amplia a través de la publicación? Todos estos interrogantes plantean cuestiones éticas y políticas relacionadas con la apertura del foro brindado y sostenido por una institución cuyo principal compromiso es el pluralismo interpretativo.1

La única pregunta que una institución de este tipo nunca podría responder, salvo por motivos prácticos, es si sus miembros deberían perseguir un interés con preferencia a otro. De hecho, la existencia continuada de una institución comprometida con el pluralismo interpretativo puede depender de que nunca se haga esta pregunta.2

Hacer tal pregunta sería traicionar las convicciones fundamentales del pluralista y quien hiciera esta pregunta tendría que retirarla o retirarse de la institución antes de pedirlo. Considero que la mayoría de las instituciones profesionales a las que pertenecen los eruditos bíblicos (SBL, SOTS, SNTS, CBA, etc.) son ejemplos de organismos con el compromiso con el pluralismo que acabo de describir.3

Además de los pluralistas, puede haber quienes, estando dispuestos a aceptar que no hay diferencia epistemológica entre intereses interpretativos, deseen argumentar que existen razones de índole ética o política para adoptar uno (o varios) intereses interpretativos al mismo tiempo. expensas de otros. En realidad, hay dos formas separadas de argumentar este punto y las esbozaré brevemente a su vez.1

Llamaré a la primera posición, a falta de un nombre mejor, el punto de vista de la responsabilidad social. Esta posición parte del punto de vista de que ninguna actividad interpretativa tiene lugar en el vacío. Pocos, por supuesto, discutirían esto. La posición de responsabilidad social, sin embargo, va más allá. Afirma que los intérpretes no solo desempeñan un papel en instituciones interpretativas a menudo oscuras, sino que los intérpretes (o las instituciones que sustentan sus prácticas), como intérpretes, desempeñan un papel relevante en la sociedad en general.

Dentro de este rol, los intérpretes tienen ciertas responsabilidades para con la sociedad.2 Dadas estas responsabilidades, no es difícil imaginar que la búsqueda de ciertos intereses interpretativos podría verse como ética o políticamente mala porque de alguna manera inhibiría al intérprete de cumplir con su misión. sus responsabilidades sociales. Por lo tanto, no deben perseguirse.

A diferencia del único criterio del pluralista para perseguir un interés, que es interesante, se invocan criterios como la justicia social y el bienestar como aquellos que deberían guiar la elección de los intereses interpretativos de un intérprete o de una institución. Dentro de una institución que apoya la interpretación bíblica, siempre se planteará la pregunta de cómo cualquier interés interpretativo particular ayudará a la sociedad a buscar justicia y bienestar. La institución tendría entonces que ordenar su práctica en consecuencia.

Recientemente, Elisabeth Schüssler Fiorenza ha presentado una forma de esta visión de la responsabilidad social en su discurso presidencial de 1987 de la Sociedad de Literatura Bíblica, ‘La ética de la interpretación: descentramiento de la erudición bíblica’.1 Schüssler Fiorenza comienza señalando que la interpretación bíblica ha comenzado a depender de la retórica. como parte central de sus prácticas críticas. La visión de la retórica de Schüssler Fiorenza

rechaza la mala interpretación de la retórica como ornamento estilístico, habilidad técnica o manipulación lingüística, y sostiene no solo que “la retórica es epistémica sino también que la epistemología y la ontología son en sí mismas retóricas”.2

Habiendo notado el surgimiento de la retórica, Schüssler Fiorenza continúa señalando que
Dado que la ubicación sociohistórica de la retórica es el público de la polis, el cambio de paradigma retórico situó la erudición bíblica de tal manera que su carácter público y su responsabilidad política se convirtieron en parte integral de nuestras lecturas literarias y reconstrucciones históricas del mundo bíblico.3

Presumiblemente, el punto de Schüssler Fiorenza no es que es solo la adopción de la retórica lo que establece la responsabilidad social de los estudios bíblicos. La responsabilidad social de los estudiosos de la Biblia debe depender de su papel ya establecido en la sociedad.

Publicada el
Categorizado como Estudios