La doctrina de la elección en la perspectiva histórica (Parte 7) – Estudio Bíblico

VII

El hombre se menciona a sí mismo en su oración, pero solo como objeto de la misericordia de Dios. La parte del hombre es su reconocimiento de la unilateralidad de la gracia, su soberanía y ausencia de deuda.
Con el sinergismo la situación es diferente, porque aquí uno no puede, incluso si uno para escapar de la contradicción entre la verdadera oración y la autoestima.

Se ha planteado que hay una cooperación en la gracia que, aunque es factor de salvación, no suscita una autoestima desmesurada. Esta es la misma distinción que se encuentra en la doctrina del mérito de las buenas obras, es decir, entre el mérito y el logro por el propio poder.57

Pero si nos tomamos en serio el sinergismo, entonces nunca se ha explicado dónde radica la diferencia. Tampoco está claro por qué la decisión del hombre puede y no debe ser honrada, incluso en su autoestima, una vez que se ha aceptado la sinergia.

Es precisamente en este punto donde el sinergismo despliega su carácter irreligioso. Porque indica más o menos enfáticamente la función del hombre como constituyente de la salvación sin darse cuenta plenamente de que la esencia de la verdadera fe es precisamente que la fe no conoce tal función, sino que conoce sólo la gracia soberana de Dios.

Por eso el sinergismo debe tener sus efectos sobre la confesión de la doctrina de la elección. Será siempre una elección basada en el conocimiento previo, es decir, la praevisa fides, y por lo tanto una elección condicional, por lo que la “alta tensión” de la elección soberana de Dios se reduce al nivel de la decisión humana.

Nos sorprende más la frecuente aparición del motivo sinérgico en la historia de la Iglesia cuando recordamos que el sinergismo siempre implica el problema que acabamos de discutir. Sin embargo, no se encuentra en ninguna parte de las Escrituras. Porque si algo está claro en la Escritura es que en ninguna parte presenta la idea de una relación complementaria humano-divina. La Escritura habla del llamado a la fe, la conversión y la santificación, pero nunca habla de los factores componentes, que funcionan uno al lado del otro, como debe ser y funciona el sinergismo.

La crítica católica romana de la Reforma a menudo dice que la Reforma enseña un monergismo de la gracia, una actividad exclusiva de parte de Dios contra la cual todo esfuerzo humano se convierte en mera nada, una superioridad divina en la que las decisiones humanas ya no tienen ninguna consecuencia. Pero esta caracterización es injusta e incorrecta.

La posición reformada es diferente, opuesta a una cooperación que se manifiesta en la idea de que los actos de Dios y los del hombre son complementarios. Es precisamente esa relación complementaria la que pervierte la correlación entre fe y gracia.

Es comprensible que las polémicas se concentraran a menudo en torno a la admonición de Pablo: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es quien en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:12, 13). Pablo habla aquí tanto de la actividad divina como de la humana, y es claro que no es suficiente llamar a esto una paradoja, porque el acto del hombre está conectado con el acto divino con la palabra para.

También es claro que esa palabra excluye la idea de una relación complementaria y de cooperación. Con respecto a esta y otras referencias bíblicas, Calvino argumentó en contra de “los defensores del libre albedrío” que toman esas palabras “como si [ellos] dieran a entender que somos guardados en parte por el poder de Dios, en parte por el nuestro, mientras que el mismo guardar de la que habla el Apóstol es ella misma del cielo» (Inst. II, v. 11).

Hulsbosch piensa que Calvin cometió un error aquí. Él también, con la Iglesia Católica Romana, enfatiza la palabra para y agrega que “definitivamente declinamos el concepto de salvación como viniendo en parte del hombre y en parte de Dios y reconocemos con Calvino que nuestra preservación viene del cielo.”59 Se podría esperar que esto implique un rechazo radical al sinergismo.

Pero otra mirada muestra que es todo lo contrario, pues Hulsbosch busca la solución a la crítica contra la actividad parcial del hombre en el concepto del libre albedrío. “Hay una libertad que el hombre pierde en el pecado, la libertad de dirigirse por su propio poder a Dios, porque todo él está inclinado al mal; junto a eso está el libre albedrío antropológico que es propio del hombre y que no se le puede quitar.60 Según Hulsbosch, es este libre albedrío como un elemento humano, un dato antropológico, que “se explica en gracia” y que la Reforma ni siquiera considera.61

El interés católico romano en la actividad del hombre trae repetidamente el sinergismo al primer plano. Toma el lugar de la participación reformada de la salvación con la fe. En este involucramiento, la fe es realmente actividad humana, pero es completamente imposible hablar de esto como coordinación, como un arreglo de esto y aquello, cualquiera que sea la forma en que se presente.

La teología reformada ha estado en lo correcto al citar Filipenses 2 en respuesta a esta interpretación parcialmente por Dios y parcialmente por el hombre. Esta eudokia en la Escritura debe entenderse siempre como un don absoluto, como un don de Dios “libre e independiente de toda influencia humana”.62
Sin duda, hay una conexión entre el acto divino y el humano.

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