La doctrina de la elección en la perspectiva histórica (Parte 5) – Estudio Bíblico

V

Es imposible pensar aquí en una elección basada en la presciencia. La elección (predestinación) no es un conocimiento previo de la salvación de los elegidos “sino que por la voluntad de Dios y la complacencia en Jesucristo es también causa de nuestra salvación, y crea, obra, ayuda y promueve todo lo que le pertenece sobre el cual nuestra salvación, por lo tanto, está fundada.”35

Esta elección no encuentra su fundamento en absoluto en nuestra piedad o virtud,36 y es imposible hablar de presciencia como fundamento de la elección.

No surge un problema hasta que la decisión de no creer se vuelve real. Porque si hay incredulidad, no es por voluntad de Dios, sino por culpa nuestra. “Porque toda preparación para la condenación proviene del diablo y de los hombres, del pecado y de ningún modo de Dios, que no quiere que nadie sea condenado: ¿cómo, pues, prepararía a un hombre para la condenación?”37

Por eso aquí entra la idea de la presciencia, por la cual Dios “ve y conoce de antemano el mal también, pero no como si fuera su voluntad de gracia que sucediera”. 38 En esta presciencia Dios también limita el mal. La situación es diferente aquí de la que relaciona la elección con la fe. Con referencia a la decisión de elegir la incredulidad, la Fórmula de la Concordia cita Oseas 13:9: “Es tu destrucción, oh Israel, que estás contra mí, contra tu ayuda.39

El objeto de la Fórmula de la Concordia es claro. Quiere rechazar el paralelismo entre elección-rechazo y fe-incredulidad. La Confesión Luterana quiere hablar pastoralmente de este rechazo, y subrayar el consuelo de la elección. Nos acordamos aquí de Bullinger, quien también rechazó por completo la idea de la presciencia con referencia a la elección, pero la empleó con referencia al mal. Tanto Bullinger como la Fórmula de la Concordia quieren mostrar que la elección está anclada en Cristo y es independiente de cualquier mérito por parte del hombre.

Pero la decisión de incredulidad evocó otras preguntas. La Fórmula de la Concordia dice de la resistencia del hombre que el hombre “obstaculiza al Espíritu Santo para que el Espíritu no pueda obrar en él”,40 y por tanto no podemos dejar de hablar de presciencia en lugar de predestinación. Esto nos confronta con el problema profundo de esta Confesión Luterana.

En este sentido, y no equivocadamente, Schlink se preguntaba: “¿No encuentra siempre el Espíritu Santo la resistencia del hombre?. … ¿No debe el hombre esclavizado resistir al Espíritu Santo hasta que sea vencido y en el último día sea completamente renovado?” Y, lo más importante, “¿Es tal vez este rechazo de una doble predestinación en la distinción entre elección por gracia y presciencia, a pesar de todas las vacilaciones y respetos respecto al misterio de la elección divina, el comienzo de una solución racional a sus problemas como después salió a la luz en la ortodoxia luterana?”41

Es interesante que en la ortodoxia luterana posterior la idea de presciencia recuperó un significado más general, especialmente nuevamente en relación con la doctrina de la elección, aunque permaneció limitada a su relación con la incredulidad y la culpa en la Fórmula de la Concordia. Parece que dondequiera que la idea de la presciencia ha ganado aceptación como solución, ha crecido en poder y finalmente ha traspasado los límites a los que estaba confinada al principio.

Cabría preguntarse si tal peligro tal vez ya estaba implícito en la Fórmula de la Concordia. Pues cuando se dice que Dios con respecto a los elegidos “clementer praescivit, ad salutem elegit et decrevit…”,42 entonces no se puede decir que el precedente “praescivit” pretenda ser una explicación decisiva del “elegit et decrevit ” que sigue. 43 Sin embargo, no era seguro a priori que esto se entendiera completamente y que se entendería en el futuro en analogía con Romanos 8:29.

Era al menos posible que más tarde se descompusiera en la distinción entre “saber” y “elección” y terminar así en la voluntas universalis antecedens (sobre todos los hombres), a la que luego siguió, por presciencia, la voluntas consecuencias en relación con la fe que había sido prevista por Dios.44

De todos modos, vemos en el desarrollo de la ortodoxia luterana que el imperialismo de la presciencia juega su papel. Schmid piensa que este punto de vista luterano significa (en relación con la elección y la fe) que, según el concepto de la voluntas universalis, la salvación está destinada a todos, pero que la decisión de la salvación concierne solo a una parte de la humanidad.45

La base para esto es encuentra en la voluntas specialis por la cual sólo reciben la salvación quienes la aceptan. Dios sabe de antemano, desde la eternidad, “quiénes serán estos, y esta previsión es entonces la base sobre la cual el consejo de Dios, que abarca solo a un cierto número de personas, es un consejo eterno”. 46

No debe sorprendernos que la ortodoxia luterana intente mostrar que la sola gratia no está en peligro por la decisión del hombre y que la fe no se convierte en algo de mérito. Esto se hace por medio de un concepto de correlación que se supone resuelve la dificultad.

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