La doble búsqueda: una respuesta a Luis Alonso Schökel (Parte 2) – Estudio Bíblico

II

2.2 La búsqueda de Job de la verdadera identidad de Dios expone la libertad divina como nunca antes. El propósito del libro, en mi opinión, gira en torno a la libertad de Dios. Indirectamente plantea una prueba para los sabios que dieron origen a la obra; ¿Considera su visión del mundo lagunas en el principio de retribución? Por eso no puedo aceptar la propuesta de Alonso Schökel interpretación del pleito como una fuerza a la que Dios estaba sujeto. Ni el desafío legal ni, en realidad, la maldición ritual (contra Robertson y Good) poseían poder sobre Dios. El punto fundamental del libro no deja lugar a la necesidad divina. El lenguaje de Alonso Schökel se hace eco del de los amigos de Job: Dios debe hablar, Dios debe intervenir.

Desde mi punto de vista, Dios no puede ser forzado a actuar, ya sea por una maldición o por un pleito. Además, Dios no necesita palabras. En cambio, este espía divino realiza su propio drama de silencio. Cuando se aventura en el escenario principal, su actuación constituye una irrelevancia sublime. Uno recuerda las profundas observaciones registradas en Prov 26:4-5.

El dilema de Job, ¿o era de Dios?, no le dio alternativa. Responder a un tonto evitó la arrogancia por parte de este último, pero aumentó el número de tontos en uno. La exhibición grandilocuente de Dios no satisface a nadie. Alonso Schökel escribe que la seguridad de la retribución no proporcionaría consuelo a Job después de su experiencia. Cierto, pero incluso ese pequeño consuelo supera la noticia de que Dios actúa caprichosamente, acercándose a lo demoníaco. Tal Dios, como la deidad de J.B., apenas merece un momento de reflexión.

2.3 Job no es la única persona izada en su propio petardo. El público, tanto antiguo como moderno, es víctima de la vista atacada. La razón se sienta en el trono y el dogma permanece en las sombras. Los espectadores antiguos, al menos, se enfurecieron ante el lenguaje extremo y el comportamiento blasfemo de Job. Para ellos, la conducta de Job mereció reprensión. Aplaudimos las palabras de Job, porque como él juzgamos a Dios. La libertad divina cae ante nuestro concepto de igualdad. El propósito de la obra falla de esta manera, no en la negativa del público a subir al escenario.

2.4 El doble drama realiza el desenmascaramiento de Dios. Uno se pregunta si la búsqueda valió la pena. Job descubre la terrible verdad acerca de Dios: que actúa con total desprecio por el bienestar humano. Si limitamos nuestra atención a Job, olvidando a los otros inocentes sacrificados para probar un punto, no podemos quedarnos satisfechos con el diálogo reconstituido.

¿Cómo puede calificarse como diálogo el hablar entre sí? En esencia, el silencio divino da paso al silencio humano: Job se calla. Enfrentado a Uno cuya única preocupación es humillar a los orgullosos, Job accede. En la presencia de Dios él no cuenta para nada.

Job aprendió bien su lección. De ahora en adelante no invadirá el territorio de Dios. A partir de este momento, Job nunca más dudará de la libertad de Dios para actuar como quiera. ¿Qué hay de Dios? ¿Aprende algo de la doble búsqueda? No podemos estar seguros de que Dios se benefició en absoluto, salvo a los ojos de Satanás. En nuestros momentos más débiles pensamos, como Job, que Dios se arrepintió de su experimento. Aún así, no tenemos evidencia de que los ojos de Dios alguna vez se humedezcan con las lágrimas derramadas por su siervo Job.

Aquí también las criaturas descubrimos el abismo entre nosotros y Dios. Leemos acerca de Job y nos vemos en el héroe o en el villano. Carecemos del poder para permanecer al margen de la profundidad del drama. En este sentido, Jung tropezó con una intuición válida: quien lee a Job lo hace con pasión. Tanto Alonso Schökel como yo confesamos nuestra incapacidad para permanecer neutrales cuando nos enfrentamos al libro que debe haber sacudido los cimientos mismos del conocimiento en el antiguo Israel.*

Publicada el
Categorizado como Estudios