La crítica de Nietzsche a la modernidad: el surgimiento de la conciencia hermenéutica (Parte 9) – Estudio Bíblico

IX

[Una] historia que carece de la dirección de un impulso interior de construir, no hace más que destruir, a la larga desnaturaliza sus instrumentos…(«UDH» 7).

La necesidad de transformar la historia en arte es la firma filosófica de Nietzsche. En este nuevo marco hermenéutico, un marco que refleja el compromiso del individuo con la vida, un marco reconocible en el posmodernismo, el estudio de la historia se convierte en una empresa creativa. La importancia que Nietzsche atribuye al arte está en el centro de su crítica de la conciencia histórica y de todo el proyecto de la Ilustración. Sostiene que la perspectiva y la orientación de la Ilustración son demasiado estrechas para permitir la posibilidad de crear una visión alternativa e insiste en que, para que la conciencia histórica sea auténticamente histórica, debe basarse en el presente.

La exigencia de que la historia se interprete desde un compromiso firme e inquebrantable con el presente mimetiza el arraigo del artista en el presente. Vivir el presente, rechazando el sentimentalismo y la nostalgia, así como la inquietud de la espera incumplida, es mirar como Jano hacia el pasado y hacia el futuro («UDH» 6).
Aunque la sacramentalización del arte de Nietzsche es bien conocida, en «Sobre los usos y desventajas de la historia para la vida» presenta una imagen algo ambivalente, aunque inusualmente positiva, de la religión.

Aflige al arte y la religión con menos excesos retóricos y se centra en su relación con la historia. Con respecto a la religión, Nietzsche afirma que es tan culpable de estrechez de miras como lo es la historia misma que pretende ser objetiva («UDH» 6). Sin embargo, también insiste en que la supervivencia de la religión es tan importante como la supervivencia del arte y el genio («UDH» 7).

La religión es uno de los elementos necesarios en el paso de la falsa conciencia histórica a la conciencia hermenéutica («UDH» 10). Cuando Nietzsche interpreta la religión como un modo de ser, más que como un sistema de creencias, la encuentra en consonancia con la voluntad creativa del arte y el genio.
El arte y la religión, pues, son modos de la actividad humana; representan en la manifestación externa una disposición creativa interna.

Esta disposición interna del artista surge de lo que Nietzsche describe como estar enamorado, como estar incondicionalmente comprometido en la fe con la rectitud y la perfección («UDH» 7). Nietzsche argumenta que la falsa objetividad de la Ilustración debe ser contrarrestada por una objetividad genuina que él describe como “el ojo exteriormente tranquilo, pero interiormente centelleante del artista” («UDH» 6).

El pensamiento filosófico auténtico no es analítico sino interpretativo y creativo (1966a: 210, 211). La “frialdad y desapego incisivos” (UDH 6) con que la Ilustración rechaza lo descriptivo, lo metafórico y lo poético como irracional (White 1972:318), conduce al desencantamiento del mundo (Horkheimer y Adorno: 3; Gay: 89 y ss.). Este desencanto implica una desvinculación de la razón del mito y se caracteriza por la ausencia de amor. Las mediaciones míticas que permitieron la integración de diversos elementos de la experiencia humana fueron descuidadas por la Ilustración, como lo fue el elemento de “relato” en su enfoque científico de la historia.

El mito, como el arte, vive en el presente, tiene sus raíces en el pasado y se proyecta hacia el futuro. Para Nietzsche, “los mitos significan la naturaleza auto-repetitiva, que es el núcleo de lo simbólico: un estado de ser o proceso que se presenta como eterno, porque incesantemente vuelve a ser actual al ser realizado en forma simbólica” (Horkheimer y Adorno: 17).

La importancia del entrelazamiento de la historia, el mito, la religión y el arte en el pensamiento de Nietzsche es que su interconexión no radica en la similitud de su contenido sino en su proceso interpretativo común.

Nietzsche trata de recuperar el elemento del mito y la historia descuidado por la conciencia histórica. En lugar de acomodarse a la pretensión de verdad de los hechos a la manera de la Ilustración («UDH» 8), Nietzsche insiste en que uno debe volver a pensar en la historia, en las vidas de aquellos cuya creatividad, como sugiere Goethe, vigoriza el presente. y el futuro Como el oráculo de Delfos, el futuro habla a través del pasado, a través de las hazañas de sus héroes («UDH» 6).

Con la vuelta a lo mítico, al arte ya la religión, Nietzsche concluye su valoración de la historia. Haciéndose eco de la glorificación de la cultura griega en El nacimiento de la tragedia, abierta al poder de lo simbólico, ofrece una parábola sobre la responsabilidad del individuo para organizar el caos dentro de él pensando en sus necesidades reales.

Su honradez y la veracidad de su carácter, debe en un momento u otro rebelarse contra el estado de cosas en que sólo repite lo que ha oído, aprende lo que ya sabe, imita lo que existe; puede aprender entonces que la cultura puede ser algo más que una decoración de la vida…

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