La crítica de Nietzsche a la modernidad: el surgimiento de la conciencia hermenéutica (Parte 1)

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Resumen

Este artículo rastrea las raíces de las estrategias interpretativas posmodernas hasta la distinción que hace Nietzsche entre conciencia histórica y hermenéutica en su crítica de la modernidad en “Sobre los usos y desventajas de la historia para la vida”. Comienza con un análisis de la descripción de Nietzsche de tres formas de conciencia histórica: monumental, anticuaria y crítica. La afirmación de Nietzsche de que no hay verdades, solo interpretaciones, centra el argumento de este análisis en la importancia de la ambigüedad y la voluntad creativa para su visión de la historia.

La historia como relato, como narración con una multiplicidad de presuposiciones, suposiciones y significados creados, se libera de la carga de los sistemas de verdad codificados. La refiguración de la historia de Nietzsche crea la condición necesaria para el surgimiento de una filosofía comprometida en un proceso de interpretación más que en la búsqueda de una verdad unitaria. La redirección de la conciencia histórica a la hermenéutica es el legado nietzscheano recuperado por la crítica y la deconstrucción bíblicas posmodernas.

Como lo demuestran los ensayos de este volumen, entre los temas comunes a la hermenéutica posmoderna en la práctica actual de los exegetas bíblicos y críticos literarios se encuentra la crítica implícita de la modernidad. Esta crítica refleja la relación edípica no resuelta entre el posmodernismo y la modernidad. La inquietud que proyecta el posmodernismo está frecuentemente informada por la lucha por identificar e integrar su arraigo en la modernidad.

Los críticos posmodernos, en efecto, están atrapados entre dos deseos aparentemente irreconciliables: el deseo de superar la tarea interpretativa estrechamente definida de la modernidad que supone que una metodología adecuada puede conducir a la interpretación correcta del texto; y al mismo tiempo, el deseo de privilegiar una estrategia alternativa, una que separe radicalmente el método de la verdad y refleje las ambigüedades incrustadas en la experiencia.

Las intenciones contradictorias de la hermenéutica posmoderna son, irónicamente, un acontecimiento feliz. Ilustran lo que Nietzsche afirma como condición necesaria para la refiguración y apropiación de la historia. En el caso de la hermenéutica posmoderna, el rechazo de la clausura invita al compromiso consecuente en el continuo de proyectos interpretativos que se renuevan a sí mismos.

Aunque la dinámica general de la hermenéutica posmoderna apunta hacia una crítica de la modernidad, así como hacia una evaluación de su propia estrategia interpretativa, la cuestión de la historia y de ubicar tanto la crítica histórica como las estrategias interpretativas actuales dentro de la historia permanece abierta.

Podría decirse que la problemática de la historia está imbuida de su propio tipo de urgencia, una urgencia que subyace en la crítica de la modernidad de Nietzsche y es reconocible en varios de los ensayos presentes, como los de Phillips, Burnett, Adam, Kee, Jobling, entre otros. Burnett, por ejemplo, ubica esta urgencia en la tensión que encuentra cuando intenta recuperar el hilo intacto, aunque gastado, que conecta las estrategias interpretativas posmodernas con sus raíces histórico-críticas.

Las preguntas que plantea se reflejan en la ambigüedad implícita en el título de su ensayo: «Exégesis bíblica posmoderna: la víspera de la crítica histórica». Uno se sorprende de inmediato por las múltiples interpretaciones que invita el título. ¿Está la crítica histórica en los últimos estertores de su reinado, o está en el umbral de su renacimiento como crítica posmoderna; ¿O tal vez Burnett está sugiriendo que una culpabilidad primordial y originaria acompaña a la crítica histórica que el posmodernismo debe redimir? Burnett privilegia el análisis discursivo que se basa en su afirmación de que dicho análisis es tanto histórico como lingüístico, por lo que argumenta que la crítica histórica puede adaptarse a las perspectivas críticas posmodernas y seguir siendo histórica. Desde una perspectiva diferente, en su crítica literaria “a tientas posmoderna”, Kee recurre a la tipología para proporcionar un vínculo entre la modernidad y el posmodernismo.

Phillips y Jobling también se preocupan por la reconfiguración del historicismo. Al igual que Burnett y Adam, luchan por evitar la Escila de lo que Adam, en su evaluación de la estrategia interpretativa de Fish, denomina “interpretación correcta” y el Caribdis del relativismo desenfrenado.

Relacionando historia y lenguaje, una noción central en el análisis de la modernidad de Nietzsche, Jobling reflexiona sobre la interacción de la deconstrucción, la teología de la liberación, el feminismo y la hermenéutica bíblica.

Cuestiona la posibilidad de crear un modelo interpretativo que fuerce la fascinación teórica por la creación de significado hacia una pasión por un discurso políticamente comprometido. Ve en críticos marxistas como Eagleton y Jameson el llamado a una praxis interpretativa que evita la cosificación del lenguaje y la historia volviéndose hacia lo que Nietzsche describe como nihilismo positivo, o lo que Jobling describe en Derrida como un deseo utópico de otra realidad o, quizás más apropiadamente, otras realidades.