La comedia de Job (Parte 1) – Estudio Bíblico

I

Resumen

El Libro de Job sigue suscitando interpretaciones radicalmente diversas. En particular, el problema del género dominante del libro siempre ha desafiado y frustrado a los intérpretes. Mi propia tesis es que cuando el poema de Job se sitúa en su contexto literario completo y final, repleto de Prólogo y Epílogo, así como de los discursos de Eliú, la designación genérica más acertada del libro es comedia.

Al proponer una interpretación cómica, deseo evitar una ecuación demasiado simplificada entre comedia y risa y más bien quiero centrarme en esa visión de la comedia que tiene al menos dos ingredientes centrales: (1) su percepción de incongruencia e ironía; y (2) su trama básica que conduce en última instancia a la felicidad del héroe y su restauración a una sociedad armoniosa. Cuando se ve desde esta perspectiva, Job emerge como “el gran reservorio de comedia” (Christopher Fry).

Así, encontramos elementos cómicos como la caricatura y la parodia en las representaciones de los amigos de Job, el joven Eliú, Dios e incluso el mismo Job. Además, el “final feliz” de Job —que durante mucho tiempo ha sido un problema para los intérpretes— altera el movimiento trágico del libro y ayuda a confirmar su lado cómico. A mi juicio, la categoría de comedia es lo suficientemente amplia y comprensiva para abarcar la riqueza de géneros y tradiciones dispares que se han señalado durante mucho tiempo en el libro de Job.

0. El libro de Job, como todas las obras maestras literarias, tiene el poder de suscitar interpretaciones radicalmente diversas; su ambigüedad continúa desafiando y frustrando a los intérpretes en su continua búsqueda de soluciones a sus enigmas. Así que es presuntuoso decir que cualquier llave abre todas sus puertas, y seguramente se exige desconfianza.

0.1 Ninguna parte de la interpretación de Job está más nublada por la incertidumbre que la identificación del género. Los paralelos ofrecidos no encajan del todo, y la mayoría de los eruditos concluyen que Job no pertenece a ninguna categoría literaria: ¡simplemente lo es! Sin duda, no hay escasez de sugerencias: Job ha sido llamado de diversas formas una «disputa de sabiduría», un «lamento respondido», una «rı̂b» o «prueba», una «teodicea», una «epopeya», una «prueba». ”, etc.1

No es necesario para mi propósito repetir los diversos argumentos a favor o en contra de estas alternativas, ni enumerar otras posibilidades que se han ofrecido. Baste decir que muchas de estas propuestas son fruto de un ejercicio de un tipo de crítica literaria —legítimo en sí mismo— que reconstruye diferentes etapas en el desarrollo del libro y aplica una etiqueta genérica a cada etapa, especialmente la del presunto autógrafo del autor. Trabajo original.

Estoy totalmente de acuerdo con los sabios comentarios de Good sobre las trampas que le esperan al crítico literario que busca encontrar el autógrafo y luego intenta interpretarlo como el auténtico Job (1973). Que el libro de Job experimentó varias etapas de crecimiento es sin duda cierto, pero ese hecho no exime al intérprete de la responsabilidad de enfrentarse con la forma final del libro. Una de las fortalezas del reciente análisis estructural de Job de Polzin es que se toma en serio la necesidad y la importancia de interpretar la forma actual de Job. Asimismo, será mi punto de partida tomar el libro tal como está ahora e intentar interpretar la totalidad de sus partes.

0.2 Con estos comentarios preliminares en mente, ahora vuelvo al problema del género general del libro de Job. Como se mencionó, una de las posiciones de larga data es que Job es una tragedia. Al menos desde Teodoro de Mopsuestia, los eruditos han observado afinidades de Job con el drama griego. La visión “trágica” de Job recibió su declaración más extrema en el libro de H. Kallen en el que aboga por una dependencia explícita del poeta de Joban de los trágicos griegos —Eurípides en particular— y luego procede a reorganizar y reescribir Job a la tragedia de Eurípides.

Las deficiencias del enfoque de Kallen han sido ampliamente demostradas, pero persiste la visión de Job como una tragedia. Su paladín más reciente es S. Terrien, un crítico muy distinguido de Job. Su tesis es que Job es una “tragedia festiva” en la que el poeta articula dos patrones míticos entrelazados y controladores: primero, el tema de la expiación real que se centra en el sufrimiento vicario del rey; en segundo lugar, el ritmo de las estaciones con acento en la renovación de la tierra a través de las lluvias vivificantes del otoño (Terrien: 507).

A principios del exilio (c. 575 a. E.C.), un poeta israelita experimentó con formas de culto y forjó su obra maestra “como un drama paraculto para la celebración del Festival de Año Nuevo…” (509). El poeta joban utilizó diversos géneros, por ejemplo, lamento, himno, discusión judicial, disputa de sabiduría, visión profética, onomasticon, teofanía, para crear un nuevo género, «la tragedia festiva».

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