La caracterización literaria de las madres y la política sexual en la Biblia hebrea (Parte 6) – Estudio Bíblico

VI

Cuando Eliseo le informa que “en esta época, cuando llegue el momento, abrazarás un hijo” (v 16), ella se muestra incrédula: “no, ¡Señor, oh hombre de Dios; no mientas a tu sierva” (v 16). Al introducir las cualidades de la mujer antes de la anunciación real, la narración establece una relación de causa y efecto entre los episodios. Esta escena tipo es la primera en presentar la intervención de YHWH como recompensa por la conducta recta de la mujer. Ana concibe, gracias a su ardiente oración a YHWH; la Sunamita concibe, gracias a su desinterés, benevolencia, humildad y lealtad al emisario de YHWH.

La primera escena tipo establece un vínculo causal entre la rectitud del esposo y la concepción milagrosa de la esposa. El texto aclara que Sara, posmenopáusica y estéril, no concibe por su propia conducta sino gracias al interés de YHWH en Abraham. La hospitalidad, la generosidad y la humildad inicialmente atribuidas al padre potencial ahora se atribuyen a la madre potencial.

Por otro lado, la reticencia, pasividad e indiferencia que muestra la madre potencial hacia los mensajeros divinos en la primera escena-tipo se transponen al padre potencial en la última. Significativamente, el texto no enfatiza que la Sunamita dio a luz un hijo “para” o incluso de su esposo; omitiendo al esposo de la fase final de la escena, dice: “Pero la mujer concibió y dio a luz un hijo en ese tiempo la primavera siguiente, como le dijo Eliseo” (v 17).

La pasividad del esposo de la sunamita se dramatiza aún más en su reacción ante la enfermedad de su hijo y su posterior muerte. Cuando el niño se queja de un fuerte dolor de cabeza, su padre le ordena a un sirviente que “lo lleve a su madre” (v 19). Cuando la sunamita se apresura a ver a Eliseo, su esposo, sin darse cuenta del desastre, argumenta: “¿Por qué irás a él hoy? No es luna nueva ni sábado” (v 23).

Las protestas del esposo exponen su comprensión limitada de los hechos. Su crítica a su esposa resulta contraproducente. Las preguntas sin respuesta del marido funcionan aquí como ironía de la autotraición. Como en el caso de Elkanah, estas preguntas son obstrucciones potenciales en lugar de factores aceleradores en la progresión de la trama hacia el feliz desenlace.

Mientras que Ana deja las preguntas de Elcana sin respuesta, la sunamita responde a los argumentos irrelevantes de su anciano con un breve “šālôm” (“Todo irá bien” [v 23]).

Sin embargo, el esposo no es el único personaje ridiculizado por la narración. Tiendo a estar de acuerdo con Robert Alter en que el narrador de 2 Reyes es bastante ambivalente hacia la figura de Eliseo en general (1981:126). En nuestra escena particular, Eliseo no se da cuenta de que su benefactor no tiene hijos y actúa en su nombre solo después de que Giezi le informa de la situación.

Además, cuando la Sunamita viene a verlo con respecto a su hijo muerto, él no se da cuenta del desastre e instruye a su sirviente para que la salude y le pregunte si está bien con ella, su esposo y su hijo (v 26). Al darse cuenta de que la mujer está en gran angustia, admite que el “Señor me lo ha escondido, y no me lo ha dicho” (v 27).

Eliseo permanece en la oscuridad hasta que habla la sunamita; pero en lugar de apresurarse hacia el niño muerto, envía a su sirviente Giezi, indicándole que ponga su bastón en la cara del niño (similar al esposo que envía al niño enfermo a su madre con un sirviente), una solución que luego resulta ser ineficaz. Solo cuando la mujer insiste en su participación personal, Eliseo consiente en seguirla (v 30). La descripción detallada de los intentos técnicos de Eliseo para revivir al hijo muerto presenta el proceso de resucitación como una prueba médica más que milagrosa.

A pesar de la conducta impecable y la profunda piedad de la mujer, Eliseo continúa refiriéndose a ella como “la sunamita” y, a veces, con el más burlón “esa sunamita” (haššûnammît hallāz [v 25]), como si nunca se hubiera dignado a aprender su nombre. Pero claramente la actitud de Eliseo no es representativa del punto de vista del narrador.

El creciente reconocimiento de la figura materna potencial sugiere un énfasis cada vez mayor dentro del marco bíblico en la institución de la maternidad. Como señala Adrienne Rich, la institución social y legal de la maternidad es claramente diferente del aspecto personal y psicológico de la maternidad; el segundo se refiere a “la relación potencial de cualquier mujer con sus poderes de reproducción y con los hijos”, mientras que el primero se refiere al mecanismo destinado a “asegurar que ese potencial —y todas las mujeres— permanezcan bajo control masculino” (xv).

La institución de la maternidad es un poderoso mecanismo patriarcal. El control masculino de los poderes reproductivos femeninos junto con el matrimonio patrilocal y monógamo (para la esposa), asegura a la esposa como propiedad exclusiva de su esposo y asegura la continuidad de su nombre y las posesiones familiares a través de costumbres patrimoniales y patrones de herencia patrilineal.

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