Jardines imaginarios con sapos reales: realismo en ficción y teología (Parte 7) – Estudio Bíblico

VII

3.6 En comparación con esta noción de realidad, la realidad como el juego de las convenciones presentes y el futuro pobilidades: el realismo fotográfico y el literalismo de la vida ordinaria actual es «simple» y «simplista». Más que eso, es destructivo, ya que sugiere que si nos limitamos a atender a nuestros rincones individuales en el presente, el futuro se cuidará solo.

El futuro, dicen los novelistas especulativos, si ha de ser un buen futuro para toda la humanidad, exige cambios en el presente. Que se deban hacer tales cambios es, como insisten tanto las Escrituras como los fabuladores, el colmo del realismo, porque se puede reunir evidencia para mostrar que negarse a leer el futuro a la luz de las tendencias presentes es jugar al avestruz.

Las ficciones especulativas son modelos para la comunidad humana en su madurez, su mayoría de edad, y permiten poca nostalgia sentimental, absolutismo o enterrar la cabeza.

3.7 Un buen ejemplo de este tipo de ficción es una nueva novela de Marge Piercy llamada Woman on the Edge of Time. Elijo esta novela porque no es una novela realista tradicional ni una novela de arte, sino una pieza de ficción especulativa con una trama lo suficientemente atractiva como para convertirla en una novela «popular». Es la historia de una mujer mexicoamericana indigente y muy maltratada, Connie Ramos, que ha sido institucionalizada como loca por estallidos de violencia contra sus abusadores.

Ella es una de las víctimas más patéticas de nuestra sociedad, bien ilustrado por el hecho de que es «elegida» para una cirugía cerebral experimental para programarla de su violencia obviamente bien fundamentada a una aceptación dócil. Pero a lo largo de esta trama superficial de un individuo que lucha por su supervivencia personal —la trama de muchas novelas tradicionales— se desarrolla una contratrama, un futuro alternativo para la sociedad actual.

Ella se pone en contacto con personas de 200 años en el futuro, y una buena parte de la novela es la descripción intrincada y detallada de la vida en este nuevo mundo, un mundo que es posterior al holocausto y en el que las estructuras básicas de la sociedad tienen, a través de decisión comunal, ha sido diseñado para encarnar los valores humanos fundamentales.

El escenario de esta comunidad es un pequeño pueblo de Massachusetts, y dentro de este escenario, el autor nos fabula una utopía hasta el último detalle. Cada problema importante que enfrenta nuestra sociedad actual: relaciones entre los sexos y las razas, control de los medios de producción, propiedad personal, prácticas de procreación y crianza de los hijos, educación, trabajo y ocio, preparación de alimentos y nutrición, uso de drogas, el lugar de los ancianos, las actitudes hacia la muerte, el control de la población, la guerra, el poder político: todo esto y mucho más es el jardín imaginario con sapos reales en él.

Vivimos y respiramos los olores, las vistas y los sonidos de este hermoso lugar, un lugar descrito de manera tan realista que el lector está casi convencido de que existe (y ciertamente desearía que existiera). Pero la distancia siempre está ahí, porque la historia salta de un lado a otro entre el pueblo y la miseria total de Connie. El jardín no existe y nunca se permite olvidarlo.

Es precisamente la dialéctica de la proximidad y la distancia, el realismo palpable del jardín y su absoluta fantasía, el poder de tal fabulación, así como su impacto moral. Se pinta otro futuro alternativo, una realidad tan aterradora, tan horrorosa, tan descarada en su racismo, sexismo, jerarquización, destrucción y perversidad que entre estos dos futuros uno inevitablemente recuerda los dos reinos de Dios y Satanás, el cielo y el infierno, y sabe que uno ha encontrado en el autor a un moralista de alto nivel.

Al final de la novela, cuando Connie toma una decisión que, en pequeña medida, contribuye al fomento de una de las realidades futuras alternativas frente a la otra, una decisión que la enviará al infierno de una institución mental por el resto de su vida. — uno sabe que ha encontrado a un realista, que ha leído correctamente la acción necesaria en el presente para preservar la posibilidad de una realidad humana y humana en el futuro.

4. Conclusión

4.1 Hemos recorrido un largo camino desde Platón y el melocotón del supermercado y un largo camino desde el realismo como copia fiel de “las cosas tal como son”. “Las cosas como son” es una convención; no hay forma de captar la realidad directamente, ni de escapar de imaginarla. Lo más que podemos hacer, y lo que debemos hacer si queremos sobrevivir y sobrevivir bien, es depender de todos los grandes fabuladores, y Jesús fue uno de los más grandes, para proporcionarnos esas distorsiones de formas de vida convencionales y aceptadas. cómodamente en nuestra realidad presente, para que podamos reflexionar sobre nuestras alternativas.

No vivimos en la realidad como peces en el mar, ni el realismo es, por tanto, la representación literal, absoluta, simple, de las cosas tal como son. La realidad son “realidades”, formas alternativas de que las cosas puedan ser, y el realismo es el arte de convencernos de que en estos jardines imaginarios viven sapos reales.

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