Introducción al libro de Oseas (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

El cuestionamiento de tal perspectiva alcanza una intensidad tan apasionante debido a la larga e íntima relación que se ha desarrollado entre Yahvé e Israel, una relación que tenía su fundamento en el amor divino (11,1) y que mira el carácter de una relación entre padre e hijo. Por esta íntima relación, la pregunta divina a Israel es, como dice Mays, precisamente un autocuestionamiento.

Como argumentaré, es este cuestionamiento de sí mismo lo que revela más profundamente lo que significa decir, en palabras de Mays, que “[Yahweh] es el verdadero sujeto de la historia de Israel” quien en parte mediante tales preguntas “revela el sufrimiento en el que la elección de Israel lo ha involucrado” (véanse los comentarios de Mays sobre las dos primeras apariciones de la cuestión divina, arriba §§1.11 y 1.21).

Es decir, en vista de la naturaleza de la relación amenazada entre Dios y el pueblo, la cuestión aquí planteada es tanto una cuestión del futuro de Yahvé como una cuestión del futuro de Israel. En este caso, ahora, el resultado revelado de la pregunta divina es decididamente diferente de los dos casos anteriores.

Aunque, en este tercer pasaje, la ira divina se expresa en parte en un juicio palpable, no obstante, este juicio no será del orden de Admah y Zeboim, sino que está calificado por una resolución negativa reiterada enfáticamente (v 9) que deja tanto a Israel como a futuro y el futuro de Yahweh abierto a la perspectiva de una eventual reconciliación y restauración. Entre las preguntas del v. 8 y las resoluciones negativas del v. 9 se encuentran las dos líneas fundamentales, sumamente importantes y fatídicamente significativas que Wolff traduce
Mi corazón se vuelve contra mí,
mi remordimiento arde intensamente
y que Mays traduce
Mi corazón se ha vuelto contra mí;
mi compasión se vuelve completamente cálida.

1.32 Más adelante querré examinar la traducción de estas dos líneas más de cerca y explorar sus implicaciones teológicas con cierto detalle. Pero en este punto es suficiente notar el contraste que plantean con los contextos de las dos preguntas divinas anteriores. En 6:4 y en 8:5 las preguntas son seguidas puramente por referencias al juicio divino de Israel, es decir, a una forma de acción divina que produce un cambio decidido en la propia experiencia de Israel.

Pero en 11:8-9, mientras que la pregunta todavía deja espacio para el juicio (un juicio que se presupone en los vv 10-11), esta vez también ocurre una forma de acción divina que transpira completamente dentro de Yahweh y que tiene el carácter de cambio o transformación “intramuros”. Quisiera enfatizar que esta transformación ocurre como el resultado de un intenso cuestionamiento de sí mismo, del cual Israel es informado a través de la palabra profética. Nuevamente, mientras que en 6:5 la pregunta divina surge en una palabra profética que mata al pueblo con una palabra de juicio, en 11:8-9 la pregunta está contenida dentro de una palabra profética que, como comenta Wolff, no testifica tanto en contra Israel y la historia de Israel en cuanto al “amor divino que lucha con Israel como dentro de sí mismo” (Wolff:203, cursivas añadidas). Se podría decir, en otras palabras, que esta palabra profética, bajo la forma de esta pregunta divina, tiene que ver en primer lugar con la historia de Yahvé, y sólo después, y dentro de ese medio, con la historia de Israel.

2. Hacer una pregunta

2.1 Con esta mirada introductoria a las preguntas divinas en Oseas, y algunos comentarios recientes sobre ellas, me gustaría ahora explorar de manera general lo que significa hacer una pregunta, para un ser humano y posiblemente para Dios.

No me interesa aquí el tipo de pregunta que plantea una solicitud de información sobre un estado de cosas ya existente que resulta ser desconocido para el interrogador. Tampoco me preocupan las preguntas retóricas (aunque de las tres preguntas en Oseas, las dos últimas son explícitamente descritas como retóricas por Mays), excepto para señalar que tales preguntas involucran lo que es bien conocido por el interrogador, y por lo tanto no pretenden para obtener una respuesta, sino que se plantean para el efecto retórico, como una forma de atraer al oyente hacia lo que sabe el interrogador.

2.2 Más bien, estoy interesado en lo que llamaría preguntas existenciales. Como me refiero a este término, una cuestión existencial tiene que ver con el hecho de estar vivo. Y estar vivo es una cuestión de crecimiento y devenir personal, entendido como un proceso temporal a través del poder de decisión ejercido en respuesta activa a las posibilidades que se nos presentan.

Tales posibilidades presentadas se plantean como la cuestión de la propia existencia. Lo que quiero decir está expuesto en un conocido pasaje de una carta de Rainer Maria Rilke, en la que responde a las preguntas de un joven sobre la vida. Rilke escribe (34-35), …ningún ser humano en ninguna parte puede responder por usted esas preguntas y sentimientos que en lo profundo de ellos tienen vida propia… Usted es tan joven, tan antes de todo empezar, y quiero rogarle, tanto como pueda, querido señor, ser paciente con todo lo que está sin resolver en tu corazón y tratar de amar las preguntas mismas como habitaciones cerradas y como libros que están escritos en una lengua muy extraña.

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