Hermenéutica Bíblica (Parte 2) – Estudio Bíblico

II

Para comprender cómo la epífora y la diafora (Wheelwright) son procesos aplicados directamente a la forma narrativa, será necesario introducir la teoría de los modelos. Mi argumento será que una metáfora funciona como modelo cuando está mediada por un “género literario” que pone en pie de igualdad con la red altamente estructurada de significados implícitos en un modelo.

Este desvío por la teoría de los modelos proporcionará el concepto clave de una ficción heurística que sirve como medio para redescribir la realidad (Mary Hesse).

Mi intento será aplicar el binomio ficción-redescripción a la forma narrativa de la parábola. (La discusión sobre el referente último de esta redescripción se pospondrá por razones que aparecerán más adelante).
Llamo a este segundo enfoque un enfoque poético porque llama la atención sobre la productividad de la narrativa, su llamado a la interpretación. Esta productividad había sido llamada poí̈esis por Aristóteles en su teoría de la tragedia entendida como mimesis de la acción seria por medio de un mito inventado por el poeta. De la misma manera la parábola es un mito (una ficción heurística) que tiene el poder mimético de “redescribir” la existencia humana.

0.3 Parábolas y Discurso Religioso

Si las parábolas son tipos de textos “poéticos”, ¿qué las convierte en formas de discurso específicamente “religiosas”?
Esta pregunta plantea el problema del significado de la frase “Reino de Dios” en la expresión parábolas del Reino.

Ofreceré una hipótesis basada en una comparación de la forma en que varios modos de discurso apuntan hacia el significado del Reino de Dios: dichos proclamatorios, dichos proverbiales y dichos parabólicos. ¿Hay en estos diferentes modos de discurso un procedimiento común, una estrategia común, a pesar de que un dicho proclamatorio no es un dicho proverbial y que la parábola es la única forma narrativo-metafórica? Norman Perrin ha mostrado cómo, tal como lo usó Jesús, el marco mítico del discurso apocalíptico estalla y el poder simbólico de los significados temporales mediados por el mito se libera, gracias y a pesar del medio mítico.

De la misma manera, Beardslee muestra que los dichos proverbiales, utilizados por Jesús, sufren una especie de intensificación, basada en la hipérbole y la paradoja. Buscando el rasgo correspondiente de la parábola, me llamó la atención el contraste entre el realismo de la narración y la extravagancia del desenlace y de los personajes principales. ¿No es la “extravagancia” el rasgo “religioso” específico de la parábola, similar a la “intensificación” del proverbio ya la liberación de los símbolos temporales más allá de la interpretación literal de los mitos escatológicos?

Y si esto es cierto, ¿no es posible entonces unir estos tres modos de “transgredir” los usos ordinarios o tradicionales de las correspondientes formas de discurso bajo una sola frase, a saber, la que Ian Ramsey aplicó a declaraciones propiamente teológicas (por ejemplo, que Dios es inmutable, etc.) y que llamó los “calificadores” acoplados a “modelos”?

Entonces deberíamos ser llevados a decir que el Reino de Dios es el significado «extraño» usado por diferentes modos de discurso, como el «calificador» que les confiere su uso «religioso» específico. Esto implicaría que es sólo en conjunción con otros modos de discurso que la parábola funciona como una Parábola del Reino. Como tal, la parábola podría seguir siendo un tipo de discurso “poético” y podría aplicarse directamente a la vida ordinaria sin ningún significado específicamente “religioso”.

Al decir que el Reino de Dios es el elemento común de varios modos de discurso, no quiero decir en absoluto que sea el referente último de las parábolas, los proverbios o los dichos proclamatorios que tratan esta noción de una forma u otra. Al llamarlo un “calificador” de cada uno de estos modos de discurso, todavía lo estoy tratando como un símbolo que exige una interpretación que lo convierte en parte del “sentido” de la parábola, el proverbio o el dicho proclamatorio. . Es el “índice” que apunta más allá de la estructura, más allá incluso de la dimensión metafórica, y que reclama un factor correspondiente de radicalidad en la “redescripción” de la realidad humana.

Este rasgo de radicalidad será el tema de la próxima sección.

Permítanme primero resumir los tres rasgos que me parecen esenciales para la definición del “género literario” de la parábola: la parábola narrativa se basa en la conjunción entre una forma narrativa, un proceso metafórico y un “calificador” apropiado que asegura su convergencia con otras formas de discurso que apuntan todas hacia el significado “Reino de Dios”.
Ahora podemos investigar el referente último de la parábola.

0.4 El último referente de la parábola

Volvamos a nuestra afirmación anterior sobre la conexión entre ficción y redescripción. Tomamos esta conexión como la clave para resolver el problema planteado por el análisis estructural: ¿Cómo obtener el referente cuando estamos atrapados en el sentido? El proceso metafórico, decíamos, es la epífora o la diafora que “transpone” o “transfiere” el sentido del relato de la ficción a la realidad.

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