Hermenéutica Bíblica (Parte 1) – Estudio Bíblico

I

Esquema

Como no soy exégeta ni teólogo, intentaré hacer una contribución a la discusión adecuada a mi competencia relativa en el campo de la filosofía del lenguaje.

0.1 Análisis Estructural

En primer lugar, me gustaría aclarar las estructuras formales de las parábolas narrativas sobre la base del tipo de semiótica estructural que ya han aplicado a los textos no bíblicos los formalistas rusos (Propp) y los estructuralistas franceses (Greimas, Barthes) y que es comenzando a extenderse a los textos bíblicos e incluso a las parábolas bajo el título de una semiótica bíblica (Güttgemanns en Alemania, y Louis Marin en Francia).
Este primer enfoque pretende ser una adición crítica al enfoque de Dan O. Via, que se basó principalmente en la crítica literaria estadounidense.

Rápidamente se verá que no es tan fácil agregar un análisis formal, en el sentido estructural del término, a la “crítica histórico-literaria”, como lo intenta hacer Via. Junta la “crítica histórico-literaria”, el “análisis literario-existencial” y la “interpretación existencial-teológica”. Pero el tipo de inteligibilidad expresada por la semiótica estructural es antihistórica por naturaleza y tiende, en su uso más extremo y fanático, a descartar toda indagación histórica sobre las etapas de redacción del texto e incluso, de una manera un tanto provocativa, a recalcar el último texto, el que ahora leemos. Usaré el ejemplo de la «Parábola del sembrador», explicada estructuralmente por Louis Marin, para ilustrar esto.

Por otro lado, un análisis formal hace igualmente difícil la conjunción entre un punto de vista existencial y uno estructural. (¡Y más aún la adición de una interpretación existencial-teológica!) De hecho, este método tiende a disociar lo que Dan O. Via considera como un nivel unificado, su llamado enfoque literario-existencial. Yo mismo estoy a favor de una hermenéutica que injerta una interpretación existencial en un análisis estructural; pero esta articulación exige un tipo distintivo de justificación y no puede simplemente darse por sentada. En lo que sigue se utilizará el tipo de aporía creada por el estructuralismo como un medio para señalar la necesidad de considerar las credenciales de una posible interpretación existencial.

0.2 El enfoque poético

Aquí trataré de identificar el vínculo intermedio entre una explicación formal y una interpretación existencial como el proceso metafórico que opera en la estructura de la narración. La parábola, me parece, es la conjunción de una forma narrativa y un proceso metafórico. Más adelante añadiré un tercer rasgo decisivo.
La explicación de esta compleja estructura puede abordarse desde ambos extremos:

0.21 Llamar parábola a una determinada narración es decir que la historia se refiere a algo distinto de lo que se cuenta; «significa…» otra cosa. Pero, ¿cómo se conecta el “sentido” de la historia como historia con su “referencia” como referencia parabólica? El problema es mucho más difícil de lo que parece. Si es cierto que la estructura interna de la narración “cierra” la historia sobre sí misma y la convierte en una “unidad autónoma” (N. Frye), ¿cómo sabemos que la narración representa… algo más? Sin entrar ya en el contenido teológico de la expresión “el Reino de Dios es como…”, ¿cómo funciona la semejanza, la semejanza en conjunción con la estructura “interior”? ¿Existen, dentro del propio texto, algunas “marcas” de su referencia “externa”? ¿O debemos confiar únicamente en el hecho de que las parábolas son narraciones dentro de una narración (el Evangelio) en la medida en que la forma del Evangelio es una forma narrativa? ¿O hay rasgos “interiores” que ya están implícitamente dirigidos hacia significados existenciales y que se vuelven explícitos solo cuando se ponen en convergencia con otros modos de discurso en el resto del Evangelio? En otras palabras, ¿cómo inicia la propia narración el proceso interpretativo que la convierte en parábola?

0.22 Partiendo del otro extremo —el proceso metafórico— cabe preguntarse cómo una metáfora puede tomar la forma mediadora de un relato. La teoría moderna de la metáfora solo resuelve parcialmente el problema. Hace comprensible el funcionamiento de los enunciados metafóricos a partir de unas “tensiones” internas que se resuelven mediante una “innovación semántica”.

Pero estas declaraciones metafóricas se limitan a oraciones y son expresiones transitorias y vívidas que se vuelven triviales y luego muertas. La teoría de la parábola requiere una expansión distintiva para aplicarla a una “obra” de discurso, que tiene una composición propia, a un nivel superior al de la oración, y a valores metafóricos que se vuelven tradicionales sin volverse triviales o muerto. (¡Al menos, no tan pronto!)

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