Hacia una lectura dramática del libro de Job (Parte 1) – Estudio Bíblico

I

Resumen

Partiendo del principio hermenéutico de que la exposición puede tener una función heurística, la primera parte del artículo intenta una puesta en escena imaginativa del libro de Job para descubrir el juego de los personajes entre sí y con el público; surgen así los conceptos interrelacionados de ignorancia, ironía y compromiso.
La segunda parte explora la tensión entre dos concepciones de la justicia de Dios: la del juez que retribuye con imparcialidad —defendida por los amigos de Job—, la de la parte convocada a un pleito bilateral —la buscada por Job—; esta tensión se pone a prueba a través de algunos pasajes seleccionados del drama.

0. No se suele leer o presentar el libro de Job como un drama, probablemente porque nuestro concepto del género literario “drama” es muy preciso y limitado. El mismo Libro de Job podría corregir esta estrecha visión del “drama”; como, sin embargo, no quiero proceder de manera circular, recurriré a datos más convincentes.

0.1 Primero, podríamos utilizar el concepto muy flexible de E. Staiger de “lo dramático” o escuchar con atención a N. Frye, quien afirma que: “el Libro de Job es claramente un drama imaginativo”. Además, podemos recurrir a las formas modernas del drama para encontrar los vínculos estrechos entre la forma dramática y nuestro libro. Trabajos recientes sobre teoría literaria discuten tales formas. (Ver la bibliografía.)

0.2 Pienso que cuando el Libro de Job se lee como drama se vuelve inteligible y comprensible en su unidad; recupera su fuerza de expresión y su atractivo. El libro —como su protagonista a manos de sus amigos— ha sufrido demasiado por interpretaciones racionales o dogmáticas; estos han pretendido encarcelarlo dentro de una doctrina coherente e integral. Debemos proyectar una imagen mental del libro como drama, para estar atentos al dinamismo de su conflicto y permitirnos quedar atrapados en él. Una supuesta objetividad, neutra y desinteresada, no es la mejor aproximación a esta singular obra.

0.3 El Libro de Job es un drama con poca acción y mucha pasión; o mejor, con mucha acción intelectual que implica un apasionado debate y búsqueda. En las páginas que siguen pretendo ofrecer un par de claves para la representación mental que propongo.

1. Puesta en escena dramática (puesta en escena)

1.0 Empecemos por el hecho que inmediatamente llama la atención del público: la puesta en escena. Este aspecto por sí solo nos enseñará bastante sobre el trabajo.

1.01 La hermenéutica clásica distingue cuidadosamente entre heurística, el arte de descubrir y establecer el significado, y proforística, el arte de presentarlo al público. Estas se distinguen como dos actividades en un orden cronológico de subordinación: la segunda viene después y depende de la primera. Hoy sabemos que una producción en sí misma puede alcanzar valor heurístico, es decir, el poder de la palabra hablada nos ayuda a descubrir en una obra cosas que antes no veíamos. Se incluirían aquí aquellos aspectos que se manifiestan sólo en la presentación misma de la pieza dramática.

1.02 Ahora bien, dejándonos influenciar por reminiscencias o sugerencias de J.B. de Archibald MacLeish, podemos imaginar un escenario con un segundo piso en el lado izquierdo, que se puede iluminar con mayor o menor intensidad y que permanece invisible para los actores de arriba. el piso de abajo. En este reino superior se desarrolla el prólogo en el cielo, los discursos de Dios con Satanás; aquí Dios está sentado y sigue observando sin ser visto ni oído por Job hasta el acto final.

sto le da una posición ventajosa a la audiencia pero impotente a Job. Su ignorancia es necesaria porque aquí se trata de una apuesta y una prueba (Dios prueba la libertad y la lealtad de Job). Dios es algo así como un espectador de las reacciones de Job y sus amigos, escucha sin ser visto, se dirige a él pero no responde, lo buscan sin encontrarlo:
He aquí voy adelante, y él no está allí;
hacia atrás, y no puedo percibirlo;
Giro a la izquierda y no puedo verlo;
Giro a la derecha y no lo espío. (23:8–9)

1.03 El espectador debe ser consciente de esta presencia de Dios; por eso el técnico que maneja las luces lo mantendrá parcialmente iluminado y lo señalará en los momentos relevantes (por ejemplo, cuando Job pronuncie las palabras que acabamos de citar). Esta visión triangular es una fuente de ironía que enriquece mucho el drama.

Solo al final del cuarto acto se quitará la barrera para que Job pueda ver y escuchar a Dios: contento de verlo, pero horrorizado al descubrir que Dios ha estado escuchando todo el tiempo.

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