Hacia un análisis estructural del evangelio de Marcos (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

Así, aunque la narración sea descriptiva, su finalidad es interpretativa o explicativa. En lugar de posponerse hasta la fase final, la verdad sobre el tema y sobre los valores ya se manifiesta al principio del texto y es distribuida por una especie de autoridad epistémica (es decir, por una especie de emisor) coextensiva a la narración. En comparación con el modelo sintagmático de narratividad que organiza en cuatro fases la manifestación de un trayecto narrativo, parece que el relato evangélico pertenece al nivel de la “sanción”7.

No se trata entonces sólo de contar, sino de recordar para hacer comprender, o mejor, de volver a contar todo el relato a la luz de la sanción efectuada. En contraste con el cuento popular que organiza sintagmáticamente los cuatro subespacios de la narratividad en cuatro momentos sucesivos de una trayectoria, los Evangelios los usan de manera más paradigmática. Las relaciones entre el sujeto del “hacer-hacer” y el sujeto del “hacer”, las consideraciones sobre la competencia y la descripción del desempeño se integran en la perspectiva del reconocimiento y se reintroducen constantemente en forma de relato-discurso o un discurso-relato.

Como es de esperar, siempre es difícil reconstruir la lógica narrativa de tales textos. Esto explica que el sujeto-héroe se represente a la vez como sujeto de la representación (sobre todo en la pasión-resurrección pero también en lo que la precede) y como sujeto a reconocer, llegando de incógnito entre su pueblo para realizar la “difícil tarea” que manifestará su verdadera identidad. Quizás uno no debería elegir ninguno de estos dos roles actanciales para registrarlos juntos.

De manera similar, uno no debe tratar de localizar aquí o allá en el texto del Evangelio tal o cual «prueba» que en el cuento popular tiene un carácter claramente secuencial. Después de haber trabajado durante algún tiempo en esta dirección, finalmente hemos adoptado una hipótesis centrada principalmente en la superposición de las cuatro dimensiones de la narratividad más que en su sucesión. La descripción del relato evangélico exige tener en cuenta al mismo tiempo la organización narrativa y la organización interpretativa8.

2.3 Como discurso de sanción, el texto evangélico excluye toda “suspensión”. Ya en la primera frase, 1:1, se proclama la identidad del sujeto y de los valores: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios…”. En consecuencia, se puede observar un efecto circular cuando en 16:15 leemos: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Lo que se propone como misión se cumple como performance en la propia narración.

El discurso evangélico es más un discurso sobre un conocimiento ya adquirido que un discurso sobre una búsqueda de conocimiento. Sin embargo, se encuentra en ella una narrativa actual en la que el “ser” del sujeto y de los valores se representa mediante el “aparecer” de los comportamientos, confrontaciones y atribuciones de objetos. La dimensión persuasiva9 del texto evangélico no desestima su función representativa. Por eso decíamos más arriba que se trataba de un caso interesante de interacción del hacer somático con el hacer cognitivo. De hecho, en cada micronarrativa, el verdadero conocimiento sobre los valores se deriva de la referencia a la actuación realizada.

2.4 Si es cierto que la referencia a los desarrollos narrativos anteriores se hace aquí según un modelo más paradigmático que sintagmático, resulta difícil recurrir al modelo narrativo para dar cuenta de la relativa unidad y progresión del texto. Por eso nuestra presente hipótesis tiende a preferir un modelo discursivo de las operaciones realizadas sobre los valores elementales. Sin embargo, un modelo no excluye y, de hecho, no debe excluir al otro, como se verá en el siguiente ejemplo de análisis.

3. La coherencia del universo semántico: ensayo analítico sobre una serie de perícopas (Mark 2)

3.01 La unidad narrativa del relato evangélico la proporciona el hecho de que se sitúa en el orden del reconocimiento y de la veridicción. La elucidación del nivel temático, de los valores semánticos y del proceso organizativo que tiene lugar en el nivel de profundidad, en consecuencia, se vuelve más importante y más interesante. Las correspondencias, las correlaciones y las continuidades que podamos descubrir nos ofrecerán un principio de organización más adecuado que un modelo narrativo más cercano a la superficie textual.

Así, es bajo la forma de una invariancia sémica y semántico-lógica unida a una gran variabilidad representativa de manifestación que se establecerá el principio de unidad y la condición de legibilidad global del Evangelio de Marcos.

3.02 Este ejemplo analítico se lleva a cabo sobre una serie de perícopas que tienen en común el contexto de una controversia entre Jesús y sus adversarios. Sin embargo, la primera perícopa incluye una historia de milagros (el paralítico de Capernaum), mientras que las siguientes perícopas no involucran elementos milagrosos.

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