Habla y silencio en Job (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

Entonces sólo tendríamos una recuperación espiritual del autor como persona plena constituida tanto en cuerpo como en espíritu. El texto, a través de su ritmo, lenguaje figurado y melodía, no puede, por supuesto, darnos milagrosamente el autor vivo, pero nos dirige a un reino de silencio en el que comulgamos con él de una manera transformada. Pero también el texto, como subrayaría Ricoeur, nos da el mundo de nuevo, no estamos simplemente limitados al autor y quizás al final ni siquiera somos muy conscientes de él.

Si tuviera tiempo, comentaría cómo el enunciado directo, la metáfora, el símbolo, el enunciado negativo o irónico y el simple silencio en sí mismo pueden ayudarnos a comprender el discurso de manera más completa que lo que puede hacer el análisis proposicional por sí solo.

Pero como no hay tiempo para esto, permítanme simplemente sugerir que Mary Anne McPherson Oliver ha hecho un comienzo significativo en esta dirección, en un ensayo titulado “Mystical Experience and the Literary Technique of Silence”, en Studia Mystica, 1: 1 (primavera de 1978), 5–20. Este análisis sería interesante de aplicar al pasaje de Job, pues nos ayudaría a experimentar más plena y concretamente la relación entre Dios y Job.

La ironía, el humor, las preguntas, las metáforas o los símbolos van más allá del discurso racional. E incluso el silencio al final del diálogo es el silencio de la presencia, del asentimiento y de la comunión, más que de la derrota.

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