Estructura en las parábolas narrativas de Jesús (Parte 6) – Estudio Bíblico

VI

Esta función generalmente, pero no siempre, está encarnada en D, que habitualmente es una figura de autoridad.

El instrumento de la gracia es quien recibe, admite, premia, ayuda; como instrumento de justicia e excluye, paga lo debido, reprende, rechaza la ayuda.

5.4 Vale la pena señalar, de paso, que RJ y RG se yuxtaponen en el respondiente (R) en las parábolas del Mayordomo Injusto y el Siervo Despiadado. El mayordomo se enfrenta a la ruina inminente (= justicia) antes de actuar para obtener el indulto; la aprobación del maestro es inesperada. El sirviente despiadado, por otro lado, es el destinatario de una gracia sorprendente antes de que tontamente la cambie por su propia justicia, que deja un rastro de desastre a su paso.

En estas mismas parábolas, el amo y el rey son instrumentos de justicia y gracia (Mayordomo Injusto: IJ/G; Siervo Despiadado: IG/J).

Los actantes IJ/G, RJ y RG se asignan así a la estructura formal de las parábolas del Grupo II de una manera que difiere de cualquiera de las opciones que encuentran expresión en el Grupo I.

6.1 Las fortunas de RJ y RG, en las parábolas discutidas en §5, siempre se invierten en relación con las expectativas. Los contratados al principio del día esperan que se les pague más pero no lo hacen; aquellos que trabajaron solo una hora no esperan el salario de un día completo, sino que lo reciben. El hijo menor no espera ser tomado de vuelta como hijo, pero lo es; el hijo mayor no anticipa el recibimiento que recibe su hermano, pero tiene que tragárselo de todos modos. La inversión en el Mayordomo Injusto y el Siervo Despiadado se observó en §5.4.

En el caso de la Gran Cena, no es menos evidente que los invitados al banquete no esperan ser excluidos deliberadamente, aunque no hay escena de reconocimiento ni sustituto; la gente en la calle no espera una invitación, pero la recibe. De manera similar, en el Buen Samaritano, el sacerdote y el levita son tratados con brusquedad en la narración; no se les permite protestar visiblemente, ya que no hay nada parecido a una escena de reconocimiento. El samaritano, por otro lado, es una sorpresa para todos, especialmente para el hombre en la zanja, cuya suerte se invierte repentinamente.

El cambio de suerte de RJ y RG conlleva un cambio más profundo. Dicho sucintamente, la fortuna de todos aquellos que se justifican o requieren justicia sufre tragedia; los destinos de aquellos que no esperan ni requieren nada, por el contrario, oscilan hacia arriba en un alivio cómico.

6.2 D se definió en §2.1 como la figura que establece los términos de la narración. En relación con las reversiones discutidas en §6.1, la función preeminente de D parece ser certificar esas reversiones. Así como el viejo orden de la realidad está certificado por ciertas autoridades, representadas en la narración por RJ, la nueva realidad también tiene sus sanciones, y la sanción en cada caso es D.

D es más frecuentemente una figura de autoridad (dueño de la viña, hombre rico, novio, anfitrión, padre, rey). En aquellas parábolas en las que D es una figura de autoridad, D domina el desenlace, que puede consistir simplemente en un pronunciamiento. En estas mismas parábolas, D no siempre es muy visible y “no es arrastrado a las vicisitudes de la trama” (sugerido por Via, 1967: 150). Es la tentación suprema de la interpretación de parábolas asumir que D, como el que certifica la inversión, está representado en la narración por una figura de autoridad porque tal figura es un modelo apropiado para Dios. El hecho de que D no se vea arrastrado por las vicisitudes de la historia refuerza esta propensión.

Es posible que este factor sea una debilidad fundamental en las parábolas de Jesús. Digo debilidad por razones estéticas: si Jesús elige cada vez una figura de autoridad para modelar a Dios, somos empujados a pesar de nosotros mismos hacia atrás en la dirección de la alegoría.

Hay al menos dos buenas razones para resistir la suprema tentación. La primera es que la autoridad no siempre proporciona un análogo adecuado para Dios (por ejemplo, el padre cariñoso en el pródigo, el maestro en el mayordomo injusto; para otros ejemplos, cf. Jeremías: 179).

Una segunda y más impresionante razón es que en el Buen Samaritano D no es una figura de autoridad; D es la víctima en la zanja. La parábola llama al hombre en la zanja a certificar la nueva realidad, y eso significa, para los oyentes de Jesús, que quien es receptor de la gracia puede certificar que la gracia ha llegado, incluso de manos de un samaritano. En el samaritano, por tanto, tenemos una interesante correlación de aspectos formales y funcionales: D = RG/R1 = RJ/R2 = IG. Como consecuencia de esta parábola es necesario distinguir certificación de IG; es decir, D y el certificador de la nueva realidad (ahora designado C) son siempre el mismo, pero D, C no siempre coinciden con IJ/G.

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