Estrategias contemporáneas para leer un texto bíblico (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

OPONENTE El primer aspecto interesante de este análisis es que, si designamos el Objeto como liberación para el Receptor, los judíos, nos quedamos con una pregunta sobre la identidad del Remitente. El Remitente es la persona o circunstancia que pretende comunicar el Objeto al Receptor. Ahora bien, el Remitente en cualquier narrativa (o performance, en langua greimasiana) puede ser, por supuesto, faute de mieux, la Historia misma, o el Destino; pero en esta particular narración, en su contexto bíblico, estamos tentados a designar al remitente como Dios, aunque Dios en realidad no aparece en la historia como personaje ni se hace alusión alguna a él.

Fuera de la Biblia hebrea, otras versiones de la Historia de Ester, como la elaboración que recibe en la Biblia griega, hacen completamente explícito que la historia es esencialmente una narración de la acción de Dios. Las coincidencias cruciales de la trama (por ejemplo, la presencia de una niña judía en el trono persa, la lectura de la crónica de la liberación de la vida del rey por parte de Mardoqueo en el mismo momento en que el propio enemigo de Mardoqueo ha llegado para buscar su vida) apuntan inequívocamente a la mano de Dios, a pesar de la ausencia —por la razón que sea— de Dios en la acción explícita. Entonces, un análisis estructural, que se ocupa únicamente de la evidencia del texto, registra la falta de identificación del Remitente en el texto como un distintivo crucial de la historia.

En segundo lugar, observamos que la posición del rey en la cuadrícula actancial es ambigua. En la medida en que autoriza el plan de Amán, pertenece a él como Oponente; pero en la medida en que ordena la muerte de Amán y firma el edicto de Mardoqueo trayendo liberación a los judíos, él es el Ayudante. Esta ambigüedad en el papel del rey persa, que refleja la ysis actancial, se corresponde con la ambigüedad de la postura del libro hacia el gobierno persa, que los judíos experimentan tanto como una amenaza como una protección, una experiencia que, en consecuencia, se inscribe en el libro.

b. Análisis semántico

Otra táctica de la estrategia estructuralista que puede emplearse provechosamente para Ester es un análisis semántico de los códigos, las agrupaciones de términos distintivos de nuestro texto.1 El resultado de tal análisis será que cada uno de los varios códigos que examinamos aquí resultará ser una manifestación del tema del poder, una preocupación central de la escritura.

Podemos mirar primero el código alimentario. Hay una gran cantidad de datos relacionados con este código, ya que hay nueve banquetes (mishteh, lit. fiestas de bebida) en el libro. El primero y el segundo son muestras de la riqueza y generosidad del rey (1:1–4, 5–8). El tercero es la contrapartida exclusivamente femenina de Vasti al banquete exclusivamente masculino del rey (1:9), y el cuarto es el de Ester, dado por el rey para celebrar el ascenso de Ester al trono (2:18).

Quinto es la bebida del rey y de Amán cuando se trama el complot contra los judíos (3:15). El sexto y el séptimo son los banquetes de Ester en los que se desenmascara a Amán (5:5–8; 7:1–8). El octavo es el banquete que celebran los judíos en cada ciudad después del día 23 del tercer mes, celebrando la llegada del edicto de Mardoqueo (8:17), y el noveno son los banquetes judíos de todo el imperio los días 14 y 15 del mes. duodécimo mes, celebrando el ‘descanso’ logrado por los pogromos de antisemitas en los días anteriores (9: 17–19).

Dado que los banquetes celebran el éxito, es apropiado que los primeros cinco sean banquetes persas y los últimos cuatro banquetes judíos, ya que la historia representa el movimiento de poder de los persas a los judíos. El primer par, regalado por el rey en un vulgar alarde de riqueza y poder, contrasta con el último par, que celebra, por el contrario, la supervivencia y el honor (aunque, por supuesto, pueden no ser muy diferentes, aunque en otro tono). , de la riqueza y el poder!).

El tercero y cuarto, dados por y para las reinas persas (Vashti y Ester), contrastan con el sexto y séptimo, dados por la reina judeo-persa (Ester). El quinto y central banquete lo comparten el persa Asuero y su partidario Amán el agagueo: al celebrar el decreto que se acaba de emitir contra los judíos, marca el punto en el que el éxito persa comenzará a verse eclipsado por el éxito judío.

Además de los banquetes, existe una forma negativa de festejar, que es el ayuno. El poder persa, como se expresa en el primer edicto, es respondido por el ayuno judío espontáneo de 4:3, un símbolo de impotencia. La demanda adicional de Ester de un ayuno de severidad sin paralelo, sin comida ni agua durante tres días o noches (4:16), transmite cuán absoluta es la impotencia judía. Ella misma, irónicamente, mientras mantiene este ayuno judío extremo con sus criadas, ha estado preparando un banquete al estilo persa para el rey (5:4, al tercer día; cf. 4:15 y 5:1).

Ella es la única judía que está en condiciones de hacer algo contra el edicto, porque ella es la judía que también es persa. Por lo tanto, debe ayunar y festejar simultáneamente, preparando valientemente su banquete de victoria en el momento mismo de experimentar una intensa impotencia.

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