«Este es un dicho difícil. ¿Quién puede escucharlo?»: Creando un lector en Juan 6 (Parte 7) – Estudio Bíblico

VII

Es el carácter deíctico del lenguaje lo que hace posible presentar el proceso de enunciación en múltiples niveles y le permite convertirse en un dispositivo textual (como por ejemplo en la historia de Las mil y una noches y Los cuentos de Canterbury) en el que el presente tiempo y hablando del sujeto narrador y el tiempo y el hablar de los actores narrativos se superponen: el ahora del narrador y el entonces —que se convierte en un ahora de los actores— se superponen y se interpenetran.

De las diversas expresiones temporales de enunciación, el tiempo presente se destaca como esa forma especial de indicador de tiempo en el que la enunciación se reconoce más fácilmente y el proceso de «entrar» en el tiempo del habla es más evidente22. La función del presente en el texto narrativo es a menudo contrastiva, una forma de distinguir entre el tiempo y la no presencia proyectada como correlato en el enunciado.

Mientras que el esfuerzo por identificar un tiempo llamado «narrativo» (ver la discusión sobre el pretérito épico)23, al igual que el esfuerzo de Benveniste, intentó erróneamente correlacionar la forma del tiempo con el género literario en lugar del nivel enunciativo, la función y el efecto. El reconocimiento de la estrecha conexión entre hablar y el tiempo presente requiere una descripción más detallada.

En el caso del tiempo pretérito en la literatura narrativa, la función no es asignar una esfera de tiempo a un tipo dado de literatura sino “ficcionalizar” los eventos, presentarlos como formando un mundo narrativo, en otras palabras, crear un tiempo narrativo. , sujeto y lugar. El pretérito apunta, entonces, de manera oblicua al «Aussagesubjekt»: “nos permite diferenciar entre las palabras y pensamientos del autor implícito (o enunciador textual) por un lado y de un personaje ficticio o proyectado por el otro .” La forma temporal es otra expresión de la relación entre el sujeto y su comunicación, que en ciertos momentos de la historia se destaca como un código literario especial.

Dentro de este marco, ahora es posible explicar la función del llamado presente histórico. Al igual que los deícticos de sujeto que funcionan simultáneamente en diferentes niveles de habla, el tiempo presente puede indicar una multitud de diferentes tiempos de habla (1) porque reafirma el carácter indicial del tiempo presente como signo y (2) subraya la naturaleza interpretativa de los diferentes niveles enunciativos. El presente histórico contribuye no poco a la interpenetración de la relación discursiva.

El presente histórico, o presente ahistórico, como lo califica irónicamente Jespersen 24 , permite que el hablante se proyecte fuera del contexto de enunciación y dentro de la narración. Para usar la metáfora de los niveles, el narrador habla en tiempo presente para pasar del tiempo y espacio narrativo al tiempo y espacio narrado del texto. Este efecto de presencia (vergegenwärtigende Wirkung)25 ha sido señalado durante mucho tiempo por los gramáticos como una forma de incluir al lector dentro del conjunto de eventos narrativos. Junto con el aoristo, el presente histórico se usa en “narraciones vívidas sobre los acontecimientos en los que el narrador se imagina presente”26.

Esta ambigua función referencial (tanto dentro como fuera de la narración) permite al lector situarse con el enunciador textual, el narrador y el actor en medio del panorama en movimiento de la narración. Debido a la apertura semiótica de los deícticos temporales, el uso del tiempo presente nos brinda otra forma de explicar el “realismo de la narración” y el efecto textual de “atrapar al lector dentro de la historia”.
(3) Espacialidad

Como la temporalidad y la subjetividad, la espacialidad es un producto necesario de la enunciación. Hablar genera espacialización y con ello el sentido de un mundo de referencia tanto respecto del mundo “dentro” de la lengua (o del texto) como del mundo que precede o está fuera del texto27. Desde un punto de vista gramatical, la lengua de un texto trabaja en la localización del hablar/escuchar mediante el uso de preposiciones, pronombres demostrativos y adverbios de lugar, nombres propios y topónimos y otros indicadores de ortdeixis, tanto para establecer una relación entre el habla temas y un mundo de referencia y crear el sentido de un mundo fuera del texto.

Es este funcionamiento referencial del lenguaje el que surge en el proceso de enunciación de involucrar y desenganchar a los sujetos hablantes/oyentes dentro del discurso.

La referencia al mundo (espacialización), entonces, es básica para el funcionamiento del lenguaje: es la capacidad del lenguaje para funcionar de manera supremamente indexical al designar lo que es otro. Tal comprensión del poder creativo del hablar para crear un mundo a través de la referencia significa que «mundo» o «realidad» no designa un mundo unívoco y objetivo que se encuentra fuera y antes de todo discurso y significación.

Más bien, la realidad o el mundo, ya sea dentro o fuera del texto, es un efecto del lenguaje, una función del signo usado deíctica o indexadamente28. El texto es ese signo literario especial cuya función es llamar la atención literaria sobre un mundo y la capacidad de creación de mundo de los signos lingüísticos.

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