«Este es un dicho difícil. ¿Quién puede escucharlo?»: Creando un lector en Juan 6 (Parte 4) – Estudio Bíblico

IV

Una enunciación en un nivel del texto puede superponerse a una relación enunciativa en otro nivel (como habla el narrador). Esta superposición enunciativa es posible gracias al carácter vacío o abierto de los marcadores enunciativos (indicadores de subjetividad, temporalidad, espacialidad y modalidad enunciativas) presentes en el enunciado como sedimentaciones del proceso enunciativo que ha dado lugar al enunciado como discurso. Como veremos, la naturaleza de la relación enunciativa narracional y actoral es un factor crucial para determinar el efecto global logrado por el texto.

En el caso de Juan 6, la enunciación narracional y la actoral se relacionan icónicamente: el hablar/oír a nivel actoral se refleja y refracta en el hablar/oír a nivel narrativo; además, el nivel narrativo se refleja en el nivel de la enunciación textual. Esta capacidad del texto se debe en parte a la perpetua apertura de los marcadores enunciativos como signos que proyectan siempre diferentes interpretantes o significados.

Es la apertura de estos marcadores enunciativos y su capacidad para significar de manera ambigua diferentes relaciones enunciativas lo que hace posible que un lector “entra” en un texto como un compañero discursivo de Jesús, para convertirse en un participante en la enunciación narrativa o convertirse en el receptor implícito del texto que la estrategia enunciativa textual pretende producir. La ambigüedad enunciativa y la superposición resultan ser rasgos fundamentales del potencial semiótico de este texto11

Para resumir a modo de ilustración, podemos representar las diversas relaciones enunciativas de la siguiente manera:

Roles enunciativos textuales

Aplicando el modelo a Juan 6 producimos el siguiente modelo de relaciones enunciativas:

Roles enunciativos textuales en Juan 6

En este modelo de Juan 6 podemos ver cuán fácil es confundir al enunciador scriptivo con el enunciador textual o la voz narradora dentro del texto. Si bien puede ocurrir una superposición de posiciones enunciativas, no necesariamente tiene que ocurrir.

De hecho, la falta de percepción de esta distinción ha llevado a los críticos de la redacción, por ejemplo, a identificar el lenguaje escrito con el lenguaje narrativo y ha producido una confianza injustificada en que la reconstrucción histórica del primero es posible a través de la consideración literaria del segundo. Si bien es posible un cierto grado de reconstrucción, el crítico de texto primero debe reconocer el mundo del texto (la realidad como interpretante de la enunciación textual) y la variedad de relaciones y estrategias que existen entre la enunciación textual, narracional y actoral.

Como mínimo, la crítica semiótica y estructuralista muestra que el mundo del texto no debe identificarse sin resto con el mundo presupuesto por el texto y que se encuentra en algún sentido fuera de él. Dado el texto de Juan como nuestro punto de partida, primero debemos reconstruir el mundo y los valores articulados dentro del texto antes de que podamos hablar del mundo que dio origen a tal texto, a tal posibilidad de hablar, en primer lugar.

Si bien tenemos que distinguir entre el mundo del texto y el mundo que yace ante el texto, al mismo tiempo tenemos que reconocer, siguiendo a Peirce, su naturaleza semiótica común. El carácter tanto de los mundos textuales como extratextuales como interpretantes o signos apunta a la naturaleza perfusiva de los signos —todas las cosas son signos— y todos los signos son parte de un proceso continuo de envío de signos, producción de signos y recepción de signos.

La perfusión de signos nos obliga a reconocer que el mundo del texto de Juan y el mundo que el crítico histórico busca reconstruir a partir del texto de Juan son igualmente la producción de la semeiosis. El primero en ese sentido no es menos real que el segundo. En consecuencia, la distinción tradicional entre textual y extratextual, ficcional y real, está sujeta a revisión en términos semióticos.

Si la crítica semiótica conduce a una reevaluación de las categorías literarias fundamentales empleadas por la crítica bíblica, entonces se exagera la objeción planteada por muchos eruditos histórico-críticos de que la crítica estructural/semiótica no tiene nada que aportar a la comprensión histórico-crítica del texto.

B. Marcadores discursivos y enunciativos

El acto de enunciación es responsable de la creación de cierta clase de signos cuya misma existencia y significado depende del acto de hablar, o en el caso de Juan 6, de la producción textual. Entre esos signos se incluyen indicadores de subjetividad (p. ej., pronombres personales y posesivos), temporalidad (p. ej., adverbios temporales, marcadores de tiempo verbal), espacialidad (p. ej., pronombres demostrativos) y modalidad (calificadores como “tal vez”, “sin duda”, etc.).

Además de signos léxicos particulares, la enunciación deja su huella al nivel de la oración y más allá de la oración en una variedad de características sintácticas, en particular formaciones interregatorias e imperativas y modalizaciones supraorales que expresan el modo de relación del enunciador con el enunciativo a través de la formación y función del enunciado.

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