«Este es un dicho difícil. ¿Quién puede escucharlo?»: Creando un lector en Juan 6 (Parte 13) – Estudio Bíblico

XIII

Como los judíos antes que ellos, los discípulos hablan solos; Jesús está distanciado de su comunicación. Y Jesús vuelve a ser relegado a un papel no discursivo que rechaza (6,62) al asumir el papel de enunciador y dirigirles una serie de preguntas para las que no hay respuesta. Jesús identifica sus palabras como espíritu (6:64), como sustentador de vida (6:63).

Y así como la gente y los judíos han venido a Jesús por la razón equivocada, por lo que muchos de sus discípulos no han venido realmente a escucharlo, oa escuchar la palabra de Isaías y la palabra de Dios y para ser nutridos. Para ellos también sus palabras no son fácilmente “digeribles” (“¡Esto es más de lo que podemos digerir! ¿Por qué escuchar tal charla?”, 6:60).

¡Rechazar las palabras de Jesús es lo mismo que decir que el bien que dura no se consume! Y si las palabras de Jesús no se pueden consumir, entonces el conocimiento de Dios no es posible.
En DIS 7 vuelven a cambiar los puestos enunciativos. Ahora están ocupados por Jesús y Simón Pedro (para los Doce). Temporalmente, el discurso tiene lugar “después de ese tiempo”, una referencia a algún tiempo no especificado después de los eventos narrativos. Espacialmente no hay referencia geográfica, solo una indicación de que el discurso es donde está Jesús (“Señor, ¿a quién iremos? Tus palabras son palabras de vida eterna”, 6:68).

La modalidad del discurso de Jesús es ahora la de la prueba. Pero en la respuesta de Simón Pedro, Jesús es identificado apropiadamente como el Santo de Dios, es decir, como profeta (cf. 2 Reyes 4, 9), como el lugar donde la palabra es alimento. Y esta identificación se hace significativamente en relación con Jesús mientras habla, con las palabras de Jesús. Ahora es apropiado identificar a Jesús de esta manera no por lo que hace, aunque eso es importante, sino por lo que dice.

El discurso entonces termina con una pregunta (6:70) para la cual no hay respuesta; se dirige a un “tú” que podemos identificar como los Doce pero también como un enunciado que también puede ser el narratario del texto. Esta última cuestión, como veremos, se aplica a los interlocutores discursivos a nivel de los hechos narrados y de la narración. Entonces, muy apropiadamente, este discurso final lleva el texto a una conclusión en el nivel de los eventos narrados y lo abre para el narratario y el lector implícito del texto. Para los dos últimos, la conversación (o discurso potencial) y la identificación del compañero discursivo para Jesús apenas está comenzando.

C. Nivel narrativo

La relación de implicación mutua que existe entre el proceso de enunciación y el enunciado es importante para explicar la relación del discurso del narrador con los acontecimientos narrativos y con la enunciación textual. Los hechos narrados (la enunciación del narrador que incluye la enunciación actoral) de Juan 6 presuponen una enunciación narracional (la enunciación del narrador). Del mismo modo, la enunciación y el enunciado narrativo presuponen lógicamente una enunciación textual con su enunciante textual (autor implícito) y enunciatario textual (lector implícito).

La identificación del narrador y del narratario y de la enunciación narracional puede resultar difícil por la razón de que un texto puede optar por ocultar la enunciación narracional dentro de las acciones narrativas y el hablar. Si bien es difícil, distinguir entre enunciación actoral y narracional es importante para apreciar las diversas formas en que la enunciación narracional y su manifestación contribuyen al efecto textual general.

Más difícil aún de determinar e igualmente esencial para la comprensión del texto y su poder significante es la enunciación textual. Porque es en el nivel de la enunciación textual donde se ubican los valores fundamentales articulados en ya través de los acontecimientos narrativos y narrativos.

Definir el discurso narrativo en términos enunciativos es de gran importancia para dar una descripción estructural, en lugar de histórica, de la parte del narrador en el efecto de significado del texto. En términos exegéticos tradicionales, la persona del evangelista se equipara con el enunciador narrativo y la audiencia del evangelista con el narratario del texto.

Sin embargo, como hemos sugerido, los roles discursivos del narrador y el narratario deben verse como construcciones textuales; son realidades intratextuales que deben distinguirse plenamente de las personas de carne y hueso responsables de la producción y recepción del texto original escrito u oral. Además, el narrador y el narratario son un factor tan importante en el desarrollo narrativo de un texto como las propias acciones narrativas, ya que la enunciación narracional es responsable en última instancia de la orquestación, el desarrollo y la interpretación de los acontecimientos en el nivel de la enunciación narrativa.

Al centrarnos en los roles narrativos en Juan 6, podemos identificar la forma en que el enunciador narrativo es responsable de dirigir el flujo de eventos narrados en el discurso a través de una estrategia de diversos grados de ausencia o presencia dentro del texto.

La presencia/ausencia del narrador es perceptible de varias maneras en Juan 6. Los indicios de la presencia del narrador dentro del texto no solo marcan un papel de “hablar/escuchar”, sino que también ayudan a señalar un cambio en el movimiento del lector implícito desde un nivel del texto a otro. Estos «cambiadores» pueden en algunos casos tomar una forma abierta y en otros casos encubierta.

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