Escribiendo los errores del mundo: la deconstrucción del texto bíblico en el contexto de las teologías de la liberación (Parte 4) – Estudio Bíblico

IV

Pero estos comentaristas marxistas en su mayoría reconocen que tales limitaciones no necesariamente caracterizan toda deconstrucción; es más bien que la deconstrucción estadounidense, en sus comienzos (particularmente los «críticos de Yale», Paul de Man, Geoffrey Hartman y J. Hillis Miller), representó una reducción del alcance, una «domesticación». (la frase es el título de Godzich y resume gran parte de Arac, Godzich y Martin; cf. también Leitch: 52–53, Culler: 133–34). Leitch comenta sobre la ausencia de marxismo, y de consideraciones sociopolíticas en general, de la deconstrucción estadounidense (100-02, 142; exceptúa a Jameson y Said).

Curiosamente, Leitch en otro lugar se queja de la falta, en el trabajo deconstructivo de De Man y Miller, del “mesianismo” que encuentra en Derrida: el sentido de querer cambiar el mundo (48, 197). De manera algo similar, Arac, Godzich y Martin ven tal deconstrucción como algo que encaja en una historia estadounidense de receptividad a las tendencias de vanguardia europeas, cuando nada estadounidense parece estar en juego (x-xi).

El estrechamiento más obvio ha sido el casi confinamiento de la deconstrucción a los departamentos literarios universitarios: a pesar de que Derrida es un filósofo, no es prominente en la filosofía norteamericana, y en otros campos existe en gran parte porque las personas la han adoptado.

Este giro hacia el texto literario es ampliamente criticado, en primer lugar, por malinterpretar lo que Derrida quiere decir con «textualidad» (Ryan: 103, 111-12; Arac, 1983a: 184-85; cf. también Godzich: 31-34); en segundo lugar, como revalorización del “canon” establecido de la literatura inglesa, los “clásicos”, por su concentración crítica en ellos (también se observa una disminución de los rendimientos, a medida que estas lecturas deconstructivas se vuelven cada vez más predecibles; Martin: xvii; Culler: 220 –21); finalmente, como afianzamiento metodológico de la neutralidad política (Eagleton, 1983: particularmente 143-47).

2. Recepción marxista más positiva

“Marx y Derrida, el marxismo crítico y la deconstrucción, están del mismo lado”. (Ryan: 102)
Los críticos que reconocen estas limitaciones de la deconstrucción estadounidense han comenzado a explorar el potencial de la deconstrucción para la crítica ideológica, siendo el de Ryan el intento de mayor alcance. Para algunos marxistas británicos “es el posestructuralismo de ‘izquierda’ el que es más radical y efectivamente deconstructivo” (Easthope: 133); los más destacados son Belsey y Eagleton.

Este último, que ha sido mordaz con los críticos de Yale, también ve un aspecto “ultraizquierdista” en la deconstrucción (1981: 134), e incluso acepta la de Derrida como “una práctica política en última instancia” (1983: 148). El más prominente de los críticos marxistas estadounidenses, Fredric Jameson, ha desarrollado un método exegético que es reconociblemente deconstructivo (por ejemplo, 110-19; el marxismo, según él, debe aceptar la «validez sectorial» de otros métodos para desarrollar el suyo propio adecuadamente [ 10]). (Cf. también la demanda de Spivak de «deconstrucción de clase», [263].

La percepción de una afinidad entre el marxismo y la deconstrucción no se limita a los marxistas mismos; cf. Butler, un crítico decididamente no marxista, 110-20, y, más en general, la atención a los problemas de liberación en un tratado sobre deconstrucción tan influyente como el de Culler.)

Algunos comentaristas perciben la crítica marxista como deconstructiva en sí misma. “El objeto de la deconstrucción del texto es examinar el proceso de su producción… el modo de producción, los materiales y su disposición en la obra”; esta definición de Belsey (104) debe más a los marxistas Althusser y Macherey que a Derrida. Incluso las «operaciones sobre los textos de la economía política burguesa» del propio Marx pueden considerarse desconstruccionistas (Eagleton, 1981: 142; cf. 168 y Ryan: 68).

Por otro lado, hay rasgos del marxismo que exigen una crítica deconstructiva desde dentro, dirigida al leninismo (Ryan: 193-212), economicismo (Belsey: 133), antifeminismo (Eagleton, 1981:138, 1983:148). –49). El tema de la deconstrucción del propio texto marxista emerge así como crítico.

Bajo el título del capítulo «Los límites del capital» (82-102), Ryan realiza en el texto de Marx lo que se podría llamar una deconstrucción «amistosa», deconstruyéndolo para que deconstruya mejor el capitalismo. Esta operación fascinante pero inestable me parece de importancia potencial para la discusión bíblica (ver más abajo, págs. 106-108).

3. Entre Dialéctica y Deconstrucción

“Los marxistas siempre podrán ‘contextualizar’ la deconstrucción como un reflejo del caos del capitalismo tardío; los deconstruccionistas siempre podrán responder que el contexto supera inevitablemente todos esos intentos de saturación semántica; y así indefinidamente.” (Parker: 165)

Algunas contribuciones indican la necesidad de cuestionar el marxismo de manera más incisiva (desde dentro o desde fuera) sobre la legitimidad de su «uso» de la deconstrucción (por ejemplo, la crítica de LaCapra a Jameson, 240-41; Spivak, 1985, y todo este número de Diacritics).

El más útil que he leído es el de Parker (cuyo título utilizo como encabezamiento de esta sección). Identifica dos explicaciones, para él inadecuadas, de la relación entre el marxismo y la deconstrucción, y propone una tercera. El primero es el simplemente oposicional.

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