Escribiendo los errores del mundo: la deconstrucción del texto bíblico en el contexto de las teologías de la liberación (Parte 2) – Estudio Bíblico

II

La “escena” que tengo en mente es principalmente la norteamericana; pero esta escena incluye, por supuesto, la recepción aquí de la discusión no estadounidense, por lo que esta sección fluctúa más bien entre «norteamericano» y «anglófono». El trasfondo francés, sin embargo, parecía digno de una breve revisión de su propias en la sección con ese título. Los estudios bíblicos los abordaré en «El discurso de los estudios bíblicos (I F)» y en «Ubicando al autor en la escena (I G)». Intentaré especificar mi propia ubicación y su relevancia para mi intervención en los debates.

B. Dos énfasis en la deconstrucción

“Es aquí donde la vacilación entre la escritura como descentramiento y la escritura como afirmación del juego es infinita”. (Derrida, 1978b: 297)

Elijo ver la escena teórica actual bajo la rúbrica de «deconstrucción», en lugar de alternativas como «posmodernismo». Esta elección está condicionada en gran medida por haber hecho mi trabajo literario sobre la Biblia en el contexto del estructuralismo, cuyo descendiente problemático es la deconstrucción (desde mi punto de vista, la deconstrucción no “se pone de cabeza” a un estructuralismo supuestamente positivista, sino que se burla de estructuralismo “una aguda conciencia autocrítica [que] estaba allí desde el principio”—Philip Lewis, citado en Culler: 25.

Para una orientación general a la deconstrucción, cf. Culler, Leitch; de particular valor para introducir la línea que tomaré son Belsey: 103–46 y Eagleton, 1983: 127–217).

Pero hay dos formas de pensar en la deconstrucción. El primero enfatiza la falta de fundamento del producto cultural particular y, eventualmente, de todo el sistema cultural del que forma parte. El producto cultural codifica no solo un sistema de oposiciones binarias, sino también el intento de valorar un término de cada oposición sobre el otro (cultura versus naturaleza, masculino versus femenino, teoría versus práctica, presencia versus ausencia, etc.; para listas típicas, ver Culler: 93, 150; Ryan: 9–16; Leitch: 171; Jones: 80–82 basándose en Cixous), sin ninguna justificación fuera de los axiomas operativos en la cultura.

El trabajo de deconstrucción bajo este énfasis puede describirse de diversas formas (cf. el resumen de los movimientos deconstructivos en Culler: 150; también Gallop, 1982a:xi-xii): el producto puede analizarse en términos de lo que debe intentar (pero siempre falla). ) excluir para mantener su apariencia de “lógica”; o en términos de “síntomas”, el analista busca “los puntos en los que se hacen sentir las tensiones de un intento de sostener o imponer conclusiones logocéntricas” (Culler: 213, cf. 205).

Pero tal análisis no puede hacerse desde algún lugar imaginario fuera del sistema cultural. Sólo podemos subvertirlo desde adentro, en sus propios términos; analizamos el sistema como parte de él, aceptando nuestra “complicidad” (Spivak, 1982:262-63). Lo que nos enfrenta no es un sistema de valores absurdos o arbitrarios, sino un sistema que consagra lo que parece “inevitable”, lo que simplemente es “así”, también para nosotros.

El segundo énfasis está en la infinitud del proceso interpretativo que indica la deconstrucción. El análisis de cualquier producto cultural será otro producto cultural, tan susceptible de deconstrucción como el primero. Lo que se analiza queda finalmente vacío de sentido, o lo que es lo mismo, genera una infinita plenitud de sentido, de modo que su “sentido” es indeterminado. Según el analista, esta situación puede ocasionar angustia ante el “abismo” del sinsentido, o un gozoso abandono de sí mismo al “libre juego” de los significados.

No se trata aquí de dos definiciones alternativas de deconstrucción, entre las cuales uno podría elegir; más bien, la tensión entre los énfasis es lo que constituye la deconstrucción (cf. el epígrafe de esta sección; más adelante los dos énfasis, Spivak, 1982: 262-63; Culler: 28). Se han convertido, injustificadamente, en focos de prácticas deconstructivas muy diferentes; el primero por una crítica cultural general centrada en la tradición filosófica occidental, el segundo por una tendencia en la crítica literaria, habiéndose convertido el texto literario en el dominio privilegiado del “juego de sentido” (cf. infra p. 87).

Para mi propósito inmediato, los dos énfasis proporcionan un camino hacia el debate entre la deconstrucción y la liberación. El énfasis en la falta de conexión a tierra parece muy útil en un contexto de liberación; entre las oposiciones binarias convertidas en juicios de valor que la deconstrucción descompone se incluyen las que conciernen directamente a la liberación (cf. Culler: 156-79, sobre “Instituciones e inversiones”). Hombre versus mujer es lo más obvio; pero no es difícil pensar en otras oposiciones que son a la vez fundamentales para ciertos discursos e inseparables de la jerarquización y la opresión políticas (por ejemplo, trabajo mental versus trabajo manual, Ryan: 13).

¿Qué más están haciendo los movimientos de liberación, a nivel de teoría, que deconstruir una tradición de opresión, exponiéndola finalmente como arbitraria? El énfasis en el “juego libre” o la “indeterminación”, por otro lado, parece inútil, pues tiende al indiferentismo político.

Esta distinción es útil a corto plazo; pero a la larga, los dos énfasis tendrán que ser pensados ​​juntos, incluso y especialmente en un contexto de liberación (cf. «Deconstrucción y una hermenéutica ‘positiva'» más abajo, p. 106-08).

Publicada el
Categorizado como Estudios