Entre el lector y el texto: una respuesta general (Parte 5) – Estudio Bíblico

V

Propongo que la teoría de la lengua y la cultura de René Girard ayude a explicar esta situación marginal crear una nueva fuente anterior y reconocer la validez de otra autoridad. Siempre que se hayan insertado las genealogías, hacer de ellas los puntos de referencia significa que los responsables de interpretar la creación y la historia como genealogía, así como las obras producidas por este grupo (Génesis, Torá en su forma final), han determinado la proceso de lectura Del mismo modo, si Salomón está en el camino correcto en su argumento sobre la estructura de la historia del Cronista, y me encuentro de acuerdo con su análisis en su mayor parte, entonces hubo una determinación del proceso de lectura a gran escala.

En el período posterior al exilio, la revisión sacerdotal de la historia de Israel logró un nuevo sentido de anterioridad y una nueva fuente de autoridad que aún afecta nuestro enfoque de los textos.

Por supuesto, un nuevo pasado, una nueva lectura, una nueva obra que se lee, todo esto constituye una “narrativa”, un “todo” de algún tipo que se produce entre el texto y la reconstrucción del mismo por parte del lector.

III Género y Narrativa

La narrativa es algo engañoso, como lo es el lenguaje en general (Ver Semeia Bal, 1988: 136-37). Es decir, se puede argumentar que la ambigüedad y la tendencia al engaño son inherentes a la estructura misma de los signos. Volveré sobre esta proposición en breve, después de dar mis comentarios sobre el ensayo de Bird.
El estudio de Bird es una rica exploración del arte literario y su relación con la realidad histórica. Lo que sí comentaría es la “ubicación” de la ramera como protagonista en el sentido literario, social y semántico. Bird resume en la última oración de su resumen:

El estudio argumenta que cada uno de los textos [Gen 38:1–26; Josué 2:1–24; I Reyes 3:16-27] requiere como presupuesto una visión de la ramera como una figura marginal en la sociedad, tolerada pero despreciada, y esa ambivalencia fundamental hacia el papel de la ramera no se resuelve con ninguna acción de la ramera, ya sea en la literatura o en la vida.

En mi opinión, la palabra clave es marginal: la ramera es como las figuras femeninas de muchos relatos bíblicos y mitos del antiguo Cercano Oriente, pero al mismo tiempo su posición es aún más ambigua y tenue (véanse los ensayos en Exum y Bos). Ella está al margen de las personas y roles socialmente aceptables. Por otro lado, como marginal es diferente hasta el punto de ser demasiado diferente.

Si uno distingue entre los signos de la víctima potencial dentro del orden social y la víctima potencial fuera del orden social, entonces la ramera tiene todas las marcas de la víctima potencial dentro del orden social (ver Girard, 1986).

Es interesante que dos de los relatos discutidos por Bird ocurren en relación con una frontera o alguna situación marginal llena de confusión. En la historia de Tamar, el escenario es cananeo o no israelita. No está claro si Tamar misma es cananea, pero la cadena de eventos se pone en marcha cuando Judá “descendió de sus hermanos” (Gén. 39:1), es decir, partió del reino de la comunidad israelita.

En el relato de Rahab y los espías israelitas, la casa de Rahab está ubicada en el muro de la ciudad. Al igual que las archi-madres y otras mujeres importantes en las narraciones bíblicas, Rahab funciona como mediadora entre el protagonista masculino y un mundo amenazante (ver Williams, 1982: 114-23).

Sería interesante determinar cuántas de las mujeres significativas en las historias bíblicas aparecen en situaciones marginales o incluso en las fronteras según la geografía de la narración, y comparar estos resultados con un estudio de hombres en situaciones marginales y en las fronteras. Uno esperaría, por supuesto, que las figuras masculinas masculinas estuvieran en los límites, ya que una de las características esenciales de la narrativa israelita antigua, como en el mito en general, es que las figuras fundadoras cruzan los límites hacia zonas de prueba o hacia regiones donde se puede obtener una bendición.

No obstante, si un mayor porcentaje de mujeres se localizara o particularizara en dichos escenarios, sería un dato significativo. Al reflexionar inmediatamente sobre la pregunta, pienso en estas mujeres que actúan en una frontera o en territorio extranjero o están asociadas con una tierra extranjera: Dalila (¿en territorio filisteo?); Ester (llevada a la corte persa); Agar (egipcia, es arrojada al desierto); Rut (moabita, cruza a Judá con Noemí); Sara (como esposa-hermana en Egipto y Gerar); Séfora (en el camino de la península del Sinaí a Egipto). Luego hay muchos otros que aparecen en una situación de confusión o crisis. ¿Hay un patrón aquí?

A lo que me refiero es a la posibilidad de que la forma misma de la narrativa, en particular en la medida en que surge de la cultura patriarcal, lleve consigo un conjunto de suposiciones sobre las mujeres en el mundo, sobre la relación de la mujer y el mundo. Las relaciones mujer/mundo, mujer/hombre, mujer/Dios, etc. se actualizan en situaciones límite en las que la mujer, en virtud de su condición muy tenue, a veces marginal, puede llevar al protagonista masculino a cruzar el umbral hacia una vida más segura o mejor. zona para su supervivencia y éxito.

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