Elecciones en Cristo (Parte 17) – Estudio Bíblico

XVII

De lo que antecede es evidente que nuestra reflexión sobre la elección en Cristo y en conexión con la del pactum salutis no produce una doctrina abstracta de la elección. Pero tal abstracción es un peligro continuo para la doctrina, como lo demuestra su historia, y debe evitarse continuamente.

El testimonio de la Escritura sobre el mensaje del decreto de Dios “antes de la fundación del mundo” no separa al hombre del evangelio, sino que lo acerca a él. Decir que el consejo de Dios es eterno para hacerlo remoto, sino para garantizar la realidad inviolable de lo cercano. El ocultamiento no se contrapone aquí a la revelación, sino que el misterio de la voluntad de Dios queda libre para siempre de toda contingencia y arbitrariedad. Y se hace claro cuán imposible es abstraer la elección de Dios de Jesucristo, la Palabra que se hizo carne. Por esta imposibilidad, Jesucristo es verdaderamente el espejo de la elección y por eso el mensaje pastoral encuentra en Él un fundamento inamovible.

Cuando se hace así evidente que el camino de la salvación no se vuelve problemático a causa de la “profundidad” de la eternidad, se iluminan también las numerosas cuestiones que a veces amenazan la paz del corazón del hombre. La seriedad con que se atormenta acerca de estas cuestiones parece, pues, el correlato necesario de este sentimiento de profundidad, y la larga duración de esta crisis es indicativa de que recorre un camino que no se puede recorrer.

Es el modo en que el hombre busca una solución praeter consilium Dei, al margen del consejo de Dios, que, según la Escritura y la confesión, sólo se nos revela en Cristo (cf. Hch 20, 27).

A pesar del mensaje de salvación, el problema del primer decreto, y por tanto del último, sigue llamando a la puerta del corazón del hombre hasta que se escucha la llamada apremiante: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apoc. 3:20).
Si en alguna parte, entonces aquí se aplican las palabras: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Ap. 3:22). ¡Veni, Spiritus Creador!

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