Elección y predicación del evangelio (Parte 5) – Estudio Bíblico

V

Y cuando el Dr. K. Schilder intentó arrojar algo de luz sobre la lucha estadounidense, advirtió agudamente contra el concepto arminiano de «oferta» por el cual Dios da en Cristo la posibilidad de salvación y luego ofrece esa salvación y deja la decisión al hombre.23 Schilder tenía razón cuando señaló que de esta manera no se hacía justicia ni a las Escrituras ni a los Cánones. Pero, como suele ser el caso cuando un conflicto doctrinal parece estar basado en una interpretación de palabras, más tarde en motivos más profundos vienen a la palestra.

Las críticas de Schilder no aflojaron la tensión. Además, ya se había hecho evidente que quienes mantenían la oferta de salvación no tenían en mente el tipo de “oferta” criticada por Hoeksema y Schilder. Debemos recordar aquí que en los Cánones la palabra “oferta” aparece en un contexto especial: “Cristo ofrecido en el evangelio” (CD, III y IV, 9).

Esto nos confronta inmediatamente con el poder y el énfasis de la predicación del evangelio, que es algo completamente diferente a una “oferta” que puede aceptarse o rechazarse a voluntad. Schilder señaló correctamente que cuando esta oferta es rechazada por incredulidad, hace que un hombre sea moralmente reprobable. Y este hecho, aunque está en constante peligro de oscurecerse, aportó considerable luz a la discusión.

Pero incluso después de que se eliminó parte de la ambigüedad de la «oferta», la controversia no terminó. El conflicto fue más que una cuestión de lenguaje y tiene un significado mucho más allá de la situación estadounidense. Creemos que el trasfondo del conflicto se encuentra en la doctrina de la elección misma, de la que surgió el ferviente rechazo de Hoeksema a la oferta general de salvación.

Debido a que procedía de la luz aguda y la sombra negra, el amor y el odio eternos de Dios, Hoeksema no podía entender el primer punto de la declaración hecha por el Sínodo de la Iglesia Cristiana Reformada de 1924 con respecto al «amor general hacia el hombre», excepto como un paso hacia la humanización del concepto de Dios. Vimos en otra parte que desde varios lados se han levantado protestas contra tal humanización, pero sería injusto equiparar aquí a Hoeksema con Volz, Otto y Snethlage.

Hay, sin embargo, un punto de contacto entre ellos cuando, por ejemplo, los aspectos de la soberanía se enfatizan demasiado a costa de la armonía de las Escrituras. Pero a diferencia de Volz, Otto y Snethlage, Hoeksema ve todo a la luz de su severo concepto de predestinación que limita el kerygma a los elegidos y se lo niega a los réprobos. El kerygma se altera completamente por este principio de explicación, y aunque los elegidos y los réprobos son desconocidos, esta distinción interfiere desde el principio con la predicación del evangelio.24

La crisis de este modo de pensar acerca del evangelio se hace evidente en la tensión que se suscita entre sujeto y objeto. La exigencia de creer y arrepentirse se dirige a todos, pero lo que debe creer un hombre que se considera rechazado se vuelve completamente incierto. Porque este hombre, parado bajo el deslumbrante reflector de la predicación, no se enfrenta a una invitación sino a la realidad del rechazo. A la luz de esta suposición, ya no puede ser llamado a creer en Cristo y en la salvación. No queda lugar para la perspectiva de los Cánones, que relacionan la llamada con lo que es bueno a los ojos de Dios, a saber, que los llamados se acerquen a Él.25

La seriedad de la lucha acerca de la naturaleza de la predicación del evangelio se hace aún más evidente cuando consideramos que una opinión completamente diferente acerca de la predicación del evangelio ha ejercido una tremenda influencia, a saber, el llamado universalismo. Precisamente porque los adversarios de la oferta general de salvación están fuertemente en contra del universalismo, es imposible ignorarlo.

El universalismo no debe identificarse simplemente con la doctrina de la reconciliación general. Existe también un universalismo que tiene en cuenta el rechazo del evangelio por parte del hombre, de manera que la oferta universal no se realiza y hace efectiva en cada individuo. Este universalismo lleva a la conclusión de que la decisión es del hombre. Los que se oponen a la oferta general de salvación la resisten fuertemente y argumentan que en este universalismo se ignoran las amplias y amplias intenciones de Dios. Dios se convierte en un Dios que espera, que en su impotencia se ha humanizado realmente.

Por lo tanto, surge naturalmente la pregunta de si este universalismo es fiel al testimonio bíblico con respecto a la libre elección de Dios.

Las preguntas sobre el universalismo, especialmente en los últimos tiempos, se concentran en la doctrina de la elección de Barth, pues con él se produce una peculiar mutación. En el universalismo original se trata de una oferta universal porque Cristo murió por todos, y la elección queda por el momento en un segundo plano. Pero con Barth, la muerte de Cristo toca precisamente la elección de todos, elección que se ha hecho manifiesta en la muerte de Cristo.

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