Elección y predicación del evangelio (Parte 14) – Estudio Bíblico

XIV

Es por eso que no está permitido decir que el endurecimiento del corazón es el correlato de la reprobación e interpretar todos los textos de las Escrituras bajo esa luz. El que así petrifica todo lo que en la Escritura es fluido —bajo la amonestación divina— ya no puede ver cómo es posible que la irrevocabilidad del endurecimiento del corazón pueda ser limitada y quitada por Dios (cf. Jer. 7:21-28).

Pero la Escritura menciona también que Dios endurece el corazón del hombre. Piense, por ejemplo, en la negativa de Faraón a dejar que Israel saliera de Egipto. Leemos no solo del endurecimiento de Faraón, sino también de la obra soberana de Dios. Él anuncia que endurecerá el corazón de Faraón (ver Ex. 4:21; 7:3; 9:12; 10:1, 20, 27; 11:10; 14:4), mientras que Pablo en Romanos 9 señala precisamente esto acto de Dios como un acto de Su soberanía. No es una soberanía arbitraria, sino un acto en el que Dios hace de Faraón una herramienta en la revelación de Su poder y gloria en Israel.

Asimismo, leemos de Sehón que Dios endureció su mente y su corazón para “entregarlo en tu mano” (Deut. 2:30). Pero también se menciona el endurecimiento dentro de la nación de Israel. Esto a menudo se indica en términos que apuntan a una continuación en el pecado. El pecado no es un hecho incidental que pronto pertenece al pasado; es traspasar, y provoca la reacción de la santidad y la ira de Dios.

Entonces puede suceder que Él abandone a todo Su pueblo, oa individuos entre ellos, y así revele Su justicia santa y majestuosa (Rom 1, 24). Vemos tal acto judicial de Dios en lo que Esteban relata acerca del becerro de oro cuando dice: “Pero Dios se volvió y los entregó para servir al ejército del cielo” (Hechos 7:42).

El texto de Isaías ha llamado mucho la atención en este sentido porque juega un papel importante en el Nuevo Testamento. Después de que Isaías fue llamado al servicio, se le dijo que dijera a su pueblo: “Oíd bien, pero no entendáis; y veréis a la verdad, pero no percibiréis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y cierra sus ojos; no sea que vean con sus ojos, y oigan con sus oídos, y con su corazón entiendan, y se conviertan y sean sanados” (Isaías 6:9-10).

Es casi incomprensible que este pasaje haya sido citado como “prueba” del endurecimiento de los réprobos desde la eternidad. En Isaías 6 ciertamente se menciona un acto de juicio, pero en ese acto de Dios el asunto no es el propósito evidente de predicar visto a la luz de la reprobación. Más bien, este pasaje tiene que ver con los pecados de Israel. No se puede negar que el endurecimiento se indica como el propósito de la misión de Isaías, pero esta palabra solo se puede entender si se la ve como un justo juicio contra el pecado del pueblo. El efecto endurecedor de su predicación está inseparablemente conectado con eso.

Además, Isaías no estabiliza este endurecimiento en su pensamiento, sino que responde en oración: “¿Hasta cuándo, Señor?” —cuestión cuyo alcance es completamente contrario a aquella interpretación que sostiene que no hay misterio en Isaías 6, ya que un niño puede comprender que no se trata de una oferta seria de gracia.52 Es precisamente este capítulo el que habla de un remanente santo (Isaías 6:13). Y es Israel el que se lamenta: “Oh Jehová, ¿por qué nos haces desviar de tus caminos, y endureces nuestro corazón a causa de tu temor? vuélvete por amor de tus siervos, las tribus de tu heredad” (Isaías 63:17).

Es comprensible que particularmente Isaías 6 pase tan claramente al frente en el Nuevo Testamento. Hesse comenta que este capítulo sigue siendo difícil de armonizar con la experiencia religiosa y, por lo tanto, se mantiene por sí mismo. 53 Pero sí señala la continuación de Israel en el Nuevo Testamento donde se encuentra ante Cristo como el cumplimiento de la salvación de Dios. Con eso, nos enfrentamos a un paralelo muy discutido en relación con el propósito de la predicación, especialmente en las parábolas.

Cristo dijo que les dio el significado de la parábola del sembrador a sus discípulos para que pudieran entender los misterios del Reino, pero “a los demás en parábolas; para que viendo no vean, y oyendo no entiendan” (Lucas 8:9–10).

Ha habido mucha discusión acerca de esta cita de Isaías, especialmente en relación con las variaciones en los evangelios sinópticos, y la discusión se ha concentrado en la parte de Dios en el endurecimiento del corazón del hombre. Aquí debemos tener cuidado de no minimizar la gravedad del problema. No podemos juzgar con autoridad estas referencias bíblicas sobre la base de un concepto de Dios construido por nosotros mismos. Dichos pasajes hablan de los actos de Dios contra y a través del pecado, de los cuales la Escritura habla con frecuencia. 54

Además, todo intento de debilitar las palabras de Cristo debe ser rechazado; deben entenderse en su profundo significado. Al mismo tiempo, debe recordarse que no debemos darles un significado «duro» que en realidad no les pertenece. Podemos abogar por el reconocimiento de la soberanía de Dios, pero debemos tener cuidado de que no se le adjunte ninguna interpretación determinista

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