Elección y arbitrariedad (Parte 17) – Estudio Bíblico

XVII

La Escritura da abundante evidencia de esto. Jehová es un Dios de sorpresas y sus caminos son más altos que nuestros caminos, sus pensamientos más profundos que nuestros pensamientos, pero nada puede cambiar lo que ha revelado acerca de Él “no deja caer a tierra ninguna de sus palabras” (1 Samuel 3:19).

Esto no limita y humaniza la grandeza y gloria y majestad de Dios. Más bien, estos se hacen evidentes precisamente en la confiabilidad de Su revelación. La correlación entre fe y salvación no toma a veces un carácter diferente y se convierte, por ejemplo, en una correlación entre lo horrible y lo temible en Dios. Más bien, todos los aspectos de los atributos de Dios se revelan en la revelación de Su pacto.

Cuando Volz escribe que el Dios del Antiguo Testamento no puede ser “un Dios supermaravilloso”, sino que debemos recuperar precisamente estos rasgos,54 entonces se puede decir que quien juzga mal la ira y la santidad de Dios no sabe qué hace y humaniza el concepto de Dios, porque lo apasionante y maravilloso del Antiguo Testamento es que Dios no es demoníaco y arbitrario. Los atributos de Dios se revelan a lo largo de toda Su revelación y en todos los aspectos de Su santo pacto, pero nunca restan valor a Su confiabilidad.

Esa es la razón por la cual Dios siempre regresa a Sus propias palabras en recordatorio y amonestación, en promesa y en amenaza. Su Palabra permanece para siempre, y las fiestas de Israel son una prueba sólida55 de que la historia de la salvación no consiste en una serie de actos contingentes de Dios sin coherencia ni razón. Israel ha sido culpable en su respuesta, no por las obras contingentes de Dios, sino por la confiabilidad de la Palabra de Dios.

La amenaza de la idea de la arbitrariedad en Dios en ninguna parte es más evidente que cuando Volz, para mostrar lo que él cree esencial en la religión, no cita las palabras divinas sobre buscarlo y encontrarlo, sino las de Pablo: “Tendré misericordia del que tenga misericordia”. ” (Romanos 9:15).

Cualquiera que, por el bien de encontrar lo esencial en la religión, comience a elegir y barajar los énfasis, no reconoce que este problema es irreal para Pablo. Es el mismo Pablo quien pronuncia estas palabras acerca de la gracia soberana de Dios (Rom. 9:15), y quien cita las de Isaías: “Fui hallado de los que no me buscaban; Me manifesté a los que no me preguntaban” (Rom. 10:20; véase el v. 21).

Ambos pasajes son esenciales. Quien separe la soberanía de Dios de estos contextos puede protestar con vehemencia contra la humanización del concepto de Dios, pero debe pagar el precio de “demonizarlo”, lo que no es menos reprochable, pues ya no distingue la soberanía de Dios de un “absoluto”. poder” que en su arbitrariedad amenaza el orden mismo de la salvación.

Encontramos pensamientos similares con Snethlage, quien argumenta ardientemente a favor de lo que podemos llamar un concepto “demoníaco” de predestinación. Ataca a la Iglesia por estar tan infectada de humanismo que ya casi no puede creer en la predestinación, y mucho menos confesarla en el mundo moderno. Él cree que siempre que la predestinación no esté en primer plano, el moralismo debe cargar con la culpa.56
Para hombres como Aulen, el amor de Dios es central, pero se caracteriza como un amor general por la humanidad.

Ya no se entiende como amor de Padre, que es exclusivo. El concepto de Padre, que excluye automáticamente a los que no son hijos del Padre, implica la idea de la predestinación. Snethlage quiere abogar por una interpretación antimoralista del cristianismo tal como la encuentra en Jesús, Pablo, Agustín, los reformadores y los jansenistas. No quiere aceptar el concepto humanizado del Dios de la Ilustración del que se han eliminado todos los aspectos que inspiran terror y miedo.57

Snethlage encuentra que el núcleo del cristianismo auténtico está descuidado en todas partes en la actualidad. “¿Qué sucede entonces con la predestinación, piedra angular del cristianismo y de la Reforma?” 58 ¿Por qué, en la predicación del evangelio, apenas escuchamos una sola palabra sobre la predestinación? El cristianismo original, trágico-dramático, se ha desvanecido. Ya no se comprende el ardor con el que el Sínodo de Dort una vez defendió la naturaleza particularista del amor de Dios y rechazó como el summum de la impiedad la posición de los arminianos de que Cristo murió por todas las personas.59

Los rasgos “demoníacos” del concepto de Dios del Antiguo Testamento se han olvidado, a saber, que Dios es una Majestad que inspira terror y que el volcán Sinaí nunca se ha extinguido. Y como en el Antiguo Testamento, así también en el Nuevo Testamento, el amor, según Snethlage, no es más que un “amor demoníaco de un Dios demoníaco, que, sin explicar por qué, echa fuera al invitado de boda que ha prestado oídos a la invitación pero se encuentra sin el signo de la elección.60

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