Elección y arbitrariedad (Parte 16) – Estudio Bíblico

XVI

En esta humanización antropocéntrica del concepto de Dios, no Dios, sino el hombre tiene una importancia central, y el amor de Dios ya no se entiende como amor soberano. Sin embargo, bajo la presión de los eventos catastróficos del siglo XX, otros aspectos del concepto de Dios han adquirido importancia; en reacción a esta humanización no bíblica han aparecido nuevos motivos en la teología del siglo XX, motivos que hablan nuevamente de la trascendencia de Dios y de su soberanía. Aulen, por ejemplo, se refiere al motivo de la santidad y a los motivos dualistas-dramáticos, escatológicos y sociales. 44

Todos estos reflejan uncambio radical en el concepto de Dios, pues en ellos se ve de nuevo a Dios en su divina independencia.

No se puede negar que en nuestro siglo estos cambios de énfasis se han hecho evidentes. Se ha hecho un intento de volver a pensar teocéntricamente. En tal situación, el énfasis antropológico e individualista ya no puede decir nada de valor acerca de Dios. En cambio, la irracionalidad de la idea de Dios ha pasado a primer plano como un concepto supuestamente más bíblico que la interpretación antropocéntrica del cristianismo que hizo de Dios una proyección de los deseos y juicios de valor del hombre.

Es comprensible que este cambio afectó también a la exégesis de la Escritura, para mostrar que no se trataba sólo de las tendencias irracionalistas de la época, sino de un acercamiento nuevo y más cercano al antiguo mensaje de la Escritura. Das Dämonische in Jahwe (1924) de Paul Volz lo revela. En el contexto de lo que se ha dicho de Volz en otro lugar, 45 ahora queremos centrar nuestra atención en un solo punto que hace: la conexión entre este aspecto demoníaco en Dios y la idea de arbitrariedad en Él.

Según Volz, especialmente la presentación de Dios en el Antiguo Testamento revela inconfundibles características “demoníacas”. Volz ni siquiera duda en decir «casi satánico». Nosotros, como lectores cristianos del Antiguo Testamento, no somos conscientes de eso, piensa Volz. Hemos estado respirando en un clima completamente diferente y nos resulta difícil “ver y comprender detrás de la presentación del Dios justo y sabio que es un Padre misericordioso y amoroso, el poder elemental, el terror del concepto de Dios del Antiguo Testamento”. 46

Ya no vemos a este Jahve del Antiguo Testamento que dirige Su “ira demoníaca” contra Sus enemigos; pero “el efecto es aún más siniestro y demoníaco cuando Jahve arremete contra Su propio pueblo escogido”. 47 En el Antiguo Testamento encontramos casos “donde Jahve aparece como un ser demoníaco, y la creencia en Él se mezcla con el horror”. 48

Para Volz, este concepto demoníaco de Dios no es la presentación de un pasado oscuro y primitivo que ahora ha perdido todo significado. Es algo real y permanente, y la piedad real siempre nos confronta con ello. No “si me buscas de todo corazón, me encontrarás”, sino “tendré misericordia del que yo tenga misericordia” es la clave de las Escrituras para las fuentes originales de la religión.

El que no entiende esto, no conoce religión. “Solo cuando el concepto que tiene el hombre de Dios y la piedad del hombre incorporan la idea del poder, la fuerza aterradora y la timidez acobardada, cuando el Dios justo y misericordioso también se ha convertido en el Terrible, solo entonces nos encontramos ante la inmensidad de la Deidad y en el umbral que conduce a las alturas de la fe.49

Este modo de pensar es inaceptable por más razones que solo por su terminología. Incluso si Volz solo tuviera la intención de protestar contra un concepto humanizado de Dios, aún no sería permisible emplear sus términos. Pero su uso implica más. Volz no pretende criticar a este Dios “demoníaco”, como tampoco pretende ser crítico el concepto de arbitrariedad. Más bien, en su visión de lo demoníaco en Jahve, Volz pretende acentuar lo irracional en Dios, Su elevada posición muy por encima de toda racionalidad humana, una visión que sitúa a Volz con Rudolf Otto.

Pero llama la atención que en esta irracionalidad se debilite la conexión entre la culpa y la ira de Dios. Este debilitamiento ejerce su influencia sobre la relación entre el hombre y la salvación de Dios y lleva la incertidumbre a esa relación.

Ciertamente, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento leemos acerca de la ira de Dios, tanto contra su propio pueblo como contra sus enemigos, pero en ninguna parte está separada de la santidad perfecta que reacciona contra la culpa. Eso explica que Su ira puede alcanzar proporciones tremendas,50 y, sin embargo, carece por completo de los rasgos demoníacos,51 de modo que en el arrepentimiento y la fe siempre hay una manera de volverse de la ira a la gracia. Pero los supuestos aspectos “demoníacos” en la ira y el celo del Señor bloquean este camino.

Defienden la irracionalidad de la libertad de Dios y no dejan lugar a una manera por la cual la ira de Dios pueda ser apartada en arrepentimiento y oración y aceptación del juicio de Dios. Este volverse no es arbitrario, sino lleno de gracia divina.5253 En este volverse de la ira a la gracia se reconoce la soberanía de Dios. Este giro nunca es algo natural, sino que se vive y se reconoce como misericordia, precisamente por su libertad.

Por eso, la predicación de la ira de Dios —cualesquiera que sean las proporciones que asuma— nunca afecta la base de la confianza, siempre que esta confianza redescubra el camino hacia el corazón de Dios al experimentar su juicio y su justicia. La arbitrariedad está tan alejada de la ira de Dios que vemos repetidamente que Él está airado contra Su pueblo para que regresen a Él.

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