Elección y arbitrariedad (Parte 15) – Estudio Bíblico

XV

Hay una tercera vía entre la potentia absoluta y la sujeción de Dios a una ley. Esa tercera vía es la vía de la revelación. Esa revelación no es mera apariencia sino realidad fidedigna. Cuando la Iglesia antigua combatió el concepto modalista de la Trinidad, su motivo más profundo fue evitar una devaluación de la revelación acerca de Dios y su confiabilidad.

La misma protesta habrá que levantar contra todo concepto que amenace la revelación poniendo un poder absoluto detrás de esa revelación. En la controversia sobre la arbitrariedad, la confiabilidad de la revelación y todas están en juego procesos de salvación.

Los actos significativos de Dios no nos permiten aceptar la salvación en su realidad como una realidad extraña e irracional. Con todos los santos podemos conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento para que “seamos llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:18, 19). El conocimiento que supera al conocimiento no es un juego intelectual, lleno de atrevidas paradojas; es el conocimiento por medio del cual se revelan la anchura, la longitud, la altura y la profundidad. Este conocimiento no es el conocimiento que envanece, sino el conocimiento que edifica (1 Cor. 8:1).

Debe quedar claro cuánto está conectado todo esto con la doctrina de la elección. No es sin razón que discutimos estas cuestiones acerca de la arbitrariedad al comienzo mismo de nuestra discusión sobre la elección, ya que a menudo se identifican elección y arbitrariedad. Pero las Escrituras insisten repetidamente en que no hay lugar en nuestro sentir y pensar para ninguna analogía entre la arbitrariedad humana y los actos soberanos y misericordiosos de Dios.40

Si en alguna parte, entonces aquí la analogía significa una transgresión fatal de los límites que debemos observar. Tal transgresión es una violación de la plenitud y los atributos de Dios, que el cristiano proclama como los atributos de Aquel que lo llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9). La maravilla de esta luz está tan alejada de toda sombra como lo está el este del oeste.

Sabemos que no podremos discutir la elección de Dios apropiadamente sin recordarnos continuamente que no hay arbitrariedad en los actos de Dios. Nunca será posible encontrar una solución para las cuestiones de la doctrina de la elección de manera indeterminista porque tal enfoque afectaría la libertad de la elección de Dios. 41

Y debemos recordar que esta libertad se distingue claramente de toda arbitrariedad y oscura irracionalidad. Es de gran importancia que en la revelación sobre la elección brille la luz de la no arbitrariedad. Es la luz de la elección de Dios que se hace visible cuando escuchamos que Dios ha elegido a los pobres para que sean ricos en fe y herederos del Reino (Santiago 2:5); que ha elegido lo necio, lo débil y lo despreciado, para avergonzar a los sabios y fuertes; que Él escogió las cosas que no son, para deshacer las cosas que son, a fin de que ninguna carne se gloríe delante de Dios (1 Corintios 1:26-29).

Es la luz de la elección que brilla en el evangelio cuando la venida de Cristo se dirige a buscar a los perdidos, y cuando llama al arrepentimiento, no a los justos, sino a los pecadores. Esto no es arbitrariedad; esto no significa que ya no haya distinción entre el bien y el mal.

Cuando el hombre obstinadamente malinterpreta el mandato y la santidad de Dios, entonces la elección bien puede volverse arbitraria para él. Leemos en la Escritura que Dios justifica a los impíos (Rom 4, 5), pero hay que recordar que todo aquel que traspone esta justificación divina a un juicio humano se hace culpable de la más grave arbitrariedad. “¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, ya lo bueno malo; que ponen tinieblas por luz, y luz por tinieblas; que ponen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!” (Isaías 5:20).

Eso no es más que un rechazo moralmente arbitrario de la ley del Señor y un desprecio de la palabra del Santo de Israel (Is. 5:24) y que puede tomar tales proporciones que se trastorna todo el orden de la vida: “ que justifican al impío por cohecho, y quitan de él la justicia del justo” (Isaías 5:23). “El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos por igual son abominación a Jehová” (Proverbios 17:15).

¡Qué abismo hay aquí entre la no arbitrariedad divina y la arbitrariedad humana! Quien haya entendido esta radical diferencia, estará en guardia para no participar en la socavación de la confianza en Dios y de la certeza de la salvación, porque tal participación lleva eventualmente a pensar en la arbitrariedad de Dios.42

Antes de terminar este capítulo queremos señalar que en nuestra época se han adelantado varios pensamientos que difícilmente pueden distinguirse del concepto de arbitrariedad en Dios. Pensamos especialmente en la protesta ardiente que surgió contra el concepto humanizado de Dios en el que Él se medía según los estándares humanos de amor, benevolencia y tolerancia. 43

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