El proceso metafórico (Parte 9) – Estudio Bíblico

IX

En efecto, una metáfora nunca viene sola. Una metáfora llama a otra y en conjunto se mantienen vivas gracias a su tensión mutua y al poder de cada una de evocar a toda la red. Por ejemplo, en la tradición hebrea Dios es llamado Rey, Padre, Esposo, Señor, Pastor, Juez, y también Roca, Fortaleza, Redentor, etc. Surgen así ciertas metáforas que reúnen varias metáforas parciales prestadas de diferentes campos de experiencia y proporcionarles una especie de equilibrio.

Estas metáforas “raíces” tienen una capacidad particular para engendrar un número ilimitado de interpretaciones potenciales a un nivel más conceptual. Por lo tanto, ambos reúnen y difunden. Reúnen metáforas subordinadas y difunden nuevas corrientes de pensamiento.

2.36 Las narrativas ficticias parecen constituir una clase distintiva de procesos metafóricos. Los portadores de la metáfora no son las frases individuales de los relatos, sino la estructura total, los relatos como un todo, lo que Aristóteles había llamado el mito en el poema. Podríamos hablar entonces de la función escénica de la parábola, en el sentido que le da el profesor Lorenzer a esta palabra en su interpretación del psicoanálisis (donde habla de “escena neurótica”, de “escena primitiva”, de “escena transferencial”).

Podríamos decir, del mismo modo, que lo que funciona metafóricamente en la parábola no es otra cosa que la narración tomada como escénica. Esto explica por qué no hay tensión entre unas palabras tomadas literalmente y otras palabras tomadas metafóricamente, sino cómo la función figurativa es asumida por el relato como tal, y cómo se produce entonces la tensión entre la escena y la cotidianidad y la realidad.

2.37 En este punto, la parábola es la contrapartida metafórica más cercana a lo que aparece como modelo en la teoría de la ciencia. Sólo los conjuntos de metáforas y metáforas-narrativas muestran una articulación y una estabilidad similar a la de los modelos científicos, tal como los describimos en la segunda parte de esta sección. La gran ventaja de este acercamiento es enfatizar la pretensión referencial de los relatos figurativos, y por tanto su dimensión existencial-referencial.

Si un modelo es un dispositivo heurístico que sirve para romper una descripción previamente inadecuada y abrir camino hacia una descripción nueva y más adecuada, la metáfora se acerca más a esta función heurística cuando el proceso metafórico es canalizado por una narrativa ficticia. Entonces muestra el mismo poder de conectar ficción y redescripción.

El paralelismo va más allá de lo que parece a primera vista. Se trata no sólo de la articulación de las ficciones modelo y narrativas, no sólo del estatus imaginativo de los modelos teóricos y las ficciones literarias, sino de la tensión que se introduce en el nivel de la realidad misma entre descripción y redescripción. La teoría de modelos nos permite extender nuestra noción de “tensión” mucho más allá de una mera tensión entre tenor y vehículo, es decir, entre palabras dentro de la oración, e incluso más allá de una tensión entre una interpretación literal y otra metafórica del mismo mensaje.

La “tensión” afecta al referente mismo tal como se describe y se vuelve a describir. Este es el tipo de tensión que se puede encontrar en las parábolas que no ofrecen tensión interna entre el tenor y el vehículo debido a la “normalidad” de la narración y poca tensión entre la interpretación literal y metafórica del mensaje mismo. La “tensión” está totalmente del lado de la visión de la realidad entre la intuición que muestra la ficción y nuestra forma ordinaria de ver las cosas.

2.4 Claves de la metáfora en la estructura narrativa
Pasemos ahora a la cuarta y última pregunta de las propuestas al inicio de este segundo capítulo. La pregunta era la siguiente: si llamar parábola a cierta narración es decir que la historia se refiere a…, representa… otra cosa en la experiencia humana, entonces, ¿cómo el “sentido” narrativo implica su “referente” metafórico?

2.41 Hay una manera de eludir esta dificultad. Es simplemente ignorar el enfoque estructural. Esto es lo que Crossan elige hacer en su obra In Parables. Comienza inmediatamente con la dimensión figurativa de las parábolas y asume desde el principio una noción de símbolo (concebida) como una participación en el referente del símbolo. El referente es maestro, dice Crossan.

En cierto sentido tiene razón. Si no partimos de la convicción de que “la metáfora articula un referente tan nuevo o tan ajeno a la conciencia que este referente sólo puede captarse dentro de la metáfora misma” (13), entonces nunca recibiremos esta convicción de una investigación más profunda de la Estructura lingüística de la parábola.

El impulso hacia el referente debe, en cierto sentido, preceder a cualquier intento de derivarlo de un mejor conocimiento de la estructura interna. Debido a que la experiencia poética llega a la expresión metafórica, el lenguaje “impone un orden creíble” (T. S. Eliot) sobre la experiencia ordinaria. La estructura no es otra cosa que este orden creíble. Por tanto, el orden natural de la indagación sería proceder de la participación en el referente de regreso al análisis de la estructura “interna”.

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