El proceso metafórico (Parte 13) – Estudio Bíblico

XIII

Por este medio, la parábola se atribuye a su hablante como aquel de quien habla la narración de segundo orden (que es, de hecho, la narración “primera”). Esta identificación del hablante —que nos permite hablar de las parábolas como las parábolas “de” Jesús— es, por tanto, el punto de cruce de dos procesos. Por un lado, la singularidad del hablante se designa por la singularidad de su visión de la realidad.

Una cosmovisión única implica una referencia antigua, una referencia hacia atrás y hacia adelante, una referencia hacia adelante al modo de ser que se abre frente al texto, y una referencia hacia atrás al hablante que se expresa a través de una confesión indirecta. o, dicho lo mismo en términos de la anterior discusión del estructuralismo, el hablante es quien “da” el relato en la narración-comunicación.

Pero esta retroreferencia de la parábola al “donante” del relato no nos permite decir más que esto: aquí un único hablante nos está revelando un único modo de ser por medio de un relato metafórico. Sólo la conjunción entre el “héroe” del Evangelio como narración y el “donante” de la parábola como cita dentro del Evangelio nos permite nombrar al hablante de la parábola y llamarlo “Jesús”. La frase “parábola de Jesús” procede de este proceso de intersignificación entre la parábola y el Evangelio.

2.463 Una consecuencia importante de este proceso de intersignificación entre parábola y Evangelio es que todo el grueso de los “dichos” más las “obras” (ordinarias, extraordinarias, milagrosas) está conectado, por la mediación de la forma evangélica, con el tema principal de la Evangelio, el relato de la Pasión. Esta proximidad, dentro del espacio de la intersignificación, entre todos los “dichos” y todos los “hechos” (pues se relacionan entre sí según el modo narrativo) y el relato de la Pasión tiene una tremenda importancia

Esta proximidad no es sólo una proximidad en términos de yuxtaposición, de contigüidad, sino en términos de interpretación mutua, de interferencia simbólica. Mi convicción personal es que la interpretación alegórica, que la mayoría de los historiadores modernos del texto están tan ansiosos por desconectar de la parábola como tal, está inevitablemente motivada por esta interacción simbólica entre la narración de la Pasión y las parábolas. De ahora en adelante, las parábolas no son sólo las “parábolas de Jesús”, sino las del “Crucificado”.

El “héroe” del relato evangélico, que es también el “donante” de las parábolas como relatos “secundarios”, tiende a convertirse en el referente indirecto de la parábola como metáfora. Dominic Crossan (xiv) tiene razón cuando dice que la redacción del Evangelio implicó un cambio de intencionalidad: “Jesús proclamaba a Dios en parábolas, pero la iglesia primitiva proclamaba a Jesús como la Parábola de Dios”. Esta “reafirmación de la intencionalidad”, me parece, se basa en el mismo acto de composición que condujo a la redacción del primer Evangelio..

Tan pronto como la predicación de Jesús como el “Crucificado” se entrelaza con las narraciones de sus “obras” y de sus “dichos”, se abre una posibilidad específica de interpretación por lo que aquí llamo el establecimiento de un “espacio” de intersignificación: por posibilidad específica entiendo la sugerencia de leer el anuncio de Jesús como “la parábola de Dios” en el anuncio de Jesús de Dios “en parábolas”. Descartar por completo esta posibilidad requeriría que desconectáramos las parábolas del Evangelio.

Pero, entonces, deberíamos tener solo un “artefacto” creado por la crítica histórica, que tendería a perder sentido a medida que se vuelve “puro”. Esta paradoja debe ser considerada seriamente: la inserción de la parábola en la forma evangélica es tanto parte de su significado para nosotros que hemos recibido el texto de la iglesia, como el comienzo de su malentendido.

Por eso tenemos que interpretar las parábolas tanto con la ayuda como en contra de las distorsiones proporcionadas por este contexto último. Pero no nos deshacemos de la paradoja simplemente poniendo entre paréntesis el contexto provisto por la forma del Evangelio. La tensión entre la forma de parábola y la forma de evangelio es inevitablemente una parte del significado de la parábola como narrativa y como metáfora.

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