El proceso metafórico (Parte 1) – Estudio Bíblico

I

2.0 En la sección inicial de ESQUEMA propuse definir el modo parabólico del discurso como la conjunción de un proceso narrativo y metafórico. (Un tercer componente será considerado más adelante bajo el título de “expresiones-límite” y vinculado al carácter de extravagancia de las parábolas de Jesús.) Bajo el título de “proceso metafórico” pretendo identificar el vínculo intermedio entre un explicación (sección 1), basada en los rasgos estructurales de la forma narrativa, y una interpretación existencial (sección 3) basada en el funcionamiento de las “expresiones-límite”.

Aquí están involucrados dos problemas principales, cada uno de los cuales, a su vez, involucra dos preguntas subordinadas:

2.01 El primer problema se refiere a la relevancia de una teoría de la metáfora para el estudio del discurso bíblico. Se harán dos afirmaciones: (a) que la metáfora es más que una figura de estilo, pero contiene innovación semántica; (b) esa metáfora incluye una dimensión denotativa o referencial, es decir, el poder de redefinir la realidad.

2.02 El segundo problema se refiere a la articulación entre la estructura narrativa y el proceso metafórico. El problema puede abordarse desde los dos extremos: (a) del proceso a la estructura: ¿qué queremos decir cuando decimos que en las parábolas la narración debe tomarse metafóricamente y no literalmente?; (b) de la estructura al proceso: ¿qué pistas internas o externas nos obligan a interpretar una narración como una parábola, si eso significa interpretarla metafóricamente?

2.1 La semántica de la metáfora

La primera parte de este estudio nos llevará de una retórica a una semántica. O, más precisamente, como veremos en un momento, de una retórica de la palabra a una semántica del discurso o de la oración.
2.10 En la tradición retórica, la metáfora se clasifica entre los tropos, es decir, entre aquellas figuras que se refieren a variaciones de significado en el uso de las palabras, y más precisamente en el proceso de denominación. Las preocupaciones de la retórica son del siguiente tipo. Las palabras mismas tienen sus propios significados, es decir, significados comunes a una comunidad hablante, fijados por las normas de uso en esta comunidad e inscritos en un código léxico.

La retórica comienza donde termina este código léxico. Se ocupa de los significados figurativos de una palabra, es decir, aquellos significados que se desvían del uso ordinario. ¿Por qué estas variaciones, estas desviaciones, estas figuras retóricas? Los retóricos antiguos respondían generalmente de esta manera: o para llenar una laguna semántica, o para adornar el discurso. Debido a que tenemos más ideas que palabras, necesitamos extender el significado de esas palabras que tenemos más allá de su uso ordinario. O bien, podemos tener una palabra correcta, pero preferimos usar una palabra figurada para complacer y seducir.

Esta estrategia es parte de la función de la retórica, que es la persuasión, es decir, influir en las personas por medio de un discurso que no es el medio de la prueba ni de la violencia, sino el medio para hacer más aceptable lo probable.

La metáfora es una de estas figuras, aquella en la que la semejanza sirve de razón para la sustitución de una palabra figurativa por una palabra literal que falta u omite. La metáfora se distingue de otras figuras de estilo, como la metonimia, donde la contigüidad juega el papel que juega la semejanza en la metáfora.
Este es un resumen muy esquemático de una larga historia que comienza con los sofistas griegos, pasa por Aristóteles, Cicerón y Quintiliano, y termina con los últimos tratados de retórica del siglo XIX.

Lo que permanece constante en esta tradición se puede resumir en las siguientes seis proposiciones: (1) La metáfora es un tropo, es decir, una figura de discurso que se refiere al nombrar. (2) La metáfora es una extensión de nombrar por una desviación del sentido literal de las palabras. (3) La razón de esta desviación en la metáfora es la semejanza. (4) La función de la semejanza es fundamentar la sustitución del significado figurativo de una palabra tomada del sentido literal de una palabra que podría haber sido usada en el mismo lugar. (5) El significado sustituido no incluye ninguna innovación semántica; podemos así traducir una metáfora restaurando la palabra literal por la palabra figurativa que fue sustituida. (6) Dado que no admite innovación, la metáfora no da información sobre la realidad; es solo un adorno del discurso y, por lo tanto, puede clasificarse como una función emocional del discurso.

Todos estos presupuestos de la retórica son cuestionados por una semántica moderna de la metáfora.
2.11 El primer presupuesto que debe ser combatido es que la metáfora es sólo un accidente de nombrar, un desplazamiento, un cambio en el significado de las palabras. Al tratar así la metáfora, la retórica describe sólo un efecto de significado, es decir, el impacto de la palabra en una producción de significado que implica un enunciado completo.

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