El Pacto de Dios a través de Moisés – Parte 2

5. Dios será misericordioso, clemente e indulgente

Finalmente y como fundamento de todo lo demás, Dios promete ser misericordioso y clemente y perdonar la iniquidad, la transgresión y el pecado. Éxodo 34:6-7 está entre las palabras más dulces del evangelio en la Biblia. El hecho de que vienen del monte Sinaí y no del monte Calvario, el hecho de que son el prefacio de los diez mandamientos (34:28) y no del libro de los Romanos, muestra que el mensaje de Cristo y el mensaje de Moisés son un mensaje de gracia armonioso. «El Señor pasó por delante de Moisés y proclamó: ‘El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado´”. Por lo tanto, la quinta promesa del pacto mosaico es que Dios tratará a Israel con misericordia y clemencia y perdonará sus pecados – si cumple el pacto.

En resumen, entonces, las cinco promesas divinas del pacto Mosaico, que vuelven a confirmar el pacto con Abraham son:

Que Israel será la posesión especial de Dios.
Israel será un reino de sacerdotes para Dios.
Israel será una nación santa.
Dios luchará por Israel y vencerá a todos sus enemigos
Dios tratará a Israel con clemencia, y misericordia y perdonará sus pecados.
Estas son las promesas divinas del pacto. Pero, todas ellas dependen de que el pueblo cumpla ciertas condiciones, como dice Éxodo 19:5: «Si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis . . . «, para que experimenten todas estas gracias divinas.

Tres indicadores de las condiciones humanas del pacto
Por eso, ahora, volvemos a las condiciones humanas que tienen que cumplirse para disfrutar de las bendiciones del pacto.

1. Basado en la gracia y ofreciendo perdón

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Una cosa está clara desde el principio. La condición no es la perfección libre de pecado. El pacto Mosaico no enseña que si alguien comete pecado pierde las bendiciones del pacto. Dice que el Señor perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado (Éxodo 34:7). El fundamento del pacto es la gracia. Por consiguiente, cuando Éxodo 19:5 dice que Israel «debe obedecer la voz de Dios y guardar el pacto» no significa que deben ganar las bendiciones obrando para Dios. Significa que deben mantenerse en una actitud de recibir la gracia, la misericordia y el perdón.

2 ¿Amando a Dios y ganándose la gracia?

Y ¿qué actitud es esa? En Éxodo 20:5-6, se da una respuesta en medio de los diez mandamientos: «Yo, el Señor, tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a aquellos que me aman y guardan mis mandamientos». Israel mantiene su parte del pacto al amar a Dios y al no poner ningún otro valor en su corazón en el sitio que pertenece a Dios. Y de este amor a Dios inevitablemente surge la obediencia a su palabra, porque siempre uno sigue lo que valora. Por eso, esta obediencia no es ganar la gracia de Dios. Es la evidencia del amor por la gracia de Dios. No amamos a Dios cuando nos ponemos a nosotros mismos en la posición de un empleado y a Él en la posición de un empleador que nos paga un salario.

Cuando Dios dice que el amor por Él es la condición que Israel debe cumplir para participar de la gracia del pacto, es como decir que la condición que debemos cumplir para beneficiarnos con nuestras vacaciones es disfrutar de las puestas de sol. Es impensable que el mandato de amar a Dios pueda ser un mandato para ganar sus bendiciones. Por el contrario, cuando se lo analiza detalladamente, el mandato de amar a Dios, quien es misericordioso e indulgente (Éxodo 34:6-7), debe incluir el mandato de confiar en Él. La única manera de recibir perdón es confiando en el que perdona. Y la única manera de beneficiarse de las promesas misericordiosas es confiando en el que promete. La condición fundamental que Israel tenía que cumplir, para disfrutar de la misericordia de Dios, era la confianza.

3. El fracaso de incredulidad de Israel

En el Antiguo Testamento, una y otra vez, la rebelión de Israel contra el pacto se puede rastrear de vuelta hasta la incredulidad (Números 14:11; Deuteronomio 1:32; 9:23; 2 Reyes 17:14; 2 Crónicas 20:20; Salmo 78:22, 32; 106:24). Por ejemplo, el Salmo 78:22 mira hacia atrás y dice que la ira de Dios se encendió contra Israel en el desierto «porque no creyeron en Dios ni confiaron en su salvación». Y Hebreos 3:19 dice que la razón por la cual la generación del desierto no entró en la tierra prometida fue la incredulidad. O como Hebreos 4:2 dice: «La palabra que ellos oyeron nos les aprovechó por no ir acompañada por la fe de los que la oyeron».

Por lo tanto, hay al menos tres razones para llegar a la conclusión de que la condición básica requerida de Israel es la fe.

Primero, porque el pacto es renovado sobre la base de la gracia y ofrece perdón misericordioso de los pecados (Éxodo 34:6-7). El perdón solo se puede recibir por la fe.

Segundo, Dios promete misericordia a todos los que lo aman (Éxodo 20:6). Pero, amar a Dios es lo opuesto de tratar de ganar salarios de un empleador celestial. Amar a Dios debe incluir deleitarse en su confianza como alguien que «los lleva sobre las alas de águilas (fuera de Egipto) y los conduce hacia Él» (Éxodo 19:4).

Tercero, numerosos pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento dicen que el origen de la desobediencia de Israel fue el fracaso en confiar en Dios. Por consiguiente, la obediencia que se requiere en el pacto Mosaico es la obediencia que proviene de la fe.

Es la misma obediencia que se requiere en el pacto con Abraham cuando el Señor le dijo a Abraham: «En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has obedecido mi voz» (Génesis 22:18). Y es la misma obediencia requerida en el nuevo pacto bajo el que nosotros vivimos. Hebreos 5:9 dice de Cristo que «Habiendo sido hecho perfecto, vino a ser fuente de eterna salvación para todos los que le obedecen». El pacto con Abraham, el pacto Mosaico y el pacto que Jesús ha sellado con su propia sangre son las varias expresiones de un gran pacto de gracia. Y bajo todos estos pactos, expresados de varias maneras diferentes, una cosa se requiere del hombre para heredar las gracias del pacto: «la fe que obra por amor» (Gálatas 5:6).

C. ¿Cómo puede tanta gracia provenir de este pacto?

Eso nos lleva a una última pregunta, la cual el pacto Mosaico deja sin responder. ¿Cómo se puede dispensar tanta gracia bajo este pacto? ¿Cómo puede un Dios justo simplemente perdonar la iniquidad, la transgresión y el pecado? ¿Cómo puede un juez dejar libres a pecadores culpables? Seguramente, los sacrificios de toros y cabras no son justa satisfacción por todo el deshonor acumulado al nombre de Dios por los pecados de Israel. Otra vez, la respuesta está en el futuro. Isaías lo vio más claramente y dijo: «Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros» (Isaías 53:6). ¿Cómo pudo un Dios justo, bajo el pacto Mosaico, ser tan clemente y perdonar tan libremente? Respuesta: Él miraba adelante, hacia la llegada de su Hijo y el sacrifico que repara todo el daño hecho al honor de Dios a través de la desobediencia de los elegidos. No podría haber habido pacto con Abraham, ni pacto con Moisés, ni nuevo pacto sin el advenimiento de Jesucristo. Lo que fue dado libremente bajo Moisés fue pagado por Cristo.

Si quieren una mirada nueva de Jesús en este tiempo de Adviento que los ayude a confiar en Él, amarlo y obedecerlo, consideren estas dos cosas. Primero, cada pecado perdonado desde Adán hasta el fin de los tiempos fue puesto en el inocente Cristo y lo aplastaron hasta el infierno. Él lo aceptó voluntariamente por la gloria de su Padre y el bien de su pueblo. Segundo, si confían en Él y lo siguen en la obediencia de la fe, entonces serán los herederos, no solo del pacto de Dios con Abraham, sino del pacto de Dios a través de Moisés. Ustedes son la posesión especial de Dios. Son un reino de sacerdotes. Son una nación santa (1 Pedro 2: 9-10). Dios se opone a sus enemigos con un poder que obra maravillas. Y para ustedes, Él ahora y siempre será «el Señor, el Señor. Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia . . . el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado».

¡Oh, qué podamos amar a Jesús con un afecto sincero, renovado este tiempo de Adviento! «Cosas que ojo no vio, ni oido oyo, ni han entrado al corazon del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman» (1 Corintios 2:9).