El nacimiento de un comienzo: Juan 1:1–18 (Parte 8) – Estudio Bíblico

VIII

Siguiendo la constitución del archē a trascendental del Logos el testimonio inaugural de Juan, la propia misión encarnacional de Jesús marca el tercer comienzo. El prólogo lo representa con las memorables palabras: “…el Verbo se hizo carne…y vimos su gloria” (Juan 1:14: ὁ λόγος σὰρξ ἐγένετο…καὶ ἐθεασάμεθα τὴν δόξαν ὐοτο). Este tercer comienzo que establece la premisa lógica y teológica para la narración subsiguiente crea un dilema de proporciones desconcertantes.

Las afirmaciones de que “el Verbo se hizo carne” y que “vimos su gloria” generan una tensión entre lo que convencionalmente se ha llamado una cristología encarnacional versus una epifánica, dos conceptos virtualmente innegociables. En términos menos tradicionales, la dicotomía sarx/doxa (“carne/gloria”) articula la problemática de la contingencia y la transparencia, y del significante versus el significado. En palabras del prólogo, “la luz resplandece en las tinieblas” (Juan 1:5: τὸ φῶς ἐν τῇ σκοτίᾳ φαίνει), lo que sugiere que el Encarnado encarna de algún modo la trascendencia en la contingencia mundana. La misma narrativa que surgió del desplazamiento del Logos metafísico busca retener su perfil metafísico.

Bultmann ha explicado este dilema como un dilema teológicamente ineludible intrínsecamente alojado en el concepto joánico de revelación. En su opinión, el tema principal del evangelio es la encarnación. “Es en su pura humanidad que [el Logos] es el Revelador”. Pero a menos que la doxa fuera inteligible y de hecho visible, “no habría fundamento para hablar de revelación”. Sobre el tema de la relación entre sarx y doxa, Bultmann afirma que “la doxa no se ve junto a la sarx, ni a través de la sarx como a través de una ventana”, sino “en la sarx y en ninguna otra parte”.

Esto le sugiere que “la revelación está presente en un peculiar ocultamiento” (Bultmann 1971: 63). Entendida en este sentido, “la revelación es una pregunta, es una ofensa” y “la paradoja que atraviesa todo el evangelio” (1971: 62-63). Precisamente hablando, pues, Bultmann tiene “aufgehoben” (a la vez suspendido y preservado) el conflicto entre la cristología encarnacional y la epifánica en la paradoja de la revelación.

Es bien conocida la provocativa respuesta de Käsemann a la posición bultmanniana. Ya en su temprano estudio sobre el prólogo juanino (1969 [1957]) afirmó enfáticamente: “Este tema [de doxa] es al mismo tiempo el de todo el Evangelio que se ocupa exclusivamente de la presencia de Dios en Cristo” ( 159). Su relación con Bultmann queda finalmente asentada en su monografía sobre la oración sacerdotal, cuyo objetivo principal es desarrollar la presencia de la doxa frente a la sarx como tema principal del evangelio (1968 [1966]). ¿No está, preguntó Käsemann retóricamente, la declaración ὀ λόγος σὰρχ ἐγένετο (“el Verbo se hizo carne”) “totalmente eclipsada por la confesión ‘Contemplamos su gloria’, de modo que [la primera] recibe significado de ella [la segunda]” (1968: 9-10).

Jesús “pertenece totalmente del lado de Dios incluso mientras está en la tierra” (11). Si, por el contrario, la encarnación “no significa la entrada completa y total en la tierra, en la existencia humana, sino el encuentro entre lo celestial y lo terrenal” (65), y si la cristología johanina es de “ingenua” o “docetismo irreflexivo ” (26, 66), dándonos un cuadro de “Jesús como Dios caminando sobre la faz de la tierra” (73), y si en “la ausencia de una teología de la cruz” (51) se debe concluir que “la praesentia Christi es el centro de su proclamación [de Juan]” (15), entonces el concepto paradójico de revelación de Bultmann y, de hecho, “el uso de la palabra clave ‘paradoja’ se vuelve cuestionable…” (17).

La tesis de Käsemann fue a su vez sometida al análisis crítico de Bornkamm. Desde la perspectiva de este último, Juan ha desarrollado una auténtica teologia crucis. Considerar la narración de la pasión como una ocurrencia tardía no está de acuerdo con la teología johanina, ya que es con una intensidad creciente que la historia del evangelio anticipa y prepara la «hora» de la muerte de Jesús (Bornkamm: 114). La imagen de Käsemann de “Jesús como Dios caminando sobre la faz de la tierra” se parece mucho a la de los milagros anteriores a Juan, una tradición que el evangelio ha sometido a críticas (115–16).

Asimismo, Juan 1:14, la fórmula del comienzo de la encarnación de Jesús, ya presupone la existencia de una cosmovisión gnóstica que el narrador del prólogo busca contrarrestar (118). Si, por lo tanto, se interpreta el evangelio de forma no dialéctica y lineal como una historia marcada por el docetismo y vacía de la cruz, “en el mejor de los casos se ha llegado a la tradición anterior a Juan, pero no a Juan” (117).

Los tres estudios ven el anuncio del prólogo del comienzo de la encarnación de Jesús como una tesis teológica programática que la narración posterior se compromete a explicar o resolver. Solo Bultmann amplía la naturaleza inherentemente problemática de Juan 1:14, pero rápidamente convierte el problema en una virtud teológica.

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