El nacimiento de un comienzo: Juan 1:1–18 (Parte 1) – Estudio Bíblico

I

Resumen

Tanto en la vida como en la literatura los comienzos son empresas consecuentes, pero arriesgadas. Este ensayo explora el prólogo johanino como paradigma de las dificultades que entraña la construcción de un comienzo literario. Visto ampliamente, el prólogo señala un doble gesto. De acuerdo con el ethos de los comienzos, afirma la primordialidad autorizada. Su Logos significa el gesto logocéntrico por excelencia. Una vez establecida, la autoridad trascendental se ve obligada a desprenderse de su origen para engendrar la consecutividad textual y encarnacional.

En un segundo gesto, por lo tanto, el prólogo representa un descentramiento, una deconstrucción del fundamento ontoteológico del Logos. Comienzos trascendentales y terrenales, este doble gesto de centrar y descentrar, constituyen el programa del prólogo que crea el predicamento central de la narración posterior. Ya sea que este problema se perciba en términos de carne versus gloria, lo terrenal versus lo celestial, lo literal versus lo metafórico, o el significante versus el significado, resiste cualquier resolución narrativa demostrable.
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El comienzo es lo más importante.
En adelante, era necesario comenzar
parte del trabajo
pensando que no había centro, que
Platón
el centro no podía ser pensado en el

forma de ser-presente, que el centro

no tenía sitio natural, que no era un
Mire con favor un comienzo audaz.
lugar geométrico fijo sino una función, una especie de no-
Virgilio
locus en el que un número infinito de

entraron en juego las sustituciones de signos. Este fue el momento en que el lenguaje invadió t
Los comienzos y finales de todo
a problemática universal, el momento
las empresas humanas son desordenadas…
cuando, a falta de un centro o
Juan Galsworthy
origen, todo se convirtió en discurso.
jacques derrida

0. Introducción

En la narración del evangelio de Juan, como en cualquier otra obra literaria, existe la necesidad de un comienzo, porque «sin al menos un sentido de un comienzo, nada se puede hacer realmente, y mucho menos terminar» (Said: 49-50). Cada autor debe comprometerse con un punto de partida desde el cual la obra tomará su iniciativa. En el caso de Juan, el comienzo se construye conscientemente en el llamado prólogo del evangelio (Juan 1:1-18).

Señala un gesto preliminar que prepara el camino para lo que está por venir. El comienzo del Logos (λόγος, “Palabra”) en y con Dios, su venida como vida y luz a las tinieblas del mundo, el testimonio del que bautiza hacia él, el rechazo de los suyos, el llamado a ser hijos de Dios , la misión encarnacional del Logos y el resplandor de su gloria, su superioridad sobre Moisés y su visión implícita de Dios: estas son las directivas dramáticas y temáticas que guían la lectura de lo que sigue.

Lo que distingue al prólogo juanino es que sus ambiciones van mucho más allá de la necesidad de introducir la narración evangélica. Logra más que cualquier función convencional de comienzo. Porque al escribir un comienzo de su narración, el autor se remonta al comienzo trascendental del mundo. Esta designación del archē divino primordial (ἀρχή; “comienzo”) involucra al escritor en una de las paradojas intrínsecas de los comienzos.

Pues el Logos en archē (ὁ λόγος ἐν ἀρχῇ; “el Verbo en el principio”), aunque insinúa estabilidad fundacional, en su egocentrismo logocéntrico no puede engendrar ni mundo ni texto. Se requiere un desestablecimiento del archē para poner en marcha la narración. De hecho, el descentramiento del Logos proporciona la justificación misma de la narración.

Y así el prólogo en preparación para lo que está por venir ya busca superar el Logos en archē incluso cuando lo inscribe en archē. Desde esta perspectiva, la cuestión crucial que plantea el prólogo es la cuestión del comienzo mismo.

1. El mito de la sabiduría

Entre los innumerables modelos invocados como prototipo ideológico del Logos preexistente de Juan, la Sabiduría judía puede considerarse en la actualidad como el candidato favorito. Saliendo de la boca del Altísimo, la Sabiduría existía desde el principio antes de la creación del mundo (Sab 9, 1-2; Prov 8, 22-23). Después de su participación en la obra de la creación divina (Prov 8, 27-31), fue enviada desde la morada celestial para hacer una morada en la tierra (Sb 9, 1-2; Sir 24, 8ss).

Quien la encuentre, hallará la vida (Prov 8,35), porque ella es como un árbol que despliega sus ramas de gloria y de gracia (Sir 24,16). Pero ella misma no puede encontrar un lugar de descanso en la tierra, porque todos los hombres insensatos la rechazan (En 42:2).

Esta presentación de Sabiduría en los libros canónicos y apócrifos de la Biblia hebrea ofrece “buenos paralelos para casi todos los detalles de la descripción de la Palabra en el Prólogo” (Brown: 523). Claramente nos proporciona una clave para las operaciones principales del Logos.

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