El mundo del texto (Parte 1) – Estudio Bíblico

I

2.1 A través de varias de sus obras, Ricoeur había perseguido la pregunta: ¿Qué es interpretar el lenguaje simbólico? Pero en 1971, esa pregunta había sido reemplazada por lo que él considera la pregunta más amplia: ¿Qué es interpretar un texto? Las implicaciones potenciales para la interpretación bíblica se han vuelto más explícitas y quizás de mayor alcance.

La relación entre las dos cuestiones sigue siendo un problema sin resolver y, de hecho, proporciona el tema del trabajo en el que ahora está involucrado Ricoeur. El problema es qué sucede cuando el significado objetivo del lenguaje escrito se traduce en el acto personal de hablar.

¿Qué sucede cuando el mundo del lector y el mundo del texto se fusionan? Ricoeur reconoce que este fenómeno es el mismo que describe Gadamer como una “fusión de horizontes”. Para abordar este problema de la lingüística de la experiencia humana, Ricoeur ha estado comparando las ideas de John Macquarrie y Langdon Gilkey en el discurso religioso, de Gerhard von Rad, Joachim Jeremias, Robert Funk, Daniel Via, Dominic Crossan y Norman Perrin en el discurso religioso. forma narrativa o la forma de la parábola, y Wittgenstein y Austin en la filosofía del lenguaje ordinario.

2.2 Pero este cambio no debe verse como un alejamiento del símbolo; en un sentido, es una ampliación del símbolo a una apreciación de la característica multivalente de todo lenguaje:
Lo que sucede en los casos mucho más intrincados de interpretación de textos y lo que constituye el problema clave de la hermenéutica ya está prefigurado en el proceso interpretativo tal como ocurre en el lenguaje ordinario. Así, todo el problema de la interpretación de textos podría renovarse mediante el reconocimiento de sus raíces en el funcionamiento del propio lenguaje ordinario. (1973:96)

Hay muchos puntos importantes aquí. Cada vez que hay discurso, comunicación entre dos personas, las palabras, las situaciones, los mundos que se comparten tienen múltiples valores, están sujetos a múltiples interpretaciones, aunque el contexto sugiera y permita sólo ciertas posibilidades. En otras palabras, toda expresión humana es un símbolo en la medida en que su significado es polivalente, involucrando un significado aparente que oculta un significado oculto.

Por extensión, cualquier cosa que se diga sobre algo es una interpretación. Aunque estas declaraciones son simples, y hasta pueden parecer obvias, las implicaciones para la comunicación ordinaria, para la educación, para la interpretación de las Escrituras, del dogma y de la predicación son, me parece, radicales. A pesar del hecho de que los estudios en cada una de estas áreas se están moviendo en esta dirección, dichos estudios tienen la desventaja de estar confinados a sus propias disciplinas: carecen de la amplitud de una teoría general de la interpretación.

2.3 Definiendo un texto como un enunciado o conjunto de enunciados fijados en la escritura, Ricoeur dice que desea depsicologizar el texto, liberarlo de la situación para que descubra el mundo del que habla, para abrirlo al lector que “reconstruye” lo que dice el texto. En este acto concreto “se cumple el destino del texto” (1971b: 150). A modo de corolario, la hermenéutica no es explicación, sino interpretación de “una categoría limitada de signos, los que se fijan por la escritura, incluyendo toda clase de documentos y monumentos que implican una fijación similar a la escritura” (1971c: 150).

En el mismo lugar, Ricoeur formula la hipótesis de que se puede decir que las ciencias humanas son hermenéuticas en la medida en que su objeto es similar a un texto y su metodología es similar a la interpretación de un texto. La función simbólica del lenguaje se actualiza en el discurso, es decir, en el habla como acontecimiento. Cuando se escribe el discurso, la relación entre el hablante y el discurso se vuelve más complicada. El texto se libera del horizonte limitado del autor, pero esto no significa que al texto le falte un mundo; por el contrario, abre un mundo.

Hablamos así del “mundo” de Grecia, no para designar ya cuáles eran las situaciones de quienes las vivieron, sino para designar las referencias no situacionales que sobreviven al borramiento del primero y que en adelante se ofrecen como posibles modos de ser, como dimensiones simbólicas de nuestro ser-en-el-mundo. (1971c: 536)
2.4 El lenguaje es metafórico; necesita un arte de descifrar. Las propias palabras individuales pueden estar cargadas de muchos significados; Ricoeur se refiere a esta cualidad como “polisemia”.

En niveles más complejos, las oraciones individuales están sujetas a ambigüedad. Pero para Ricoeur la plurivocidad de un texto es algo más. Como el todo es más que la suma de las partes, la relación de una con otra requiere un juicio, es decir, una interpretación.

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