El Libro de Job y la Hermenéutica de Ricoeur (Parte 8) – Estudio Bíblico

VIII

Ceñir sus lomos y ponerse de pie como un hombre es, por el contrario, ver como Dios ve, una empresa mucho más grande y mucho más humillante. Aquí la verdad no es algo que pueda ser verificado científicamente. Más bien es una “manifestación, es decir, dejar ser lo que se muestra. Lo que se muestra es en cada instancia un mundo propuesto, un mundo que puedo habitar y donde puedo proyectar mis posibilidades más propias” (25). Tal es la revelación y manifestación en Job. Un mundo se muestra: una nueva forma de ser se presenta como posibilidad.

La sabiduría es ese aspecto de la revelación y de la condición humana que “se dirige directamente al sentido y al sinsentido de la existencia. Es una lucha por el sentido a pesar del sinsentido” (1979c: 221). En contraste con las formas narrativas, proféticas y prescriptivas del discurso, la sabiduría a menudo es más cautelosa acerca de nombrar a Dios. Esta es la lucha en la que se encuentra Job. Sus amigos nombran con demasiada facilidad al Dios de su sufrimiento. Con todo su ser, Job resiste esta blasfemia.

Por su experiencia, sabe que no es cierto. Tal nombrar a Dios es un ídolo más que una manifestación. La voz del torbellino manifiesta a un Dios escondido. Esta es la paradoja. En su sufrimiento, Job reconoce la paradoja. Se siente abordado. Responde al que se ha dirigido a él. Está llamado a dar testimonio de esta manifestación, de la verdad de su experiencia. “Solo el testimonio que es singular en cada instancia confiere la sanción de realidad a las ideas, ideales y formas de ser que el símbolo nos representa y que descubrimos como nuestras posibilidades más propias” (1977c: 32-33).

En su estudio «La Biblia y la imaginación» (1980a), Ricoeur se basa en un análisis semiótico de dos parábolas, la del labrador malvado y la del sembrador en Marcos, para iniciar un proceso que va más allá de su estudio anterior de las parábolas en Semeia 4. Aquí concibe la imaginación como una forma de invención regida por reglas vinculada al poder redescriptivo de la ficción. El estudio enfatiza la importancia de la intertextualidad y la metaforización en el uso de la imaginación en la interpretación bíblica.

Este esbozo de algunas referencias explícitas a la interpretación bíblica en la obra de Ricoeur deja en claro cuán extensamente se ha desarrollado su teoría y cuán estrechamente relacionada está su teoría con la interpretación bíblica. Aunque el lenguaje filosófico a veces puede ser formidable, los análisis de Ricoeur: (1) ofrecen una base para una teoría de la interpretación que se necesita en los estudios bíblicos de hoy; (2) proporcionar un puente para pasar de un conflicto continuo de interpretaciones, a menudo polarizadas y perjudiciales entre sí, a una convergencia de interpretaciones mucho más productiva; (3) plantear cuestiones teóricas y prácticas que los exégetas ignoran para su propio perjuicio y el de quienes dependen de ellos.

4. Otros temas ricoeurianos con implicaciones para los estudios bíblicos

Aunque no sea evidente de inmediato, todas las obras de Ricoeur tienen implicaciones para la interpretación bíblica, precisamente porque forman parte de una antropología filosófica y de una teoría general de la interpretación.

Obviamente, no está dentro del alcance de este estudio demostrar esas implicaciones. Sin embargo, son aquellas partes de la obra de Ricoeur que tienen un tono más filosófico y, por lo tanto, menos accesibles para algunos exegetas, las que tienen implicaciones de mayor alcance para los estudios bíblicos. Ha habido algunos indicios de esto en las preguntas ya planteadas en este artículo en relación con el símbolo, la teoría del lenguaje y la validación. Esta sección esboza algunos aspectos clave del desarrollo de la teoría de Ricoeur, organizados en torno a cinco temas: (1) símbolo; (2) explicación-comprensión; (3) metáfora; (4) narrativa; y (5) imaginación.
Símbolo.

Aunque analizada más a fondo en ciertas partes de sus escritos, la teoría del símbolo de Ricoeur penetra casi toda su obra, a veces sin el uso explícito de la palabra símbolo. La dialéctica con las obras de Jaspers, Freud, Eliade y Pierce ha seguido renovando la apreciación de Ricoeur del poder del símbolo (ver 1967, 1970, 1976b; también Dornisch).

La interpretación de los símbolos no es el todo de la hermenéutica, pero… es el punto de condensación y… el lugar de mayor densidad, porque es en el símbolo donde el lenguaje se revela en su mayor fuerza y ​​en su mayor plenitud. Dice algo independientemente de mí, y dice más de lo que puedo entender. El símbolo es seguramente el lugar privilegiado de la experiencia del excedente de sentido. [1971e:xvi–vii]

Un elemento controvertido en la teoría del símbolo de Ricoeur es el de la “referencia dividida”. Los estructuralistas, los nuevos críticos en Francia y los defensores ingleses y estadounidenses del positivismo lógico niegan cualquier referencia para un texto. Ricoeur, siguiendo a Roman Jakobson y Northrop Frye, presenta un caso sólido contra tal negación de referencia.

La referencia escindida se relaciona con esa cualidad de lo poético que es espesa, ambigua, es decir, doble o multisensorial. Tal ambigüedad afecta a todos los elementos de la comunicación. Ricoeur cita a Jakobson:

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