El Libro de Job y la Hermenéutica de Ricoeur (Parte 4) – Estudio Bíblico

IV

La “caída” de Job, como la de Adán, tiene como telón de fondo una creación perfecta, pero el problema de la responsabilidad se maneja de manera muy diferente. Está claro que Eva y Adán son responsables, a través de sus acciones, de provocar sufrimiento y el mal, aunque, al mismo tiempo, el mal ya estaba allí, representado por la serpiente. De manera similar, en el marco de Job, hay un tentador externo, un satanás y una “caída” del bienestar, pero la complejidad y la sutileza de las preguntas planteadas en los diálogos poéticos son de un orden muy diferente en el libro de Job de lo que son en los diálogos de las historias de Génesis.

Asimismo, como han señalado varios intérpretes, existen paralelismos entre los mitos trágicos de la tragedia griega y el libro de Job. El motivo griego incluye “el dios que tienta, ciega y extravía” (1967: 173). El libro de Job también describe a un dios que tienta, provoca terribles sufrimientos y puede matar a su víctima. Pero, por un lado, la tragedia griega describe a un héroe que, aunque no ha cometido la culpa, es sin embargo culpable. Por el contrario, Job no ha cometido falta ni aceptará la culpa en relación con su sufrimiento. Su negativa hace posible otro tipo de liberación.

Hay una salvación trágica, que consiste en una especie de liberación estética que surge del propio espectáculo trágico, interiorizado en el fondo de la existencia y convertido en piedad respecto de uno mismo. Una salvación de este tipo hace coincidir la libertad con la necesidad entendida. [1967:173]

Es en este sentido que Job tiene afinidades con los héroes de la tragedia griega.

Génesis y Estructuralismo. En 1969, Ricoeur fue invitado por la Asociación Católica Francesa para el Estudio de la Biblia para hacer varias presentaciones en su segundo congreso anual. Otros participantes incluyeron a Roland Barthes y Louis Marin. Robert M. Polzin considera el artículo introductorio de Ricoeur “una espléndida introducción a la metodología en la exégesis bíblica” (Polzin: 202).

Este artículo introductorio se titula “Du conflit à la convergence des méthodes en exégèse biblique” (1971a). En opinión de Ricoeur, una ventaja de la crítica bíblica en el desarrollo de la teoría de la interpretación es que el campo bíblico se define por su objeto formal, la literatura bíblica. Por otro lado, es un campo polarizado por diferentes métodos. Ricoeur muestra que estos diferentes métodos no tienen por qué permanecer en un conflicto sin resolver. Por el contrario, bien entendidos, pueden verse como convergentes.

Ricoeur propone tres momentos para su análisis: (1) el método histórico-crítico tal como lo practica von Rad; (2) el modelo semiológico derivado de Barthes; y (3) la interpretación a medida que Ricoeur desarrolla su teoría. Después de desplegar cuidadosamente las estructuras implícitas de los dos primeros enfoques, Ricoeur señala cómo un autor como von Rad utiliza un análisis estructural implícito de los relatos de la fe de Israel.

Una relectura de von Rad, utilizando las distinciones de tres niveles elaboradas por Barthes: (1) el nivel de funciones; (2) el nivel de las acciones; y (3) el nivel de la narrativa (44), luego revela un análisis estructural implícito que von Rad había desarrollado a partir de los materiales.

Uno es entonces capaz de plantear la cuestión de la relación de los métodos. Es tal pregunta la que centra el problema hermenéutico. ¿Qué hace un exégeta como von Rad cuando utiliza un método histórico-crítico o genético? ¿Qué hace un estructuralista como Barthes en su análisis semiótico?

Una clave se encuentra en la escritura, o discurso comprometido con un texto. Es importante señalar cuatro características de un texto escrito. (1) Es el significado intencional el que se inscribe. (2) Al mismo tiempo, la escritura separa el sentido del discurso de la dependencia del escritor. El texto queda entonces libre para otros tiempos y lugares (48). (3) Tal escritura altera profundamente la función referencial.

La referencia se libera de las limitaciones ostensivas del tiempo y el lugar de origen porque ya no existen el tiempo y el lugar del discurso original. No se trata de absolutizar el texto; tampoco es pasar por alto los estudios históricos, literarios, filológicos, sociológicos y culturales que nos ayudan a comprender mejor un texto. Por el contrario, tales estudios son cruciales.

Sin embargo, la escritura de un poema libera el sentido de su autor para que el sentido pueda sobrevivir, es decir, vivir más allá del autor. “Un texto lleva sus propios referentes” (49), de modo que su “mundo” —el “mundo” griego, el “mundo” joánico o el “mundo” de Job— se despliega frente al texto, como un “ mundo” se despliega frente a una pantalla en la que hemos proyectado una diapositiva.

Podemos ver allí un «mundo» que ha sido «atrapado» en acción y, por lo tanto, está disponible para nosotros en el futuro. (4) Finalmente, para un texto escrito, la audiencia prevista es cualquier persona a la que se le dé la capacidad de leer el texto. El texto está dirigido a todos aquellos lectores que sean capaces de sacar a relucir su significado.

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