El lector en el texto: material narrativo (Parte 8) – Estudio Bíblico

VIII

En el Evangelio de Mateo, el conocimiento del lector en el texto sobre el Antiguo Testamento se utiliza para lograr una nueva comprensión de la historia de Jesús y también para recordar el Antiguo Testamento. De esta manera, se produce una interacción entre los textos que se citan y el texto de Mateo. El lector en el texto se presenta como un lector que conoce otros textos y que puede utilizar su competencia intertextual para interpretar la historia de Jesús a la luz de una reinterpretación de otros textos que se citan (cf. Rabinowitz). Lo mismo sucede en los demás Evangelios, en Hechos, y también en el Apocalipsis de Juan.

2.7 Que las narraciones del Nuevo Testamento no estén destinadas a ser leídas en silencio sino a ser escuchadas también influye en la imagen del lector en el texto. La estructura misma de las narraciones del Nuevo Testamento a menudo está determinada por el hecho de que estas narraciones estaban destinadas a ser leídas al público. Los estudios sobre la redundancia en Mateo, como los de Burnett y Anderson, demuestran una forma en que el lector/oyente previsto preestructuró el texto de Mateo.

2.8 En lugar de intentar un tratamiento integral de los lectores en el texto de las narraciones del Nuevo Testamento, este ensayo busca responder a la pregunta de si el lector está presente en estas narraciones y cómo, y con qué propósito se construye la imagen del lector en el texto. Ha quedado claro que hay muchas pistas diferentes en las narraciones del Nuevo Testamento a partir de las cuales el lector real puede construir una imagen del lector en el texto. He indicado algunos de estos, pero se pueden encontrar otros.

Culpepper, por ejemplo, ha hecho valiosas observaciones sobre el lector implícito en el Evangelio de Juan preguntando qué sabe el narratario, a quien presenta como el lector implícito, y cuándo lo sabe. Evidentemente, lo mismo se puede hacer con las otras narraciones del Nuevo Testamento para establecer imágenes de lectores en el texto. En cuanto al propósito de establecer el perfil del lector en el texto, también ha quedado claro que está relacionado con el significado que el propio lector atribuye al texto. Ayuda en la actualización de una interpretación o lectura específica de una narrativa particular.

3. En conclusión, me gustaría hacer algunos comentarios sobre las posibilidades y las limitaciones de la teoría sobre el lector en el texto con respecto a la interpretación de las narraciones del Nuevo Testamento.

3.1 El cambio de énfasis del autor al texto y al lector en el proceso de interpretación del Nuevo Testamento fue un cambio necesario y significativo. Era necesario porque los documentos pasaban a ser interpretados como documentos antiguos dentro de un marco teórico de la comunicación y no simplemente como artefactos a interpretar en vista de la intención del autor, su origen, o como textos sin autores ni lectores. Esto ha dado lugar a una reflexión sobre la naturaleza de los documentos del Nuevo Testamento como mensajes textuales entre emisores y receptores.

Debido al enfoque en el texto, se tuvo que prestar mucha más atención a la naturaleza de los textos y cómo funcionan.

El redescubrimiento del carácter narrativo de un gran número de escritos del Nuevo Testamento y la aplicación de las intuiciones de la narratología, antigua y moderna, y lo que ello implica con respecto a la lectura de estos textos, abrió la posibilidad de reformular viejas preguntas y ofrecer nuevas respuestas. dentro de nuevos marcos teóricos.

El resultado de la aplicación de este interés en los textos y los lectores aún está abierto en muchos sentidos, ya que aún queda mucho trabajo por hacer. Al interpretar el Nuevo Testamento desde la perspectiva del lector en el texto, como se ha hecho por ejemplo en el volumen 31 de Semeia, se descubrirán posibilidades y limitaciones adicionales.

3.2 Una de las limitaciones más importantes es el hecho de que, en mi opinión, no existe la posibilidad de utilizar al lector en el texto para ir directamente a través del texto a los lectores originales de carne y hueso. El hecho de que el Nuevo Testamento consista en textos sin sus contextos originales de comunicación no tiene por qué ser un problema en relación con las narraciones y la comunicación del Nuevo Testamento o en relación con el fenómeno del lector en el texto.

Sin embargo, es notable cómo los eruditos intentan usar la noción del lector en los textos del Nuevo Testamento para pasar de este lector a los lectores reales del primer siglo. Petersen (1984: 39-40), entre otros, en mi opinión, enfatiza demasiado el potencial del lector en el texto al relacionar al lector implícito con «comunicantes extratextuales, personas que pertenecen al contexto histórico e interpretativo del texto».

A pesar de la conciencia de Culpepper de que una caracterización del narratario (como lector implícito) solo puede usarse en un debate sobre la audiencia histórica real bajo el supuesto de que el narratario es idéntico al lector real, él (206-37) no obstante establece un perfil del narratario en el marco de este debate.

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