El lector en el texto: material narrativo (Parte 5) – Estudio Bíblico

V

Su significado para las subculturas a las que fueron destinados también los hace diferentes de las historias ordinarias, aunque siguen siendo historias. También hay que tener en cuenta que al final se convirtieron en parte de los libros canonizados, la Biblia cristiana, que, como colección, se compone de dos testamentos. Como escrituras cristianas, son leídas y utilizadas con fines devocionales, en busca de sentido a la vida, como fuentes para la elaboración de sermones, como fuentes históricas, etc. Sin duda, estas sobrecodificaciones jugarán un papel en el proceso de lectura. Pero a los efectos de este ensayo no será posible prestar atención a todas las implicaciones de este tipo de sobrecodificación en el curso de la historia. Limitaré mi discusión poniendo entre paréntesis las implicaciones de la canonización.

2.1.1 Se dice que los textos mencionados son narraciones porque tienen características de narraciones. Uno de los criterios distintivos para clasificar textos y determinar el género es el tipo de hablante involucrado en un texto y su función (cf. Bal:21; Van Luxemburg, Bal y Weststeijn:121).

En el caso de un hablante, como en la poesía, el texto es un monólogo. Cuando un hablante permite que otros hablantes en un texto también hablen, el texto se organiza en el modo narrativo. Las narraciones del Nuevo Testamento se caracterizan como narraciones por esta característica, entre otras.

2.1.2 La mayoría de las narraciones del Nuevo Testamento son narradas por narradores omniscientes que permiten que otros hablantes como Jesús también cuenten historias o simplemente hablen. Por eso estos textos también tienen varios narratarios.

El narrador del Evangelio de Marcos cuenta la historia de Jesús a un narratario no identificado. Pero Jesús también habla. Jesús cuenta historias a la multitud e informa a sus discípulos en secreto. Incluso tiene un grupo de oyentes internos entre sus discípulos cuando, en Marcos 13, informa a los cuatro discípulos sobre el futuro y sobre su conducta a la luz del futuro venidero (cf. Vorster, 1987b). Así, dentro del mundo narrativo de Marcos, hay diferentes narratarios como hay diferentes narradores.

El narrador principal, a quien podemos llamar Mark, no es una voz separada como a menudo encontramos en las novelas modernas. Narra la historia en nombre del autor, y por eso podemos llamarlo narrador autoral. Esto no implica que sea idéntico al autor de carne y hueso.

El narrador es un comunicador intratextual. Lo mismo puede decirse de narradores y narratarios en los otros Evangelios y en Hechos. Los pasajes de nosotros en Hechos, por supuesto, plantean sus propios problemas en términos de narradores y lectores en el texto (cf. Kurz, 1987: 208-219); el narratario se identifica como Teófilo. En el Apocalipsis de Juan, el texto está organizado en forma de narración autobiográfica sobre las visiones de un tal Juan (cf. Vorster, 1988).

En todas estas narraciones, los autores y los lectores están implícitos en el texto. Deben distinguirse no solo de los autores y lectores reales, sino también de los narradores y narratarios. Estos autores y lectores tienen que ser construidos por el lector real a partir de los muchos códigos que mencioné anteriormente. El siguiente diagrama ilustra los diferentes comulgantes involucrados en las narraciones del Nuevo Testamento.

NARRATIVA (por ejemplo, EVANGELIO)

2.2 El autor implícito y el lector implícito, así como el narrador y los narratarios, son comunicantes intratextuales, mientras que el autor real y los lectores/oyentes reales están fuera del texto. Similar a la comunicación en otras historias, en las narraciones del Nuevo Testamento la comunicación es una transacción entre el texto y sus comunicantes intratextuales y el lector real.

El autor real desaparece detrás de la narrativa presentada. Es en este sentido que cobran importancia el lector en el texto, el autor en el texto, el narrador y el narratario, la presentación de la historia, la trama, el orden, el tiempo, los acontecimientos y demás existentes en el mundo narrativo. También es importante para el establecimiento del perfil del lector en las narraciones del Nuevo Testamento la relación entre el proceso de presentación, el mundo presentado y el lector implícito o lector en el texto.

2.3 Ruthrof ha argumentado de manera convincente que la forma en que se presenta una historia, el mundo presentado en una narración y el lector en el texto son funciones recíprocas. Existe una relación directa entre el autor implícito de cualquier texto en particular y el lector implícito en ese texto. El lector implícito forma un complemento del autor implícito.

Pongamos algunos ejemplos tomados de su libro (138): En el mito, donde el narrador funciona como autoridad, el mundo narrativo se presenta como un dictado y el lector implícito como un menor. En una parábola, donde el narrador es un predicador, el mundo se presenta como análogo y didáctico y el lector implícito funciona como un creyente, normalmente con facultades limitadas.

En la profecía, el narrador es un profeta que presenta el mundo como una visión divina y una verdad futura a los creyentes rebeldes como lectores implícitos. Y en una narración de ideas, el narrador se presenta como un visionario ideológico que presenta el mundo como ideología a los discípulos. La narración omnisciente normalmente involucra a un narrador que es clarividente.

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