El lector en el texto: material narrativo (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

1.2.2 En opinión de Booth (428-29), el lector implícito es el tipo de lector seleccionado o implícito en una narración dada cuyos valores y creencias deben, al menos temporalmente, de acuerdo con los valores y creencias de esa narrativa. El lector implícito debe ser un oyente relativamente crédulo dentro de la narración, que acepta la narración tal como se cuenta sin cuestionar sus valores o eventos y existentes. Y además tiene que ser capaz de negarse a convertirse en lector implícito de un narrador poco fiable. De esta manera, el lector implícito puede interpretar estructuras irónicas complejas en una narración.

1.3 Estas ideas sobre la presencia del lector en el texto fueron desarrolladas por Iser (1974) con respecto a una condición textual y la producción de sentido en el proceso de lectura y por Eco con respecto al papel del lector en la ficción narrativa. Ambos puntos de vista son importantes para nuestro desarrollo de la idea del lector en las narraciones del Nuevo Testamento.

1.3.1 Iser, quien abordó la noción de lector implícito desde una perspectiva fenomenológica, se interesó principalmente por las acciones involucradas en responder a un texto para producir significado. Sostiene (1978:34]) que el lector implícito:

encarna todas aquellas predisposiciones necesarias para que una obra literaria ejerza su efecto, disposiciones establecidas, no sólo por una realidad exterior empírica, sino por el texto mismo. En consecuencia, el lector implícito como concepto tiene sus raíces firmemente plantadas en la estructura del texto; es una construcción y de ninguna manera debe identificarse con ningún lector real.

1.3.2 Se ha criticado a Iser por definir al lector implícito en términos puramente literarios como casi sinónimo de la estructura de atractivo de una obra literaria, convirtiendo así al «lector» en un término «sin sentido, si no francamente engañoso» ( Holub: 85). Si no se ve en términos de su naturaleza paradójica como un lector que está presente en el texto tanto como una imagen, como argumenta Booth, y en términos de las directivas en el proceso de lectura, el término obviamente se vuelve engañoso.

Sin embargo, el punto es que uno debe tomarse en serio la noción de lector implícito como una construcción literaria con respecto a su presencia en el texto, en otras palabras, la forma en que está presente en el texto. Estoy de acuerdo en que demasiado enfoque en la codificación fácilmente podría distraer a los críticos de la idea de que todavía están ocupados infiriendo una imagen del lector a partir de todos los componentes del texto.

1.3.3 Usando las ideas de Roman Ingarden, Iser argumenta que en ausencia del remitente del texto y con la incapacidad del texto para reaccionar como participante en la transacción de comunicación, hay directivas en el texto que guían al lector en el proceso de lectura Estas directivas se definen en torno a los llamados “Leerstellen”, es decir “brechas” o “lugares abiertos”, “negación” y “negatividad”, tres modalidades de indeterminación o “Unbestimmtheit” presentes en el texto.

Estas modalidades operan tanto en el nivel sintáctico como en el paradigmático. En el nivel sintáctico, por ejemplo, las rupturas en una narración entre episodios o en la trama, los cambios de perspectiva y los choques en la presentación, ofrecen al lector real la oportunidad de llenar los vacíos así creados y volver a interpretaciones previas. en atribuir significado al material presentado.

En el nivel paradigmático, la negación tiene lugar cuando se rompen las ideas con las que el lector real llega al texto y se cambia el repertorio. La negatividad está involucrada cuando algo en un texto tienta al lector a reemplazar su significado directo con un significado más profundo (cf. Iser, 1978: 228 y Koopman-Thurlings).

1.3.4 No es sólo lo que está en el texto, sino también lo que no está en el texto, lo que orienta al lector a hacer una lectura adecuada del texto, según Iser. Los autores pueden usar el silencio de manera muy efectiva para dirigir a los lectores a atribuir significado a una narración, como Booth (271-301) también ha demostrado de manera convincente. El final del Evangelio de Marcos es un muy buen ejemplo de lo que dice el autor al no decir nada (cf. Magness).

1.4 Con respecto a la presencia del lector en el texto, Eco ha realizado valiosas observaciones sobre la producción de sentido a través de la lectura de los códigos en el texto. Según él, estos códigos sintácticos, semánticos y pragmáticos definen al lector en el texto, al que llama “lector modelo”. Sostiene (7) que:
El autor tiene… que prever un modelo de posible lector (en adelante Lector Modelo) supuestamente capaz de tratar interpretativamente las expresiones del mismo modo que el autor las trata generativamente.

1.4.1 Sostiene, además, que el texto selecciona a su lector apropiado (7), y también que proyecta una imagen de tal posible lector modelo a través de la elección de: “un código lingüístico específico”, “un cierto estilo literario” y “índices de especialización específicos”. Algunos textos incluso presuponen una competencia enciclopédica específica (¡piense en el lector modelo de un texto apocalíptico!).

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