El Lector de Mark como Operador de un Sistema de Connotaciones (Parte 6) – Estudio Bíblico

VI

Es cierto que se dan equivalencias de prácticamente todos los elementos en el orden en que aparecen en el relato de la parábola, cada vez introducidos por la frase “esto es…” (adaptado gramaticalmente, por supuesto). Pero aquí hay una excepción, a saber, el carácter del sembrador. Esto lleva a veces a la conclusión de que no es importante (Boucher: 49). Pero la conclusión opuesta también es posible y, de hecho, la extrae L. Marin (124):
…la seule figure du récit-parabole qui n’ait pas reçu le beginment d’un décodage est le semeur lui-même qui a tout entier glissé dans la semence-parole. On aperçoit l’importance capitale de cette remarque: si une place reste vide dans l’espace décodé-transcodé du récit secondaire dans le discours explicatif, c’est celle-là même que tient celui qui parle ce discours, Jésus, qui s’ y désigne métaphoriquement par cette absent dans l’espace du texte….
No es del todo imposible que Marín tenga razón.

Después de todo, la interpretación de la parábola explica las diversas posiciones de escucha y lectura, como ha afirmado Delorme (5-23), pero la posición del hablante permanece implícita. Así, sólo se ilumina la mitad del proceso de comunicación, a saber, la parte relativa al destinatario; la parte complementaria relativa al remitente permanece oscura y no se revela. También se podría expresar de esta manera: la interpretación dada en 4:14-20 decodifica la historia de la parábola sobre la semilla y el suelo en el que cae para el lector, pero al permanecer en silencio sobre la figura del sembrador, la codifica en el al mismo tiempo para el lector un secreto que se refiere a la identidad del sembrador. Este secreto afecta al lector como un enigma que se le plantea para hacerle buscar la solución. Si puede encontrar esto en el nivel de significado denotativo o connotativo es una pregunta abierta todavía. Ambos son igualmente posibles.

2.1.2. Si continuamos sobre la base de esta información, parece que esta señal dentro de Marcos 4 se intensifica por una serie de otros conjuntos de señales, de modo que la repetición de estas señales hace que sea casi imposible para el lector no preocuparse por el enigmático calidad de la historia.

2.1.2.1. El primer conjunto de señales muestra el mismo fenómeno de repetición e intensificación. El «¡Escucha!» (4:3) al comienzo de la parábola tiene un paralelo con un final más elaborado y considerablemente más fuerte: “El que tiene oídos para oír, que oiga” (4:9). Dentro del relato Jesús llama a los oyentes, pero a nivel del Evangelio de Marcos estas palabras llaman al lector a prestar especial atención, lo que implica que posiblemente aquí se diga algo fuera de lo común que no es inmediatamente claro para el lector. Esto no es necesario, pero podría relacionarse con un segundo nivel de significados que aún no se ha revelado.

Pero hay más que repetición e intensificación. Los mismos elementos se repiten en 4:23–24, y se les da un énfasis especial nuevamente a través de «¡Escucha!» siendo ampliado a «Mirad lo que oís». La posición de este elemento textual está marcada por la inversión, pues en el primer caso la exhortación se pone como marco alrededor de la parábola de la semilla, mientras que en el segundo se sitúa en el centro y enmarcada entre los dichos de la lámpara y el medida de maíz.

2.1.2.2. En el segundo caso encontramos también un conjunto de señales caracterizadas por la repetición y la intensificación, pues la cita de Isaías (6,9-10) en Marcos 4,12 habla de personas que miran pero no ven, y de personas que oyen pero no entienden lo que oyen. Esto no se refiere a aquellos a quienes se les da el secreto, sino a aquellos a quienes todo les sucede en acertijos desconcertantes; se deja muy claro para el lector que hay formas de ver y oír que no conducen a la introspección y la comprensión. Este tema de oír sin entender se repite al final del capítulo de la parábola en 4:33-34, pero obtiene su significado completo solo después de un tercer conjunto de señales que deben discutirse primero.

2.1.2.3. El tercer conjunto de señales se encuentra en los dichos de 4:21–25 que se colocan entre la primera parábola de la simiente con su interpretación y las otras parábolas de la simiente. Lo que está oculto en la primera parábola y su interpretación se compara luego con la lámpara de aceite que no debe colocarse debajo de un celemín o de una cama, sino que por su propia naturaleza exige ser sacada y colocada sobre el candelabro (4:21) .

Si en primera instancia la historia oculta algo al lector, lo hace precisamente para revelarlo y sacarlo a la luz en segunda instancia. (En 4:22, el doble ἵνα indica que el ocultamiento es intencional). Por lo tanto, el lector tiene todas las razones para esperar que el secreto sea revelado.

Sin embargo, el texto aclara inmediatamente al lector que esta expectativa no se cumplirá automáticamente; la expectativa solo se realizará después de que el lector haya hecho un esfuerzo concentrado para escuchar con la mayor atención (4:23–24a).

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