El comienzo del evangelio de Tomás (Q) (Parte 2) – Estudio Bíblico

II

Robinson debe agregar el descargo de responsabilidad final debido a la presencia tanto de un incipit como de un subíndice titular en el Evangelio de Tomás, y porque el subíndice titular mismo, aunque transmitido en letras coptas, conserva el griego del texto griego antes de su traducción al copto. En este sentido también podemos notar la referencia casi idéntica al título (griego) de Tomás en Hipólito, Ref. 5.7.20, donde el autor se refiere a lo que se encuentra ἐν τῷ κατὰ Θωμᾶν ἐπιγραφομένῳ εὐαγγελίῳ, “en el Evangelio titulado Según Tomás”.

Por lo tanto, en el balance del presente estudio examinaremos la evidencia interna y externa perteneciente al comienzo del Evangelio de Tomás. Comenzaremos nuestro examen volviendo al íncipit y los dos primeros dichos de Tomás, y prestaremos especial atención al tema del gattung del texto. Porque el incipit especifica, con bastante precisión, “Estas son las palabras secretas que habló Jesús vivo”, y así designa el documento como una colección de dichos de Jesús, o, más exactamente, de “palabras secretas”.

2. La Evidencia Interna: La Apertura del Evangelio de Tomás

El comienzo del Evangelio de Tomás se conserva en dos versiones: la versión griega de P. Oxy. 654 y la versión copta (casi con certeza traducida de un original griego) que se encuentra en el Códice II de la biblioteca de Nag Hammadi. El íncipit y los dos primeros dichos conservados en estas dos versiones son notablemente similares en griego y copto, pero las pocas diferencias significativas indican que los textos representan dos recensiones distintas.
íncipit

ναει νε Νϣαϫε εθηπ ενταΙΣ ετονϩ ϫοου αυω αϥσϩαισου Νϭι διδυμοσ ιουδασ θωμασ
Estos son los dichos secretos que habló Jesús viviente y registró Dídimo Judas Tomás.
El incipit de Tomás define el texto como una colección de Νϣαϫε o λόγοι (“dichos”) de Jesús. Esta designación de gattung es confirmada por las varias apariciones de la palabra Νϣαϫε (“dichos” o “palabras”) en el cuerpo del texto (cf. dichos 1; 13:6; 13:8; 19:2; 38:1 ). El Evangelio de Tomás encuentra así su lugar genérico entre las primeras tradiciones cristianas, orales o escritas, frecuentemente descritas como logoi (p. ej., en los evangelios sinópticos, los Hechos de los Apóstoles, la Didaché, 1 Clemente—ver Robinson, 1971:85– 95) o logia (así Papías, que también emplea el término logoi) de Jesús. Para citar un ejemplo, Hechos 20:35 menciona μνημονεύειν τε τῶν λόγων τοῦ κυρίου Ἰησοῦ, “acordándose de las palabras del Señor Jesús”.

En el Evangelio de Tomás, el incipit emplea una serie de términos descriptivos para dar mayor especificación a los dichos de Jesús. Para empezar, los dichos del Evangelio de Tomás se identifican como dichos “secretos” u “ocultos”. Esta identificación de la cualidad esotérica de los dichos corresponde a declaraciones que enfatizan la revelación de lo que está oculto a lo largo del texto. Al decir 6:3-4 Jesús dice: “Porque nada hay oculto que no haya de ser revelado, y nada encubierto que quedará sin ser descubierto” (cf. también dichos 5, 17, 108).

Tal identificación de secreto u ocultamiento también se puede hacer en otros textos que afirman que los dichos de Jesús tienen una dimensión secreta u oculta. Así, Lucas 9:44 hace que Jesús exhorta a sus discípulos a escuchar τοὺς λόγους τούτους («estos dichos»), aunque de acuerdo con 9:45 τὸ ῥῆμα τοῦτο («este dicho») fue παρακε °λμένονον ἀπʼ αὐν («Hidden de ellos»).

Además, Lucas 24:44 hace que el Cristo resucitado declare: “Estas son mis palabras (λόγοι) que os hablé cuando aún estaba con vosotros”. El Cristo resucitado entonces “les abrió la mente” (24:45) para entender las Escrituras. Como es bien sabido en las discusiones académicas, Robinson ve una preocupación similar por los acertijos o dichos oscuros en el Evangelio de Marcos, donde Jesús habla a los extraños enigmáticamente, ἐν παραβολαῖς («en parábolas», Marcos 4:11) que se resuelven para los discípulos por medio de interpretaciones más profundas ya menudo alegóricas.

Cuando Jesús está solo (κατὰ μόνας, Marcos 4:10) con ellos, τὸ μυστήριον τῆς βασιλείας τοῦ θεοῦ (“el misterio del reino de Dios”, Marcos 4:11) se revela a los discípulos. Este proceso de revelación puede compararse bien, hermenéuticamente, con la interpretación de los dichos “secretos” u “ocultos” del Evangelio de Tomás.

El incipit de Tomás continúa su especificación indicando que los dichos secretos no son simplemente los de Jesús, sino los del “Jesús viviente” (ΙΣ ετονϩ, Ἰη (σοῦ)ς ὁ ζῶν). El uso de esta frase en la literatura cristiana primitiva sugiere que “el Jesús viviente” típicamente se refiere al Cristo espiritual y divino, quien debe ser asociado con la vida y la verdad y cuyos dichos adquieren así el carácter de sabiduría revelada.

Parece muy poco probable que la frase signifique referirse a algo como el Cristo resucitado (en, digamos, el sentido de Lucas). Por eso, en el Apocalipsis de Pedro (NHC VII, 3) el salvador dice a Pedro: “Aquel a quien ves sobre la cruz, alegre y riendo, es Jesús vivo (πετονϨ ΙΣ). Pero aquel en cuyas manos y pies clavan los clavos es la parte carnal, que es el sustituto que está siendo avergonzado, el que nació a su semejanza. Pero míralo a él ya mí” (81, 15-24).

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