El buen samaritano como metáfora (Parte 3) – Estudio Bíblico

III

El judío que estaba excesivamente orgulloso de su linaje y un chovinista acerca de su tradición no permitiría que un samaritano lo tocara, y mucho menos lo ministrara. Al ir de Galilea a Judea, cruzaría y volvería a cruzar el Jordán para evitar pasar por Samaria.

Por lo tanto, la parábola impone a sus oyentes la pregunta: ¿quién de vosotros se dejará servir por un samaritano? De manera general se puede responder: sólo aquellos que no tienen nada que perder al hacerlo.

Pero tenga en cuenta que a la víctima en la zanja solo se le da un papel pasivo en la historia. El permiso para ser servido por el samaritano es, pues, incapacidad para resistir. Dicho de otro modo, todos los que son verdaderamente víctimas, verdaderamente desheredados, no tienen más remedio que entregarse a la misericordia.

En la lectura tradicional de la parábola se ha borrado por completo el significado del samaritano: el samaritano no es un enemigo mortal, sino un buen hombre, modelo de conducta virtuosa. Además, los auditores ya no eran judíos sino goyim. Estas son solo dos razones por las que la parábola pronto perdió sus resonancias originales.
4.1 Para resumir: si el oyente, como judío, entiende lo que significa ser la víctima en la zanja, en esta historia, también entiende de qué se trata el reino.

Entender, en el contexto de la parábola, significa ser atraído a la narración como lo indica la narración, asumir el papel asignado por la narración. La parábola es, por tanto, también una invitación a comportarse como indica la historia: no sugiere que uno se comporte como un buen prójimo como el samaritano, sino que se convierta en víctima en la zanja ayudado por un enemigo. De hecho, la parábola como metáfora pretendía ser un permiso para entenderse a uno mismo. La metáfora es permiso porque le da a la realidad esa forma.

4.2 El significado de la parábola no puede ser más explícito porque no es literal: carece de aplicación específica.
La parábola no dicta el resultado: aunque se anima a los auditores, pueden ser atraídos a la historia como quieran. Eso se aplica tanto a los privilegiados religiosamente como a los desheredados religiosamente. Los términos de la historia, en otras palabras, no son literales. Todos están invitados a sonreír. Cualquiera puede pasar a la zanja.

El “significado” de la parábola es la forma en que los oyentes toman papeles en la historia y representan el drama. La respuesta variará de persona a persona y de vez en cuando. La parábola está perpetuamente inacabada. La historia continúa contándose a sí misma, para “contar” a sus oyentes.
Esa es una lectura parcial de la parábola entendida como metáfora.

5. Es posible, sin duda, reflexionar sobre la parábola como metáfora y tratar de elevar su significado al lenguaje discursivo. Sin embargo, hacerlo sobre la base de la “lectura” que acabamos de dar da como resultado una interpretación abstracta bastante diferente del significado tradicional asignado a la parábola. Por un lado, el lenguaje abstracto debe conservar algo de la calidad metafórica de la parábola misma.

Con estas precauciones en mente, la parábola del Buen Samaritano puede reducirse a dos proposiciones:

(1). En el Reino de Dios, la misericordia llega sólo a aquellos que no tienen derecho a esperarla y que no pueden resistirla cuando llega.

(2). La misericordia viene siempre del lado del que no se espera ni se puede esperar.
Un teólogo emprendedor podría intentar reducir estas dos oraciones a una:

(1). En el Reino la misericordia es siempre una sorpresa.

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