Dios omnisciente y composición infalible en la Biblia hebrea (Parte 1) – Estudio Bíblico

I

Qué curioso es que el libro de Meir Sternberg sobre literatura ideológica, The Poetics of Biblical Narrative: Ideological Literature and the Drama of Reading1, tenga tan poco que decir sobre los lectores ideológicos. Sin embargo, quizás no sea tan extraño. Sternberg lee para cerrar, es decir, para encontrar el significado correcto. El significado, desde este punto de vista, está ubicado en el texto, lo que quiere decir que el significado es esencialmente una cuestión de competencia lectora.

La ideología del texto es estable y recuperable, la ideología del lector variable y descartable. Inculque competencia (aprendiendo ‘la poética’), evite la ideología, y tomará el ‘punto de todo’ (p. 51; ‘el punto moral’ [p. 234]); en resumen, leerás bien la Biblia.

Composición infalible

Para que no subestimemos su determinación sobre el tema, Sternberg formula una hipótesis de «composición infalible». “Por composición infalible”, escribe, “me refiero a que la Biblia es difícil de leer, fácil de subleer y de sobreleer e incluso de leer mal, pero virtualmente imposible, por así decirlo, de contraleer” (p. 50).
Los términos empleados (‘difícil’, ‘fácil’, ‘por debajo’, ‘por encima’, ‘equivocado’ y ‘contra-‘) son, por supuesto, todos relativos al punto de vista de Sternberg.

Pero teniendo una idea de cuál podría ser su posición en algunos temas, puedo responder fácilmente que, incluso en las últimas décadas, las lecturas que tendrían que contar como contralecturas desde su (y mi) punto de vista han sido perpetradas por ‘creyentes’ (para use el término de Sternberg) en nombre de la lectura fiel de las Escrituras. Uno solo tiene que pensar, por ejemplo, en la Iglesia Reformada Holandesa en Sudáfrica sobre la cuestión del apartheid.

No hay necesidad de presionar el punto. Me parece tan obvio; pues la historia de la interpretación bíblica está llena de lo que para mí son contralecturas, algunas de ellas devastadoramente perversas. Permítanme simplemente reiterar que ‘bajo’, ‘sobre’, ‘mal-‘ y ‘contra-‘ son términos relativos, todos asumiendo una norma, un punto de referencia, en resumen, una ‘lectura correcta’. Y en contexto, es difícil evitar concluir que esta norma debe ser la lectura simple y llana de Sternberg o un conjunto de lecturas en una tradición dogmática (creyente) de la que él es un apologista.

Reconociendo a regañadientes que hay y ha habido ‘controversias entre exégetas, que se extienden a todos los temas posibles’ (págs. 50-51), intenta salvar su punto culpando a esos lectores, judíos y cristianos, de muchas lecturas erróneas. líderes religiosos incluidos—que han leído con ‘ignorancia, obstinación, preconcepción, tendenciosidad’—que han leído, en una palabra, con ‘mala fe’. La observación conduce inexorablemente a la lectura de “buena fe”, la fe de Sternberg.

Pero hablar de eso más allá sería tal vez tocarse un poco de cerca. Así que el argumento se desvía de la fe del lector, es decir, de la ideología del lector. No, la fe, desde este punto de vista, tiene poco que ver con el asunto de la lectura bíblica. Para Sternberg (al menos en la superficie de su texto), la lectura correcta es esencialmente una cuestión de poética: observe cuidadosamente la mecánica de la composición y todo irá bien. Esto se debe a que, en su opinión, la ideología bíblica y la poética bíblica se reflejan entre sí. La poética bíblica es una invención única y sublime para propagar una ideología única y sublime.1

Para que esta visión especular de la relación entre ideología y poética funcione en la narrativa bíblica, dada una noción absolutista de la verdad ideológica (la visión de Sternberg: ¿’toda la verdad’?), es necesario tener un narrador que sea a la vez ‘confiable’ ( en el sentido literario1) y ‘omnisciente’. En este caso, el narrador tiene una visión clara y una comprensión de todo en el mundo de la historia, ve y sabe todo. En consecuencia, todo es, en principio, perceptible por el lector perspicaz.

Las dos nociones de confiabilidad y omnisciencia son, por lo tanto, asociadas cercanas. Además, el narrador confiable asume la autoridad divina, ya que la omnisciencia del narrador está en última instancia en simetría con la de Dios, porque Dios también es omnisciente según este relato de la poética bíblica. De hecho, realmente debería ser el caso que el narrador de Sternberg también sea omnipotente, pero este es un punto en el que el valor teológico del teórico falla y retrocede: Dios es el hacedor, y el narrador solo el moldeador, de la trama.

Mi punto de vista de lo que sucede cuando leemos la narración bíblica es bastante diferente. El significado, en mi opinión, se encuentra (al menos) entre el texto y el intérprete.2 Afirmar esta posición es afirmar que los lectores pueden leer válidamente un texto de manera diferente. Los lectores realmente son en gran parte responsables de crear el significado de un texto. También es afirmar que ninguna cantidad de «competencia» resolverá cuestiones sustanciales de significado.

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