Diferencia y divinidad (Parte 1) – Estudio Bíblico

I

Resumen

El ensayo es un intento de pensar la diferencia desde un triple punto de vista en historia, antropología y filosofía.
A partir de la historia, uno puede entender la divinidad ya sea como un orden que restringe el caos o como un caos que amenaza el orden (Eliade, Smith), pero, en ambos casos, la divinidad se enfrenta a la humanidad como alteridad, por lo que la diferencia gobierna por igual sobre ambas opciones.

Desde la antropología, uno ve una religión como el judaísmo que, desde la comida hasta el sacrificio, desde la tierra hasta el mundo y desde la humanidad hasta la divinidad, dibuja líneas nítidas de separación y finalización, y luego vive dentro de tales distinciones. También se puede ver lo contrario en una religión como el cristianismo, que acepta el híbrido, la mezcla, la conjunción, y proclama a Cristo precisamente como Dios-Hombre (Douglas, Soler). Pero, una vez más, ya sea por separación o por combinación, por censura o por celebración, es la distinción la que gobierna, es la diferencia la que domina.

Desde la filosofía, es la différance de Jacques Derrida, la que, más allá del concepto y de la palabra, más allá del oído y casi más allá de la comprensión, plantea más explícitamente el problema vislumbrado en el horizonte de los dos casos precedentes. ¿Cómo se podría meditar sobre la divinidad o la trascendencia, más allá de la ontoteología y dentro de una temática de la différance, incluso, presumiblemente, deconstruyendo a Derrida?
al nombrar hemos dividido lo que
anular el nombre no se dividirá:
(Amons: 26)

Este artículo es un ensayo en el sentido tanto de artículo como de intento. Su punto ha sido articulado más explícitamente por Jacques Derrida cuando, en una discusión con Jean Hyppolite en el simposio de la Universidad Johns Hopkins de 1966 sobre “Los lenguajes de la crítica y las ciencias del hombre”, admitió con respecto a su propio pensamiento que “Estoy intentando, precisamente, ponerme en un punto para que ya no sepa hacia dónde voy” (Derrida, 1970:267). Tal punto, ya sea como ubicación o como significado, puede parecer demasiado solitario para ser habitado por humanos, pero un poco antes, en 1964, Derrida había escrito sobre él como una comunidad (Derrida, 1978: 80):

Una comunidad de la pregunta, por tanto, dentro de ese frágil momento en que la pregunta no está aún lo suficientemente determinada para que la hipocresía de una respuesta ya se haya iniciado bajo la máscara de la pregunta, y aún no lo suficientemente determinada para que su voz ya haya sido articulado fraudulentamente dentro de la sintaxis misma de la pregunta.

Una comunidad de decisión, de iniciativa, de absoluta inicialidad, pero también una comunidad amenazada, en la que la pregunta aún no ha encontrado el lenguaje que ha decidido buscar, aún no está segura de su propia posibilidad dentro de la comunidad. La comunidad de la pregunta sobre la posibilidad de la pregunta.

1. Primer ensayo: orden y caos

Este primer ensayo indagará la cuestión en el ámbito de la historia. Mi base es el artículo sobre el trabajo de Mircea Eliade presentado por Jonathan Z. Smith en la Universidad de Notre Dame, el 12 de febrero de 1971.
Smith propone cuatro “consultas y aplicaciones” al corpus de Eliade. Todos ellos están formulados como dicotomías o diferencias y cada uno se ocupa de la distinción básica de lo sagrado y lo profano.
La primera pregunta se refiere al caos y el orden: «¿Se entiende mejor el caos como el equivalente de lo profano, lo que es neutral, lo que es irreal?» Y responde: “Es eso que se opone al orden, que amenaza los paradigmas y arquetipos pero que, sin embargo, es profundamente necesario para la creatividad misma que es característica de la noción de lo Sagrado de Eliade” (Smith: 143).

La segunda pregunta se refiere al centro y la periferia: «¿No se ha discutido demasiado estrechamente la categoría iluminadora del ‘Centro’ en términos literales de simbolismo geográfico?» Y responde: “Me preguntaría si se puede prestar tanta atención al ‘Centro’ sin prestar igual atención a la periferia” (Smith: 144, 145). La tercera pregunta compara ensayo e inversión: «¿Todos los primeros tiempos míticos son paradigmáticos y deben repetirse ritualmente…? Responde: «En otras tradiciones hay mitologías aún más atrevidas en las que toda la creación, el mundo, los dioses y los las estructuras de orden y destino se juzgan como malas o limitantes y deben ser revertidas o destruidas «(Smith: 145). Finalmente, la cuarta pregunta se refiere al arcaicismo y el modernismo (Smith: 146-47):

¿El material que Eliade describe está mejor organizado bajo las categorías «arcaico» y «moderno»? Si uno acepta el dualismo básico recién descrito entre aquellas culturas que afirman las estructuras del cosmos y buscan repetirlas; que afirman la necesidad de habitar dentro de un mundo limitado en el que cada ser tiene su lugar y su papel asignado, una visión centrífuga del mundo que enfatiza la importancia del ‘Centro’ frente a aquellas culturas que expresan una visión más ‘abierta’ visión en la que las categorías de rebelión y libertad están en primer plano; en el que los seres están llamados a desafiar sus límites, romperlos o crear nuevas posibilidades, un mundo centrípeto que enfatiza la importancia de la periferia y la trascendencia… para sugerir la periodización implícita en los términos «arcaico» y «moderno»?

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