De un tono apocalíptico adoptado recientemente en la filosofía (Parte 19) – Estudio Bíblico

XIX

El acontecimiento de este “Ven” precede y llama al acontecimiento. Sería ​​aquello a partir de lo cual hay cualquier evento, el venir, el por venir del evento que no puede ser pensado bajo la categoría dada de evento. “Ven” me pareció apelar al “lugar” (pero aquí la palabra lugar se vuelve demasiado enigmática), digamos al lugar, al tiempo, y al advenimiento de lo que en la apocalíptica en general ya no se dejaba contenida simplemente en la filosofía, la metafísica, la onto-escato-teología, y en todas las lecturas que han propuesto de lo apocalíptico.

No puedo reconstituir lo que he intentado al respecto en un medio de resonancias, respuestas, citas referidas, diferidas, referidas a algunos textos de Blanchot, de Levinas, de Heidegger, u otros como se podría arriesgar en este hoy con el último libro de Marguerite Duras, L’Homme assis dans le couloir.

Lo que entonces había tratado de exponer a un análisis que sería, entre otras cosas, una espectrografía del tono y del cambio de tono, por definición no podía mantenerse a disposición o limitarse a la medida, al tempo. , de demostración filosófica, pedagógica o didáctica.

Primero, porque “Ven”, abriendo la escena, no podía convertirse en objeto, en tema, en representación, ni siquiera en cita en el sentido corriente, y subsumible en una categoría, ya sea la del advenimiento o la del acontecimiento. Por lo mismo, que se pliega difícilmente a la retórica que exige el escenario actual. Sin embargo, trato de extraer de esto, a riesgo de deformarlo esencialmente, la función demostrativa en términos de discurso filosófico. Diré esto entonces mientras acelero el movimiento.

Venido del otro ya como respuesta y cita sin pasado presente, “Ven” no admite citación metalingüística, incluso cuando él mismo es una narración, un récit, ya, un recitativo y un canto cuya singularidad permanece a la vez absoluta y absolutamente divisible . “Ven” ya no se deja detener y examinar [arraisonner] por una onto-teo-escatología que por una lógica del acontecimiento, por nuevos que sean y por políticas que anuncien. En este tono afirmativo, en esta tonalidad afirmativa, “Ven” no marca en sí mismo, en uno mismo, ni un deseo ni una orden, ni una oración ni una demanda.

Más precisamente, las categorías gramaticales, lingüísticas o semánticas a partir de las cuales se determinaría así el “Ven” son atravesadas por el “Ven”. Ese “Ven”, no sé lo que es, no porque ceda al oscurantismo, sino porque la pregunta “qué es” pertenece a un espacio (ontología, y de ella los aprendizajes de la gramática, la lingüística, la semántica, etc. ) abierto por un “venir” venido del otro.

Entre todos los «ven», la diferencia no es gramatical, lingüística, semántica o pragmática, y así nos permite decir: es un imperativo; es una modalidad yusiva; es un performativo de tal o cual tipo; y así sucesivamente, la diferencia es tonal. Y no sé si una diferencia tonal se presta finalmente a todas estas preguntas. Trate de decir “ven”, se puede decir en todos los tonos, en todas las tonalidades. Y tú verás, tú oirás, el otro oirá primero, quizás o no. Es un gesto en la palabra [parole], ese gesto que no se deja recuperar [reprendre] por el análisis —ya sea lingüístico, semántico o retórico— de una palabra.

“Ven” [Viens] más allá del ser—esto viene del más allá del ser y llama más allá del ser, comprometiéndose, comenzando tal vez en el lugar donde Ereignis (esto ya no se puede traducir por acontecimiento) y Enteignis despliegan el movimiento de la apropiación. Si el “Ven” no pretende conducir o conducir, si es sin duda anagógico, siempre puede ser conducido más alto que él mismo, anagógicamente, hacia la violencia conductora, hacia la “ducción” autoritaria.

Este riesgo es inevitable; amenaza el tono como su doble. E incluso en la confesión de la seducción: al decir con cierto tono: “Estoy en el acto de seducirte”, no suspendo, puedo incluso aumentar, el poder de seducción. Quizás a Heidegger no le había gustado esta conjugación aparentemente personal o esta declinación del por venir. Pero no son personales, subjetivos o egológicos.

“Ven” no puede provenir de una voz o al menos no de un tono que signifique “yo” o “sí mismo”, un fulano (masculino o femenino) en mi “determinación”. “Ven” no se dirige, no apela, a una identidad determinable de antemano. Es una deriva [une dérive] inderivable de la identidad de una determinación.

“Ven” es solo derivable, absolutamente derivable, pero solo del otro, de nada que pueda ser un origen o una identidad verificable, decidible, presentable, apropiable, de nada que no pueda ser ya derivable y alcanzable sin “rive”. ” [sin la fuente, manantial, rivus].

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