De un tono apocalíptico adoptado recientemente en la filosofía (Parte 15) – Estudio Bíblico

XV

“Quién viene” (o erkhomenos) se traduce aquí en latín por venturus est.
Jesús dice: “Mantente despierto”. Pero sería necesario, quizás más allá o antes de una narratología, desarrollan un análisis detallado de la voz narrativa en el Apocalipsis. Utilizo la expresión “voz narrativa” para distinguirla, como hace Blanchot, de la voz narratoria, la del sujeto identificable, del narrador o emisor determinable en un relato, un récit.

Además, creo que todos los “come” que resuenan en los récits o nonrécits de Blanchot también resuenan, armonizan con cierto “come” (erkhou, veni) del Apocalipsis joánico. Jesús dice: “Estén despiertos… vendré a ustedes”. Pero Juan habla citando a Jesús, o más bien escribe, parece transcribir lo que dice contando que cita a Jesús en el momento en que Jesús le dicta escribir —lo que hace ahora mismo y que leemos— a las siete comunidades, a las siete iglesias de Asia.

Se cita a Jesús como el que dicta sin escribir y dice: “escribe, grapson”. Pero incluso antes de que Juan escriba mientras dice en ese momento que escribe, escucha como un dictado la gran voz de Jesús:
Yo, Yohanân…

Estoy en la isla llamada Patmos
por la palabra de Elohim y el testimonio de Yéshoua’.
Estoy en la respiración (en pneumati, in spiritu), en el
día del Adón.
Oigo detrás de mí una gran voz,
como la de un shofar. Dice:
«Lo que ves, escríbelo en un libro,
envíalo a las siete comunidades…”.
[1:9–11]
Escribe y envía, dicta la voz que viene de atrás, en la espalda de Juan, como un shofar, grapson eis biblion kai pempson, scribe in libro: et mitte septem Ecclesiis. Veo y oigo, en tiempo presente en la traducción de Chouraqui, están en pasado en el griego y el latín, lo que no simplifica las premisas de un análisis. inspiración actual, había un preámbulo sin narración, o en todo caso narratoria, voz, una especie de título o médaille venido de no se sabe de dónde y ligando la revelación apocalíptica al envío o envío.

Estas líneas son propiamente el apocalipsis como envío, como envoi, y del envoi como apocalipsis, el apocalipsis que se envía a sí mismo:
Revelación de Yéshoua el mesías (Apokalupsis Jesou Khristou):
Elohim se lo da
para mostrar a sus siervos
lo que vendrá pronto.
Lo indica enviándolo a través de su mensajero.
(esemanen aposteilas dia tou angelou autou,
significavit, mitones por angelum suum)
a su sirviente Yohanân.
[1:1–2]

Entonces Juan es el que ya recibe algunas cartas [correo] por medio todavía de un portador que es un ángel, un mensajero puro. Y Juan transmite un mensaje ya transmitido, da testimonio de un testimonio que será aún el de otro testimonio, el de Jesús; tantos envíos, tantos envíos, tantas voces, y esto pone a tanta gente en la línea telefónica.

Lo indica enviándolo a través de su mensajero.
a su sirviente Yohanân.
Relata el testimonio de la palabra de Elohim
y el testimonio de Yéshoua’ el Mesías,
todo lo que ha visto.
Las alegrías del lector, del oyente
de las palabras de la inspiración
para los que guardan lo que está escrito:
si, el tiempo se acerca, o gar kairos engus, tempus
enim prope est.
[1:2–3]

Si, de manera muy insuficiente y apenas preliminar, llamo su atención sobre el envío narrativo, el entrelazamiento de voces y envois en la escritura dictada o dirigida, lo hago porque sin duda habría que prestarle mucha atención. esta reducción diferencial o desmultiplicación de voces y tonos que tal vez los divide más allá de una pluralidad distinta y calculable —al menos en la hipótesis o el programa de una desmitificación intratable del tono apocalíptico, al estilo de los Lumières o de una Aufklärung de los siglo XX, y si quisiéramos desenmascarar las artimañas, las trampas, los engaños, las seducciones, las máquinas de guerra y el placer, en fin, todos los intereses del tono apocalíptico actual.

No sabemos (pues ya no es del orden del saber) a quién vuelve el envío apocalíptico; salta de un lugar de emisión a otro (y siempre se determina un lugar a partir de la supuesta emisión); va de un destino, de un nombre y de un tono al otro; siempre se refiere al nombre y al tono del otro que está ahí pero como habiendo estado ahí y antes de venir, ya no estando o todavía no ahí en el presente del récit.

Y no hay certeza de que el hombre sea la central de estas líneas telefónicas o la terminal de esta computadora sin fin. Ya no sabemos muy bien quién presta su voz y su tono al otro en el Apocalipsis; ya no sabemos muy bien quién dirige qué a quién.

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